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Amantes y humor se cuelan en medio de la tragedia

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Canalla, el título genera interés malsano. Dice: “Se filtran impactantes imágenes de una terapia de Italia con enfermos de coronavirus”. Ingreso. Recuerdo a gente conocida que sufrió y falleció por problemas respiratorios y salgo rápido. Pocas cosas hay tan privadas como la previa de la muerte. 

Para abstraerme me meto en un sitio donde ciudadanos españoles cuentan cómo pasan la cuarentena encerrados en sus casas. Me detengo en uno que relata cuentos y que tiene, paradojas del momento, una risa contagiosa.

Vaya uno de prueba: un tío va al banco y solicita un préstamo de 10.000 euros. Bueno, le dice el empleado, va a necesitar usted dos avales. Y el cliente le responde contento: ¡Ah, vale! ¡Ah, vale!

Sigo revisando esos gráficos que muestran al segundo cómo avanza el virus en el mundo. En Wuhan, la ciudad china donde empezó todo, por primera vez en tres meses no se han registrado casos locales. Pero en Italia los muertos ya superan a los de China.

Leo después que en California hay un aspecto que tiene a maltraer a las autoridades. Son 108.000 las personas que viven en las calles de las enormes ciudades de ese Estado norteamericano y que podrían ser propagadoras del virus. Hay una fenomenal movida para ayudar a los sin techo a que puedan aislarse en sitios seguros. El gobernador anunció 150 millones de dólares para tal fin.

La vida misma

Trato de matizar entre el drama y la necesaria cuota de comedia que va arrojando la peste. Lo encuentro en un diario europeo que titula: “Una aventura amorosa fuerza el aislamiento de todo un pueblo en la Argentina”. ¿Quién se puede negar a esa provocación informativa?

Fue en Santiago del Estero. Una mujer de un pueblo llamado Ceres, que acababa de llegar de España con síntomas de coronavirus, llamó a su amante, residente en otro pueblo cercano de nombre lujurioso: Selva. Acordaron tener un encuentro amoroso a 300 kms de allí, en la ciudad de Córdoba capital. 

El presidente argentino ya había decretado la cuarentena obligatoria para todos los que habían arribado desde Europa. Pero la pasión de la dama y del caballero los obnubiló. Hicieron lo suyo y volvieron cada uno a sus pueblos. Ella con su marido y él con sus amigos. 

En un asado, el amante, un bocón, contó aspectos del “aproach” y reveló alegremente que creía que la señora podía tener coronavirus, algo que los médicos terminaron comprobando en Ceres. Resumen: ella, el esposo, el amante, los amigos del asado y las poblaciones de los dos pueblos están en cuarentena absoluta.

El gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora expuso el caso en las redes sociales y en esa provincia no se habla de otra cosa que de estos dos hijos dilectos de Ceres y Selva. En la mitología romana, Ceres era la diosa de la fecundidad. 

Asilos y patinetas

 Cuando sigo pasando revista a la pandemia, uno de los aspectos que más impacta son las muertes en las residencias de ancianos de la capital española. Al menos 70 mayores ya han fallecido por el virus y hay decenas de infectados. 

“Estamos desbordados”, grita por una ventana uno  de los responsables de esos asilos a un movilero de la TV. “Es que la mitad de nuestros empleados también han caído enfermos·, explica, desencajado. 

También me atrae la enorme cantidad de videos caseros que, al estar ociosa, la gente produce a centenares en sus departamentos, filmados desde los balcones. En España e Italia es común que los confinados amonestan desde sus ventanas a los que andan en la calle hueveando.

Cuento brevemente uno esos videos con el que me descostillé de risa. Una señora ibérica, con voz de matrona, le descarga una serie de admoniciones a un grupo de adolescentes que anda alegremente en patinetas por la vereda.

Tras retarlos por su falta de solidaridad social y por la poca vigilancia de sus padres, culmina su arenga así: “Métanse esas patinetas en el culo y vuelvan a sus casas, chavales de mierda!”.


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