Así fueron sucediéndose, como en la película infantil "una serie de eventos desafortunados".
"Primero, nos suspendieron el vuelo de retorno a Mendoza, que era el 21 de marzo. Lo pasaron para el 30. Cuando la cuarentena se extendió, lo suspendieron, y volvieron a dar noticias el el 1° de abril, diciendo que probablemente voláramos el 14 de abril, fecha en la que supuestamente terminaba la cuarentena peruana. Pero después Latam decidió que no volaría en todo el mes de abril, y recién nos reservó pasajes para el 1 de mayo". "Primero, nos suspendieron el vuelo de retorno a Mendoza, que era el 21 de marzo. Lo pasaron para el 30. Cuando la cuarentena se extendió, lo suspendieron, y volvieron a dar noticias el el 1° de abril, diciendo que probablemente voláramos el 14 de abril, fecha en la que supuestamente terminaba la cuarentena peruana. Pero después Latam decidió que no volaría en todo el mes de abril, y recién nos reservó pasajes para el 1 de mayo".
Esos fueron los pasos que dieron por su propia cuenta, manejándose con el vuelo comercial que habían contratado para sus vacaciones.
Sin embargo, en paralelo, comenzaron las negociaciones de repatriación, con la Embajada Argentina en Perú. Esta etapa fue más angustiante, debido a la falta de información.
"Por nuestro trabajo -Carolina también es periodista- conocemos a mucha gente, y comenzamos a llamar a todos los que creíamos que podían ayudarnos. Personalmente, llegué a hablar con el embajador de Argentina en Perú, Carlos Chacho Álvarez, y con el gobernador de Mendoza, Rodolfo Suarez, varias veces. No tenían nada en firme para decirnos. Fueron unos días terribles, al menos hasta fines de marzo. Yo llegué a pensar que no volveríamos nunca más a casa". "Por nuestro trabajo -Carolina también es periodista- conocemos a mucha gente, y comenzamos a llamar a todos los que creíamos que podían ayudarnos. Personalmente, llegué a hablar con el embajador de Argentina en Perú, Carlos Chacho Álvarez, y con el gobernador de Mendoza, Rodolfo Suarez, varias veces. No tenían nada en firme para decirnos. Fueron unos días terribles, al menos hasta fines de marzo. Yo llegué a pensar que no volveríamos nunca más a casa".
Los desencuentros comenzaron también por la vía diplomática. Si bien había preocupación por parte del gobierno argentino por los varados al norte de Perú, ya que no hay servicios médicos que puedan contener un posible incremento de la demanda, el agravamiento de la crisis sanitaria en Ecuador cambió los planes.
Técnicamente, iban a poner un vuelo de retorno que partiría desde el norte peruano los primeros días de abril, pero el 6 las autoridades argentinas decidieron darle otro destino.
Lo que ocurrió fue que se puso el foco en repatriar a los varados en Ecuador y los argentinos en Perú entraron nuevamente en un compás de espera.
Así, recién el 14 de abril recibieron buenas noticias: estaban en la lista de un nuevo vuelo de repatrio. Con el correr de los días, la novedad se fue confirmando, hasta convertirse en casi una realidad: el domingo 19 de abril, partirán desde la ciudad capital de la región de Piura -donde se encuentra Máncora- los 207 argentinos que aún permanecen en esa cadena de playas. Diez de ellos son mendocinos, entre los que se encuentra esta familia.
El miedo cerca
Juan Carlos cuenta que lo peor de la espera, fue el miedo a la enfermedad y el consumo de información, a diario, les daba cada vez más indicios de que la crisis se estaba agravando.
"No he podido dormir pensando en qué pasaría si nos enfermábamos. En Máncora ya hay una persona contagiada de coronavirus, y los servicios sanitarios son muy precarios" "No he podido dormir pensando en qué pasaría si nos enfermábamos. En Máncora ya hay una persona contagiada de coronavirus, y los servicios sanitarios son muy precarios"
Juan Carlos Albornoz
Dice que nunca sintió la desesperación como en este tiempo. Una noche, luego de escuchar el programa que el periodista peruano Jaime Bayly hace desde Miami, apagó el televisor, tomó su teléfono y le envió un mensaje a Chacho Álvarez: "Por favor, sáquennos de aquí".
Judith Rojas y Manuel Zalazar, los dueños del hostel donde vive la familia de mendocinos desde el 9 de marzo.
"Fue el momento en el que peor estuve, lo que escuchábamos en las noticias era desesperante. Creo que voy a pasar mucho tiempo escuchando estas noticias en mi cabeza, como también la voz del presidente de Perú, Martín Vizcarra, que habla todos los días en los medios y cada vez da un panorama más desolador" "Fue el momento en el que peor estuve, lo que escuchábamos en las noticias era desesperante. Creo que voy a pasar mucho tiempo escuchando estas noticias en mi cabeza, como también la voz del presidente de Perú, Martín Vizcarra, que habla todos los días en los medios y cada vez da un panorama más desolador"
Juan Carlos Albornoz
Lo aprendido
Si bien asegura que por ahora, no piensa en regresar a ese sitio donde fortuitamente les tocó, a él y a su familia, transitar el aislamiento por la pandemia, sí siente una inmensa gratitud por el trato que recibieron de la gente que los alojó en Máncora.
"Estaremos eternamente agradecidos a Judith Rojas y Manuel Zalalar, quienes nos trataron como a su propia familia" "Estaremos eternamente agradecidos a Judith Rojas y Manuel Zalalar, quienes nos trataron como a su propia familia"
Juan Carlos Albornoz
Estas dos personas, los dueños del hostel Puerto Bamboo donde quedaron los Albornoz - Baroffio, les permitió pasar allí el tiempo que fuera necesario para regresar a su casa, aunque el hostel está cerrado desde el comienzo de la cuarentena.
Hubo gestos nobles de otras personas, como la dueña de un pequeño mercadito que le facilitó algunos útiles escolares de su hijo para que Valentina hiciera las tareas que le enviaban desde su escuela.
También se acercaron a los argentinos que estaban pasando por una situación similar, repentinamente se sintieron hermanados con ellos, a tal punto de crear un grupo de WhatsApp al que denominaron "Argentinos en Máncora", para tenerse al tanto de las novedades, y contenerse entre ellos.
Toda esta película extraña, poblada de personajes que se volvieron cotidianos, ahora parece ir desvaneciéndose, conforme se hace visible el viaje de retorno. Sin embargo, tanto Juan Carlos como Carolina y la pequeña Valen, saben que siempre recordarán este mes y medio que les cambió, literalmente, la vida.