Un indigente que pedía bañarse porque tenía olor a caballo fue atendido por una vecina solidaria que finalmente le cumplió con el deseo básico. También lo afeitó y luego le dio de comer.
El hecho sucedió en Entre Ríos la semana pasada y los protagonistas de esta historia solidaria son Rubén Díaz, quien vive en la calle comiendo basura de los contenedores y Natalia, una profesora de Música, quien le cumplió los deseos.
La profe lo llevó a su casa donde Rubén pudo comer, bañarse y cortarse el pelo. Otra vecina, Nelly, una peluquera del barrio, se acercó para cortarle el pelo y Gastón, el enfermero de la zona, lo afeitó y constató que Rubén tenía "rígidas las articulaciones".
Rubén padece el consumo problemático de alcohol y algunas veces abandonó los espacios en donde fue alojado.



