En primera persona

A 1 año de la explosión en Beirut: "No soy la misma, tengo pedazos rotos que no se curan"

A un año de una de las explosiones no nucleares más grandes a nivel mundial, una libanesa, reconstruye el horror de cómo murieron 200 personas y hubo 7.000 heridos
Por UNO

(Editada por Paula Jalil) La libanesa Melissa Maalouf (30 años) estaba a las 17.15 Jeitawi, a dos kilómetros del puerto de Beirut, donde sucedió la explosión que dejó 200 muertos, más de 7.000 heridos y casi 80.000 construcciones dañadas. Ensayaba sus clases de canto cuando escucharon un sonido irracional, pensaron que era un terremoto y a las 18.07 fue la explosión.

“Fue una sensación que no se puede describir, todo a nuestro alrededor se derrumbó, mi maestra y yo nos miramos sorprendidas de estar vivas. Escuchábamos los gritos de las madres, los niños llorando, los accidentes automovilísticos, ¡era un caos! Bajamos a la calle y literalmente vimos una escena de crimen como las que vemos en una película; sangre por todas partes, la gente estaba en pánico”, contó Melissa a Diario Uno.

El 4 de agosto de 2020 se produjo una explosión en el puerto de la capital libanesa a causa del almacenamiento de casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio. Fue una de las explosiones no nucleares más grandes registradas a nivel mundial. Hasta el momento no se han identificado ni condenado a los responsables.

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Las consecuencias de la explosión en Beirut.

Las consecuencias de la explosión en Beirut.

Melissa Maalouf tiene una ONG que ayuda a artistas y diseñadores. Contó con mucha angustia que ese día salió con vida, pero “Beirut se llevó muchos recuerdos de mí, tanta alegría, Beirut es mi hogar, pero la ciudad no es la misma, la extraño todos los días".

Voces del horror

Otro testimonio en carne viva rememora lo ocurrido ese 4 de agosto. Sinome Saade (47 años) es brasileña, casada con un libanés y hace 8 años que vive en Líbano. Ella es profesora de pilates y estaba dando clases privadas a una alumna en un edificio en Ashrafieh, a tres kilómetros del puerto.

Aseveró que todavía no saben “qué pasó realmente, pero la historia es que había una gran cantidad de nitrato de amonio que no estaba guardado con seguridad y el Gobierno sabía de eso. El Gobierno es tan corrupto que el país estaba colapsando, con contantes manifestaciones de la gente en la calle.”

“No escuché bien por una semana, en la noche dormía y escuchaba la explosión”, contó a Diario Uno. Simone Saade relató que escucharon un ruido muy fuerte, se acercó a la ventana, la abrió y sacó la cabeza hacia afuera para ver. Sintió una onda fuertísima en su cara, cayó hacia atrás, empezó a gatear como un bebé y el edificio empezó a temblar como una hoja de papel. “Empecé a llorar, a gritar, estaba muy asustada”, aseveró.

“Si no hubiera abierto la ventana, me hubiera explotado el vidrio en la cara, fue un milagro, mucha gente ha pasado por milagros”, afirmó la brasileña. Simone estaba con su alumna, quien salió corriendo gritando por sus niños y con hija de 22 años. No sabía qué había sucedido, hasta que la llamó el marido y le contó de la explosión en el puerto de Beirut.

Pudo bajar del edificio luego de media hora, pero tuvo que hacerlo por el ascensor porque la escalera estaba llena de vidrios y escombros. Una vez en la puerta del edificio, tomó magnitud de lo que había sucedido, a seis metros había un hospital, que en poco tiempo colapsó.

Simone Saade declaró que “fue muy triste. Hablo y los pelos están de punta. Tengo una amiga que tenía un familiar que estaba en el auto con sus hijos y la mamá murió delante de los niños.”

Para la brasileña, residente en el Líbano, hubo un lado positivo entre tanta desesperanza que fue ver “que el pueblo quedó muy unido. Fue muy bonito ver que los jóvenes que bajaron a limpiar las calles el día siguiente de la explosión, ayudaron a las personas mayores que estaban en casas y perdieron sus cosas.”

Ambas coincidieron en que Líbano ya no es el mismo de antes. Simone Saade dijo que no solo fue la explosión sino el escenario político del país era grave, hay mucha corrupción, gente pasando hambre y la libra libanesa se ha devaluado considerablemente. Hace un poco menos de dos años, 1500 libras equivalían a un dólar y en la actualidad se necesitan 22000 libras para adquirir un dólar. En relación a la corrupción, Melissa Maalouf sentenció: “Me duele el corazón. Todos nuestros funcionarios gubernamentales están protegidos por una ley que les otorga inmunidad de ser enviados a los tribunales.”

El 4 de agosto, cuando se conmemoró un año de la explosión, hubo diversas manifestaciones en la Ciudad y misas para rezar por los fallecidos. A las 18.07 (hora local), 12.07 (hora Argentina) se concentraron en la Estatua del Emigrante y hubo un minuto de silencio.

La policía reprimió con gases lacrimógenos y camiones hidratantes a los manifestantes que se reunieron en los alrededores del Parlamento. Hubo al menos seis personas hospitalizadas y decenas de heridos. Estas movilizaciones se dan en un contexto de crisis no solo económica sino política, debido a la renuncia en julio del primer ministro libanés, Saad Hariri y la designación del nuevo funcionario, Nayib Mikati.

Además, el Papa Francisco hizo una reflexión en la audiencia del miércoles y le pidió a la comunidad internacional que tenga gestos concretos para ayudar al Líbano a “emprender un camino de resurrección”.