El frío se hace sentir en la mañana mientras Mendoza afronta una ola polar. Pasadas las diez, y pese a la temperatura, Isabel abre su puesto de diarios y revistas, un oficio que mantiene desde hace 48 años. En el lugar la acompaña su sobrina, y juntas le hacen frente a las largas jornadas que se extienden hasta pasadas las siete de la tarde.
48 años vendiendo diarios y revistas en la calle: Isabel, la mujer que resiste a la crisis y a la tecnología
Tras casi medio siglo trabajando en un reconocido puesto en Peatonal y San Martín, la mujer se adaptó a la falta de infraestructura, y ha logrado mantener su puesto de libros y revistas
Tras casi medio siglo trabajando en la vía pública, la mujer se adaptó a la falta de infraestructura, y ha logrado mantener su puesto de libros venciendo a la crisis económica, al aterrador avance de la tecnología, e incluso a la pandemia. Con mucho orgullo y amabilidad, reveló su secreto a Diario UNO.
Isabel, la mujer que resiste a la crisis y la tecnología
No es fácil trabajar en un lugar de un metro por dos. No hay baño, son muchas horas y poco el espacio para moverse, pero tanto Isabel, como su sobrina lo han resuelto gracias a la ayuda solidaria de otras personas.
"Acá estoy al lado de Triunfo, que me dejan pasar al baño, todo. O la galería, que también tengo la llave. Después de tantos años ya conseguí todo eso", explicó con sencillez. A veces, son clientes de confianza los que se quedan custodiando el puesto, mientras su dueña va al baño. Todo vale.
Sin embargo, el hecho de no tener baño propio no es el principal desafío, sí lo son los cambios en el consumo actual y la crisis económica que afecta al bolsillo de la gente.
Ante el cierre de editoriales y la caída en la venta de diarios tradicionales, la alternativa para subsistir fue la inclusión de otros productos como juguetes, figuritas y la venta de colecciones, aunque los costos de estas últimas resultan elevados para muchos.
La situación económica del país se nota en el día a día y el movimiento es lento o nulo. "Ayer (la nota fue hecha en plena ola polar) fue un día terrible, malísimo. Si no fuera por algunos que vinieron a buscar revistas o colecciones reservadas, no vendía casi nada. Vendí unos que otros diarios y dos revistas", contó Isabel.
Acostumbrada, tanto la mujer como su sobrina evitan la queja personal y ponen el foco en el contexto social, pensando en las demás personas.
Al ser consultada sobre si necesita mejoras para su puesto, prefiere mirar la realidad general de la calle: "Para mí está bien porque hay otros compañeros que la pueden estar pasando mucho peor. Me gustaría que mejorara en general, porque ves tanta gente en la calle y eso angustia".
Viejos clientes, el sostén para continuar
Para Isabel, el aburrimiento o el cansancio de las diez horas de trabajo se compensan con el trato diario. "Tengo muchos clientes de tantos años que, cuando no son los nietos, son los hijos de los que yo les guardaba en un principio" contó.
De hecho, son estos vínculos que han perdurado a lo largo de los años los que permitieron que el puesto de revistas y diarios, ubicado frente al Banco Santander, resista al paso del tiempo.
"Me gusta estar acá, no me cuesta, por suerte", concluye Isabel, quien junto a su sobrina sigue sosteniendo un oficio tradicional que pelea por no desaparecer.




