Falta poco más de un mes para que uno de los casos criminales más impactantes de Mendoza quede impune: sin culpables. Se trata del doble crimen del psicólogo Flavio Piottante y la paciente, Estrella Libedinsky, ocurrido hace casi quince años en un departamento de dos plantas de calle Barcala casi Chile, en Ciudad.

El único sospechoso se llama Mauricio Suárez, cuya relación de pareja con Andrea Troncoso había terminado días antes porque ella tenía una relación con Piottante. A Suárez se lo tragó la tierra hace casi 15 años y por su paradero la Policía y la Justicia han ofrecido varias recompensas en dinero. Pero ni eso ayuda.

La causa judicial que tiene a Suárez como único imputado y sospechoso de cometer el doble crimen caducará el 13 de julio. Por eso la urgencia.

¿Qué pruebas complican al prófugo? No muchas pero son suficientes como para haberlo detenido y llevado a juicio oral y público.

Las cinco pruebas

Número 1: el informe de una empresa de celulares que dio cuenta, allá por 2006, de que el móvil de Suárez fue captado por una antena en la zona geográfica de influencia y cercana a la escena del crimen: Barcala pasando Chile de Ciudad.

Número 2: la declaración testimonial de amigos de Suárez que dijeron que, pocos días después del doble crimen, éste les anunció que se había mandado "una cagada y que debía irse del país". Sin embargo, ninguno de esos testigos conectó la frase con la tragedia de Piottante-Libedinsky.

Número 3: la versión de una conocida de Suárez de que una noche se reunieron en su casa a cenar y que al final de la velada, mientras jugaban a las cartas, le pareció llamativo que Suárez tuviera lesiones en las manos. Cortaduras. Raspaduras. Ocurrió poco después del doble crimen. Para entonces, Suárez ya estaba separado de Troncoso, estaba angustiado por esa ruptura y buscaba asesoramiento de un abogado.

Número 4: la denuncia de un maestro mayor de obras que había sido socio de Suárez en una pyme que hacía trabajos de construcción. El hombre, cuya esposa era amiga de Troncoso, dio cuenta de que tras la desaparición de Suárez advirtió que faltaba dinero de una cuenta bancaria a la que ambos socios tenían acceso.

Número 5: la fuga del propio Suárez, que dejó abandonado su automóvil Fiat Uno en una esquina de Guaymallén, cercana al domicilio de un abogado penalista al que trató de contactar sin suerte porque ese letrado estaba de viaje por las vacaciones de invierno.

El caso

Piottante y Libedinsky fueron hallados muertos por la madre del hombre el 13 de julio de 2006 a primera hora de la mañana.

Los peritajes forenses revelaron que fueron asesinados durante la tarde del 12 de julio. Él recibió una golpiza y dos tiros. Ella fue estrangulada con una soga que Piottante usaba para tender la ropa en el patiecito de la vivienda.

El murió primero. Fue en la entrada del dúplex, adonde él atendía y donde quedaron indicios de pelea y restos de un pequeño incendio iniciado entre sus papeles. Ella fue sorprendida cuando bajaba desde la planta alta, adonde Piottante vivía.

Eduardo Martearena fue el primer magistrado a cargo de la pesquisa en su rol de superfiscal. Lo sucedieron otros hasta que en 2017 la causa quedó en manos de la fiscal de Homicidios Claudia Ríos.

Se han hecho diversos tipos de investigaciones para dar con el prófugo Suárez. Pero no dieron resultados.

El 13 de julio el caso quedará impune. Aun hay tiempo de salvar el papelón.

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