El terremoto del 20 de marzo de 1861 no solo fue una tragedia humana. También partió en dos la historia de Mendoza. En minutos, la ciudad -ubicada en 25 manzanas en las que actualmente se encuentra la 4º Sección y en las que se destaca el área fundacional- quedó reducida a escombros.
A partir de ahí empezó otra historia: el traslado hacia la actual Ciudad de Mendoza, el abandono progresivo de la zona original y una Mendoza colonial que quedó, literalmente, enterrada bajo los pies. A esta Mendoza oculta se refirió Betina Tamiozzo, directora del museo del Área Fundacional.
El corazón de la ciudad que desapareció
Antes del terremoto, todo pasaba alrededor de la actual plaza Pedro del Castillo. Ahí estaban el cabildo, las iglesias -Alrededor de la plaza central se encontraban las de San Agustín, San Francisco y la Iglesia Matriz- y los comercios. Era el centro político, social, religioso y económico.
“El núcleo de la ciudad era ese. Todo giraba en torno a esa plaza”, explicó la directora del museo del Área Fundacional.
Esa noche, a las 20.36, el terremoto -de 9º en la escala Mercalli- encontró a la ciudad sin ningún tipo de preparación. No había conciencia sísmica y tampoco electricidad: la iluminación era con velas de cebo. Eso agravó el desastre.
“Después del terremoto vinieron los incendios. Fue una conjunción de cosas que hicieron todo mucho más grave”, señaló la especialista.
El quiebre que cambió la historia de Mendoza
El terremoto no solo destruyó edificios. Marcó un corte definitivo entre dos etapas. “Es una bisagra en la historia de Mendoza. Ahí se corta la ciudad colonial y empieza la ciudad nueva”, resumió Tamiozzo.
Ese cambio coincidió con un momento clave del país. En 1861 también se produjo la batalla de Pavón, que dio paso a una Argentina unificada bajo gobiernos liberales.
En ese contexto, lo colonial empezó a ser visto como algo que había que dejar atrás. Y el traslado de la ciudad fue, también, una oportunidad para eso.
La nueva Mendoza, diseñada por el ingeniero de origen francés Julio Balloffet en 1963, se pensó con calles más anchas, plazas y una distribución más moderna y en torno a la actual plaza Independencia.
El casco principal de la ciudad que se convirtió en marginal
El área fundacional no quedó vacía de un día para otro. Hubo sobrevivientes que reconstruyeron como pudieron sus casas.
Pero con el tiempo, el lugar perdió centralidad. Los restos de edificios se usaron como material para nuevas construcciones y la zona pasó a ser conocida como “el barrio de las ruinas”.
“Después, con la inmigración, se transformó en la Cuarta de Fierro, una zona de conventillos. Queda al margen de la Mendoza moderna”, explicó la historiadora.
El contraste es fuerte: donde estaba el cabildo -la institución clave de la época colonial- después funcionó un matadero.
Capas de historia bajo tierra
Con los años, sobre ese mismo terreno se fueron superponiendo usos: primero el cabildo, luego el matadero (que funcionó entre 1877 y 1927), después una feria y, finalmente, el museo. Actualmente lo que se ve es apenas una parte. Debajo hay mucho más.
“Hay una ciudad que no vemos, pero que está. Esas 25 manzanas fundacionales siguen bajo nuestros pies”, dijo Tamiozzo.
El redescubrimiento empezó en 1989, cuando una excavación encontró restos del cabildo. Ese hallazgo impulsó la creación del área fundacional tal como se conoce hoy.
Para la directora del museo del Área Fundacional, el trabajo no terminó. Al contrario: recién empieza.
“La arqueología permite reconstruir esa Mendoza desaparecida. Si no existiera el área fundacional, no tendríamos noción de esa ciudad”, explicó. De hecho, hace dos años se realizaron tareas de excavación arqueológica en lo que fue el hogar San Vicente de Paul, en donde estuvo originalmente enclavada la Iglesia Matriz, y allí se encontraron huesos, que pueden haber pertenecido al cementerio de esa antigua construcción.
También reconoció que durante mucho tiempo ese pasado quedó relegado, mientras la ciudad crecía hacia otro lado.
Hoy, la tarea de historiadores y funcionarios es hacerlo visible y acercarlo a quienes viven o visitan Mendoza.
La fuente de 1810 que se recuperó pero no se puede ver
Dentro del predio hay una pieza histórica que resume esas contradicciones que muchas veces existen entre conservar el patrimonio arqueológico y dar acceso para que el público lo visite: la fuente original del cabildo, construida en 1810. La estructura está en el lugar y se conserva en buen estado, pero por ahora no puede ser visitada.
“Está cuidada y conservada, pero no se puede ver hasta que se hagan las obras necesarias”, explicó Tamiozzo.
Hay proyectos para ponerla en valor -incluso un concurso realizado en 2022-, pero todavía falta avanzar. “Son intervenciones complejas. A veces, si no se hacen bien, pueden generar más daño que beneficio”, advirtió.







