Historias

Carboncito, el gato que le ganó a una enfermedad letal y volvió a casa gracias a una red solidaria

Su historia conmovió en agosto pasado, cuando luchaba contra una devastadora enfermedad. Hoy, después de 84 días de tratamiento y otros 84 de observación, recibió el alta médica

La noticia llegó como un suspiro largamente esperado. Carboncito, el gatito que mantuvo en vilo a Mendoza durante meses, finalmente fue dado de alta. Después de atravesar un tratamiento complejo, costoso y sin margen para errores, y de cumplir rigurosamente el período de observación posterior, los veterinarios confirmaron lo que su familia soñaba escuchar: está sano y puede vivir como cualquier otro gato.

“Ya estamos, hace vida normal”, confirmó la veterinaria Sofía Melanie Romero, especialista en felinos, quien siguió de cerca cada etapa del proceso. La frase, sencilla y directa, marcó el final de una historia que empezó con miedo, incertidumbre y una enfermedad que, durante años, fue casi una sentencia de muerte para los gatos.

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Carbón atravesó una dura enfermedad pero la solidaridad de los vecinos y los cuidados rigurosos lo llevaron al alta médica.

Carbón atravesó una dura enfermedad pero la solidaridad de los vecinos y los cuidados rigurosos lo llevaron al alta médica.

La historia de Carboncito se había conocido en agosto pasado, cuando era apenas un cachorro de pocos meses y su diagnóstico generó conmoción. Padecía PIF, Peritonitis Infecciosa Felina, una enfermedad rara, compleja y letal, causada por una mutación del coronavirus felino. En ese momento, llegó a la clínica en muy mal estado: sin apetito, con fiebre, ictericia y líquido acumulado en el abdomen. Las probabilidades no estaban a su favor.

Una enfermedad no contagiosa pero de costoso tratamiento

La PIF no es contagiosa entre gatos, pero sí devastadora para quien la desarrolla. Durante años tuvo una tasa de mortalidad altísima y un diagnóstico difícil, ya que se confirma por descarte y, muchas veces, recién después de la muerte del animal. En el caso de Carboncito, el equipo veterinario decidió actuar rápido y apostar a un tratamiento que, aunque no está aprobado oficialmente para uso veterinario en Argentina, se convirtió en la única esperanza.

El camino no fue corto ni sencillo. Fueron 84 días consecutivos de tratamiento con antivirales, sin interrupciones, seguidos de otros 84 días de observación estricta. Controles, análisis, seguimiento permanente y una familia que no bajó los brazos ni un solo día. “Si el tratamiento se interrumpe, hay que empezar de nuevo”, habían explicado entonces. Por eso, cada jornada contaba.

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Tiempo pasado, en la veterinaria y con suero.

Tiempo pasado, en la veterinaria y con suero.

El costo del medicamento, importado y de uso humano, fue uno de los mayores obstáculos. Ampollas valuadas en dólares, envíos, controles y estudios hacían que el tratamiento fuera prácticamente inaccesible. Allí apareció lo que hoy muchos definen como el verdadero milagro: la solidaridad. rifas, donaciones, campañas en redes sociales y la ayuda de personas que no conocían a Carboncito, pero que decidieron involucrarse, hicieron posible que el tratamiento se completara.

Un gato hermoso y simpático que mostró evolución casi de inmediato

La respuesta del gatito fue alentadora. Con el correr de las semanas volvió a comer, subió de peso, recuperó energía y los estudios comenzaron a dar señales positivas. Cada pequeño avance era celebrado como una victoria. Aun así, el alta recién podía llegar después de cumplir todo el protocolo.

Hoy, Carboncito está fuera de peligro. Puede jugar, alimentarse con normalidad e incluso, según confirmaron los veterinarios, podrá ser castrado, algo impensado meses atrás. La enfermedad quedó atrás y su historia se transformó en un mensaje de esperanza para otras familias que atraviesan situaciones similares.

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Sofía Romero, veterinaria especialista en felinos, celebró la noticia.

Sofía Romero, veterinaria especialista en felinos, celebró la noticia. "Carboncito ya está de alta", dijo.

Más allá del final feliz, su caso dejó una huella. Visibilizó una enfermedad poco conocida, expuso las dificultades que enfrentan los tutores de mascotas ante tratamientos costosos y demostró el impacto real que puede tener la solidaridad cuando se activa a tiempo.

Carboncito volvió a casa, pero también se quedó en el corazón de una provincia entera. Y mostró el compromiso de Mendoza.