Entre entregas finales, exámenes parciales y la presión por el rendimiento, los estudiantes buscan constantemente métodos para mantener la calma y no caer en el estrés. Sin embargo, la solución podría no estar en una app de meditación, sino en tu propia casa.
Un reciente estudio basado en investigaciones de la Washington State University ha puesto relieve sobre una realidad que muchos dueños de animales ya sospechaban: el vínculo con perros y gatos tiene un impacto directo en el éxito académico.
El estudio que confirma los beneficios de estudiar junto a tu mascota
El principal beneficio radica en la regulación química de nuestro cuerpo. Se ha demostrado que apenas 10 minutos de interacción con un perro o un gato reducen significativamente los niveles de cortisol, la hormona responsable del estrés.
Para un estudiante que enfrenta una jornada de estudio intensiva, contar con esta compañía ayuda a mantener el sistema nervioso en equilibrio, permitiendo una mayor retención de información.
Aunque tener una mascota implica compromiso, este desafío también juega a favor del alumno. La ciencia sugiere que la responsabilidad de cuidar a otro ser vivo fomenta la madurez emocional y la resiliencia, habilidades que se trasladan directamente a la disciplina para el estudio.
Siempre de acuerdo al estudio, la presencia de un animal en el entorno de aprendizaje no es solo una distracción tierna; es una herramienta de productividad:
- Estructura y rutina: El cuidado de una mascota obliga al estudiante a tomar descansos programados (para paseos o alimentación), lo que evita el agotamiento mental o burnout.
- Soporte emocional: En momentos de frustración ante un tema difícil, el amor incondicional de un animal actúa como un amortiguador psicológico.
- Reducción de la soledad: Muchos universitarios atraviesan periodos de aislamiento; la mascota elimina esa sensación, mejorando el estado de ánimo general.
Consejos para aprovechar una tarde de estudio
Para aprovechar tu tarde, empieza por despejar tu zona de trabajo de distracciones y aprovecha la luz natural para mantenerte alerta. Planifica tu sesión dividiendo el tiempo en bloques de enfoque (como la técnica Pomodoro de 25 min) y prioriza tus tareas con una lista clara.
Aplica el estudio activo explicando los temas en voz alta o haciendo esquemas en lugar de solo leer. Finalmente, mantente hidratado y realiza descansos cortos sin pantallas para que tu cerebro procese la información sin agotarse.





