Anochecer de viernes. A lo lejos, un bocinazo se pierde en la desolada Emilio Civit. Café compartido. Jaime Correas (63) habla de su nuevo libro, Roberto Juarroz: la palabra necesaria. Creación y realidad en la Poesía Vertical, con la pasión y la energía que lo distinguen y que lo llevaron a publicar, en tiempo récord, este ensayo sobre la obra del "poeta del otro lado de las cosas". Con Juarroz vivieron una amistad llena de palabras y de silencios, de viajes y de poemas, de cartas y conversaciones por teléfono fijo (eran otros tiempos). Y de admiración.
Con un libro, Jaime Correas rescata del olvido a Roberto Juarroz, el poeta "del otro lado de las cosas"
Jaime Correas, escritor, miembro de la Academia de Letras y periodista, habla de Roberto Juarroz: la palabra necesaria, obra íntima que revalida su mirada juvenil sobre el autor de Poesía Vertical, amigo suyo en los '80 y '90
"Hace 2 meses, este libro -editado por Libros de Piedra Infinita, de la mano de Fernando G.Toledo- no había sido siquiera pensado", confiesa Correas, escritor, periodista, ex director de escuelas de Mendoza y miembro de la Academia Argentina de Letras desde 2021.
El retrato de Roberto Juarroz y cómo se gestó la obra de Jaime Correas
Destaca el autor uno de los tantos hitos de la publicación que el sábado 6 de diciembre -justo para su cumpleaños- a las 19.30 presentarán Andrés Gabrielli y Toledo en el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel (Emilio Civit 348, Ciudad): la foto de tapa fue obra de Daniel Mordzinski, fotógrafo de escritores por excelencia.
Correas accedió a tan íntimo retrato de Roberto Juarroz captado en su casa de Tomás Guido 135, en Temperley (Buenos Aires), gracias a la gestión de otro amigo que le dio la literatura: el autor colombiano Héctor Abad Faciolince, protagonista de Los falsificadores de Borges, historia real pero de novela que el mendocino publicó en 2011. "Si es para Juarroz, lo que quieras porque amo a Juarroz y su poesía, me contestó Mordzinski. Y así tuvimos la tapa".
La tesis "no académica" de 1986 que se convirtió en un libro
-El texto base del libro es mi seminario de licenciatura de la facultad.; lo escribí cuando tenía 25 años, en 1986. Y está publicado sin haberle tocado ni una coma. Y lo cuento en el prólogo: los únicos que lo habían leído habían sido el director de tesis, Adolfo Ruiz Díaz, mi profesor, y el propio Juarroz.
-¿Cómo lo recibió el poeta?
-Hace 39 años no existía internet. Roberto Juarroz me llamó por teléfono para decirme que le había gustado; lo atendí en mi casa porque sabíamos los horarios en los cuales podíamos hablar.
-¿Cómo seguiste reuniendo los materiales del libro?
-Al gran poeta Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras, le pedí el prólogo, que también invito a que lean. Y después conté, sobre todo, con la complicidad del Fernando Toledo, que hizo un trabajo amoroso alrededor de los detalles y de las cosas de la edición. También yo hice un prólogo para explicar toda esta situación. Ahí está el texto de mi tesis, te insisto, sin haberle ni una coma. Después, dos apéndices del seminario original y agregué 4 poemas inéditos de Juarroz.
-¿Absolutamente desconocidos?
-En el libro explico de dónde salieron: me los dio Juarroz en su momento; me dio como 30 poemas, y 4 quedaron inéditos hasta ahora. Además, tengo una carta de él donde él me autoriza a publicarlos y me dice hacé lo que quieras, porque en aquella época yo iba a hacer una edición, que quedó en apuntes.
Poemas, cartas y reuniones: Correas, Juarroz y el culto a la palabra
La obra de Jaime Correas Roberto Juarroz: la palabra necesaria. Creación y realidad en la Poesía Vertical incluye más poemas y más cartas: del historiador Luis Alberto Romero, de su padre José Luis Romero, del propio Juarroz, de Jorge Enrique Ramponi, "el gran poeta de Piedra Infinita", enfatiza el autor.
Además, una entrevista a Juarroz que Correas publicó en la revista Primera Fila bajo el título Roberto Juarroz. La palabra vive: "Fue hecha en el departamento donde vivíamos con la Adriana (Micale) -su esposa e historiadora- cuando recién nos habíamos casado. Juarroz comió con nosotros ahí una noche en 1992, recuerdo que estaban Pedro Straniero y Patricia Rodón. Una anécdota genial: la Patricia Rodón le dijo a Juarroz en un determinado momento, usted es el Luca Prodan de la poesía. Yo creo que el poeta ni sabía quién era Luca Prodan. (Risas)
-La foto de la tapa de tu libro muestra a un Juarroz casi descubierto en la intimidad...
-De esa foto también se van a enterar en el texto. Tiene un 135 en la puerta, a la cual se asoma desde una mira. Esa era la dirección de Juarroz en Temperley. En la calle Tomás Guido. Yo estuve en esa casa, una noche él me invitó a comer con él y con Laura Cerrato, su mujer. Cerrato con C- advierte Correas con la precisión del escritor y del periodista que minimiza el riesgo de error propio pero también ajeno.
-Tuviste una relación de amistad con Juarroz...
-Su casa era el lugar adonde yo le escribía y desde donde recibía cartas o de él o de su mujer. Nos conocimos en San Juan en 1984 cuando yo era estudiante de Letras y con otros estudiantes fuimos al Congreso de Literatura Argentina porque estarían Jorge Luis Borges y Juarroz. Después, durante todos esos años, hasta que él falleció en 1995, cada libro que sacaba me lo mandaba. Yo le enviaba mis cosas, tuvimos una relación y bueno, de hecho, tuve la suerte y la dicha de que él leyó mi trabajo, que fue mi seminario de licenciatura en la facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.
-Ese ida y vuelta tan rico y particular a través del tiempo ¿fue motivo para que lo eligieras para tu obra literaria?
-Mirá, yo cursé el seminario sobre el realismo en la literatura con Ruiz Díaz, que era muy lector de Juarroz, y una idea que obsesionaba a Juarroz era la idea de la realidad. Es más, él dijo, y está todo citado ahí, en el libro, la poesía es el mayor realismo posible. Y explica por qué.
-¿Cómo es Juarroz, el poeta, y qué representa?
-Es un poeta muy particular. Creo que hay 2 poetas en español en el siglo XX -acaso 3- que reflexionan, además de escribir poesía; reflexionan sobre el hacer poesía: Octavio Paz y él. El mexicano y Nobel de Literatura de 1990 con El arco y la lira, con Los hijos del limo, con Las peras del olmo, pero sobre todo con El arco y la lira. Y Juarroz con un libro que se llama Poesía y realidad.
Toda la poesía de Juarroz se llama Poesía Vertical: Primera Poesía Vertical, Segunda Poesía Vertical y así hasta la 16ª Poesía Vertical.
A 100 años del nacimiento del poeta "del otro lado de las cosas"
Este año se cumplen 100 del nacimiento del "poeta del otro lado de las cosas" y 30 de su partida, lo que no significó el final de la circulación de su obra.
"La esposa -detalla Correas- publicó un libro póstumo y después yo descubrí, en Francia, que había otro libro más. Una edición bilingüe de su último libro, que nunca salió en la Argentina. Era en francés y en español. Entonces, revisé y conseguí muy trabajosamente esa edición a través de mi hija Paloma, que vive en Australia, y de una amiga suya, que vivía en Francia. Cuando el libro me llegó a Mendoza, descubrí que, de todos los poemas que Juarroz me había mandado, 4 nunca habían sido editados. Así, empecé a fantasear: publiqué, en octubre, una nota en La Nación (Roberto Juarroz, el misterio de lo real) y comencé este proceso que hoy ya es un libro".
El escritor Jaime Correas revela que nunca relee lo que ha escrito alguna vez pero que haberlo hecho con la entrevista a Juarroz en la revista Primera Fila fue una saludable excepción, porque se decidió a incluirla en el libro. Otra auspiciosa relectura de material propio es una entrevista que le hizo al peruano Mario Vargas Llosa en Madrid.
-¿Por qué volviste sobre aquel encuentro con el Nobel de Literatura 2010?
-Porque acabo de entregar un capítulo de un libro que hará la Real Academia Española en homenaje a Vargas Llosa. Desde la Academia Argentina de Letras nos invitaron a todos los miembros y contestamos que sí.
-Este proceso, finalmente corporizado en el libro sobre Juarroz, tiene mucho de lo detectivesco aplicado a la construcción de Los falsificadores de Borges. Por la búsqueda y hallazgo de documentación y de poemas y los contactos con colaboradores a larga distancia... ¿Es tu forma de construir literatura?
-Tiene todo que ver, porque yo creo que la realidad y la ficción se entrelazan. En eso me gusta mucho la idea de Vargas Llosa, de que la realidad y la ficción se retroalimentan mutuamente y que hay un trabajo de la ficción sobre la realidad y de la realidad sobre la ficción en la cual ambas dejan de ser tales. Todas las cosas que yo he escrito en diferentes formatos giran alrededor de eso.
-Sin embargo, esto de Juarroz rezuma una intimidad profunda y superlativa...
-Este libro tiene ese núcleo para mí muy caro. Muy, muy íntimo, por ese texto de 1986. Esa experiencia es intocable. Tocarla no tenía sentido y así está bien. Además, sentía que esa tesis hubiera sido imposible con otro profesor que no fuera Ruiz Díaz. Tiene un formato no académico, no de tesis universitaria. Y a Juarroz le había gustado al punto de decirme, bueno, tomá, además te doy todos estos poemas; y me mandó una carta donde me decía, usá lo que quieras, descarta, incluí.
-¿Por qué el título Roberto Juarroz: la palabra necesaria?
-El título del libro lo encontró, como siempre sucede con los buenos editores, el Fernando Toledo. Mirá, para mí, el título es ése, me dijo, mostrándome un párrafo de un texto de Juarroz, que está en la contratapa. Fernando tiene la intuición del poeta y fue como un rayo que encontró ese lugar.
-¿Qué es la poesía?
-No es un género literario, sino -y esto lo explican muy bien Juarroz y Octavio Paz- la mayor instancia de la palabra. Es un intento de utilizar la palabra para hacer algo donde las palabras no lleguen. Como dice Juarroz, ir al otro lado de las cosas. Poesía es usar las palabras para entrar donde no se entra, donde uno -de alguna manera- si logra llegar ahí está solo y está viendo algo que, posiblemente, lo vea uno solo y cuando lo transmite ya no es.
La deuda de gratitud con el poeta "ninguneado" en estas tierras
Jaime Correas está a punto de presentar su libro sobre Juarroz, dedicado a sus maestros Ruiz Díaz y Emilia Zuleta y a su familia. Y más aún: va a saldar lo que considera una deuda personal de gratitud con el poeta que le abrió las puertas de su casa y de su obra, que lo sentó a su mesa -pollo con papas, recuerda- y que a bordo de un Citröen trajinado también lo esperó y lo despidió de trenes de arribos y adioses. Y que lo visitó en Mendoza y conoció a su familia. Y que leyó y valoró aquella tesis. Y que le obsequió poemas que ya son casi de todos.
Se empeña Correas y también consigue con esta publicación dejar en cero otra deuda, distinta, gravísima, pero no suya sino colectiva.
Entonces, habla del "ninguneo" a Juarroz, como a otros tantos artistas, cuyas obras están disponibles y circulan allá, muy lejos, a varios miles de kilómetros, de la tierra que les dio la vida y que hoy ya ni los recuerda, como si jamás hubieran dejado huella. Como en un destierro tan doloroso como interminable.







