La familia real de España siempre ha sido catalogada como una de las más "sencillas" del mundo, y esto se debe a que no cuenta con diversos lujos u objetos como coronas o joyas de lujo.
En esta ocasión te diremos por qué España no tiene joyas de la Corona, como ocurre por ejemplo con Reino Unido. La respuesta es muy simple: las robaron.
¿Dónde están las joyas de la Corona de España?
Durante el reinado de José Bonaparte I, también conocido como Pepe Botella, se le pidió al mayordomo mayor de palacio, el marqués de Mos, que las joyas de la Corona fueran entregadas al conde de Cabarrús, secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda, para que pudiera empeñarlas o venderlas en beneficio de la Corona y necesidades públicas.
Cuando los galos invadieron España, las joyas de la Corona fueron robadas. Entre las mismas se encontraban la perla Peregrina y el diamante el Estanque que juntos formaban el conocido como Joyel Rico de los Austrias.
Hasta la muerte de Felipe II (quien fue Rey hasta 1556), acontecida en 1598, todas las joyas de la familia real eran de titularidad privada, por lo que sus propietarios podían disponer de ellas a su antojo.
Felipe II aseguró en su testamento que las joyas de la Corona se podían "vender ni enajenar por ninguna causa, sino que se conserven y se perpetúen y vayan siempre con la sucesión de estos reinos, sin que el sucesor de ellos las pueda para siempre jamás enajenar, donar ni empeñar".
Con el correr de los años, algunos Reyes fueron añadiendo joyas a la colección, pero también vendían otras para adquirir nuevas piezas. Lamentablemente, durante la Guerra de Sucesión, el nieto de Luis XIV de Francia envió a su tierra natal algunas piezas del cofre enajenable para empeñarlas. Por suerte algunas piezas luego retornaron a Madrid.
En la actualidad, los Reyes de España cuentan con lo que se conoce como "joyas de pasar", las cuales incluyen adornos montados con diamantes y perlas que la reina Victoria Eugenia dejó en herencia en 1969 a su hijo Juan de Borbón y Batteneberg, aspirante legítimo al extinto trono de España.
La reina Victoria Eugenia pidió que estas joyas fueran pasadas de generación en generación.






