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Baño de "argentinidad" para mendocina que volvió de Canadá

Una mendocina sufrió la inoperancia y burocracia de nuestro país al querer repatriar sus pertenencias obtenidas en Canadá, las que sufrieron daños y robos

Uno de los diálogos más impactantes entre los personajes de Alfredo (Philippe Noiret) y Totó (Salvatore Cascio) en la película Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, sintetiza el drama que sufren los emigrantes al sentir nostalgia de su tierra, y es lo que sufrió una mendocina de 57 años que pasó 21 en Canadá, y al retornar recibió los bofetones más duros y fríos que les puede dar nuestra burocracia e idiosincrasia. Patricia Anzalone sufrió una fuerte dosis de "nuestra cultura" cuando quiso traer sus muebles y enseres domésticos a Mendoza, además de dos vehículos, y aquí perdió casi todo, entre robos y roturas, por negligencia de la empresa que recibió el contenedor con las pertenencias de la mujer que volvió a "su hogar".

Anzalone contó al programa de radio Nihuil Te digo lo que pienso cuáles fueron las peripecias que tuvo que afrontar al desencontrarse por la pandemia con las pertenencias que quiso traer de su casa en Canadá. Patricia contó que llegó el contenedor con sus cosas en abril, se lo entregaron a una apoderada cinco meses después con muebles rotos y robos. Agregó que desde octubre está tratando de documentar su moto y su auto para ver si son aptos para andar en Mendoza.

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Patricia vivió 21 años en Canadá, adonde se fue con su ex pareja para hacer un tratamiento de fertilidad, ya que querían tener hijos. "Acá vendimos nuestro negocio y nos gastamos nuestros ahorros haciendo tratamientos para ver si podíamos tener hijos, y necesitábamos un lugar donde trabajar, y pudiéramos seguir intentándolo, por eso nos fuimos a Canadá", explicó la mendocina respecto a los motivos de su exilio.

"Fue una lucha de nueve años para obtener la residencia. Tanto luchamos que nos fue muy bien en la parte económica. Pero llega un momento en que querés vivir tranquila, y quiero a lo mío, amo mi tierra, soy una enamorada de mi Argentina y mi Mendoza. Nunca perdí contacto con mi gente, mi familia y mis amigos, y siempre soñé con volver", dijo Anzalone sobre la decisión de retornar. "Venía con toda la ilusión de instalarme y descansar y hacer algo para sobrevivir tranquilamente", agregó.

Sobre aduanas e impuestos

"Averigüe qué cosas podía traerme de allá, y me dijeron que tenía derecho a repatriar todos los enseres de la casa y con un automóvil y una moto u otro vehículo aceptado. Me traje esas cosas acá, mandándolas en un contenedor, en febrero de 2020. Yo viajaría en marzo pero me atrapó la pandemia allá y no pude salir. El contenedor llegó en abril, y pedí que se lo entregaran a alguien que tenía un poder general mío y no se lo quisieron entregar inmediatamente, lo que hicieron cinco meses después, unas semanas antes de que yo llegara", relató Patricia sobre el envío de sus pertenencias.

"El tema del contenedor fue terrible. Me dieron dos opciones: o guardaba el contenedor con todas las cosas adentro en PTM (Puerto Terrestre Mendoza); o me bajaban todas las cosas en PTM y devolvían el cajón (contenedor), ya que la empresa naviera me cobraba 80 dólares diarios, y les dije que no podía pagar eso ni vendiendo lo que tenía dentro. Devolví el cajón y me bajaron mis cosas en el PTM. No te puedo explicar la cantidad de daños que recibieron mis cosas. Todos los muebles rotos, abollados. Me robaron escaleras, herramientas, y lo que no robaron lo rompieron. El almacenaje fue desastroso", se quejó amargamente la repatriada.

"Cuando le entregaron todo a mi sobrina, dos semanas antes de que yo llegara –lo hice el 22 de octubre-, no la dejaron entrar a revisar, subieron todo a un camión que ella contrató y le dijeron “Firmá acá la conformidad”. Ella, no conociendo mis cosas ni lo que yo mandaba, firmó con tal que me entregaran mis cosas y se lo trajo. No le entregaron ni el auto ni la moto. Esto quedó ahí hasta que llegué y comencé a hacer los trámites", explicó Anzalone.

"Me convenía vender todo, o mejor no haber venido más. Pero yo le hice caso a mi corazoncito. Si hubiese puesto entre la balanza la conveniencia y lo que considero que vale la pena, no tendría que haber vuelto" "Me convenía vender todo, o mejor no haber venido más. Pero yo le hice caso a mi corazoncito. Si hubiese puesto entre la balanza la conveniencia y lo que considero que vale la pena, no tendría que haber vuelto"

Al presentar una protesta sobre lo ocurrido en el depósito de sus pertenencias, comentó que "por los daños en los enseres, PTM dijo “yo lo lamento, nosotros no tenemos nada que ver con la pandemia y no tenemos nada que ver con la Aduana. PTM es una entidad tercerizada que la Aduana contrata para depositar cosas de la gente que llega. No tuvieron consideración de nada, ni por la pandemia; me cobraron $279.000 para sacar los enseres, más otros $260.000 para sacar el auto y la moto. Casi $600.000 en estadía de mis cosas ahí, nada más, y me las entregaron destruidas, rotas", detalló la esteticista mendocina.

"No consideraron que mis cosas estuvieran ahí por causas de fuerza mayor, no porque no quisiera o no tuviera el dinero para sacarlas. Yo tenía calculado lo que tenía que pagar. El único arancel, que era el de la moto, porque el auto estaba dentro del derecho de repatriación" aclaró Anzalone, que agregó: "La culpa no la tuvo Aduana. Ellos no se portaron mal conmigo, los que se portaron mal conmigo fueron los de PTM. Hablé con tres abogados, y todos me dijeron que no les iba a ganar".

Pero no todos los problemas terminaron para Patricia al reencontrarse con sus pertenencias. "Hay otro problema. Desde octubre que estoy tratando de documentar a la moto y al auto, que es otra historia. Me están matando. Tengo hasta a un ingeniero electromecánico haciendo un examen de los vehículos: un auto 2017 y una moto en excelente estado, para ver si son “aptos y seguros” para circular por la ciudad de Mendoza", contó este martes en Radio Nihuil.

Respecto a su presente y visión de futuro en lo que considera su hogar, la ex inmigrante dijo: "Yo soy esteticista, y voy a trabajar en lo que sé, porque a mis ahorros me los chuparon. Me va a costar mucho empezar, tengo 57 años, no soy una niña, pero ya estoy aquí y estoy feliz, pero estoy enojada, no con mi Argentina, sino con mi gobierno, con la gente. Este país es maravilloso".

Finalmente dejó una reflexión sobre lo vivido al irse del país de Norteamérica: "Mucha gente me trata de tonta por volver. “Buscáte un psiquiatra”, me dicen otros argentinos que viven en Canadá, y duele que te digan eso", concluyó.