El agua siempre fue una promesa. En su movimiento constante, existe una energía antigua que el ser humano aprendió a comprender con el tiempo. En un país de América Latina, donde la selva cubre gran parte del territorio y los ríos son parte de la vida cotidiana, esa promesa tomó forma en el Proyecto Hidroeléctrico promovido por China.
China pone la mira en América Latina con un megaproyecto hidroeléctrico que cambiará la matriz eléctrica del país
Este país de América Latina ve la oportunidad de convertir la fuerza de la naturaleza en una base firme para su propio futuro con la ayuda de China
Este proyecto de América Latina con finaciamiento de China no se trata solo de una obra de ingeniería, sino de una decisión que busca transformar el presente energético del país y redefinir su futuro.
China pone la mira en América Latina con un megaproyecto hidroeléctrico que cambiará la matriz eléctrica del país
Se trata del proyecto hidroeléctrico Amaila Falls. Ubicado en el río Kuribrong, en el interior selvático, el proyecto fue concebido como la primera gran central hidroeléctrica de Guyana. La represa fue diseñada con una capacidad de aproximadamente 165 megavatios, suficiente para cubrir una parte significativa de la demanda eléctrica de este país de América Latina.
Durante años, Guyana dependió casi exclusivamente de generadores diésel, lo que hacía que la electricidad fuera costosa, inestable y dependiente de combustibles importados. El proyecto hidroeléctrico desde su inicio ha estado vinculado a financiamiento y construcción por parte de empresas chinas, principalmente a través de China Railway Group Limited.
Importancia de este proyecto de América Latina
El plan de este país de América Latina no surgió de manera aislada. Fue parte de una estrategia nacional para reducir emisiones y fortalecer la seguridad energética. La Guyana Energy Agency señaló en sus informes técnicos que el proyecto permitiría disminuir considerablemente el uso de combustibles fósiles, reduciendo tanto los costos operativos como el impacto ambiental. Esta transición también buscaba acompañar el crecimiento económico del país, garantizando un suministro eléctrico más confiable.
El alcance del proyecto va más allá de la represa. Incluye una línea de transmisión de más de 270 kilómetros para conectar la planta con la red eléctrica costera, donde vive la mayoría de la población. El Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial analizaron el proyecto como parte de los esfuerzos regionales para promover energías renovables, destacando su potencial para transformar el sistema energético de Guyana y reducir su dependencia del petróleo.
Sin embargo, el camino fue complejo. Factores financieros, cambios políticos y debates sobre el impacto ambiental retrasaron su ejecución en distintos momentos. Aun así, el proyecto continúa siendo considerado una pieza clave dentro de la planificación energética nacional, especialmente en un contexto donde Guyana busca equilibrar su reciente desarrollo petrolero con fuentes más sostenibles.






