Pocas veces tenemos oportunidad de reunirnos para escuchar e intercambiar alternativas al sistema actual, es decir, no más de lo mismo sino otra cosa. Y hacerlo en un ámbito que dé cabida a todos, con sencillez y en alpargatas.
Este viernes 31 de marzo comenzará el curso de Economía para todos en la Facultad de Ciencias de la Educación. Como los conocemos, podemos decir que allí se llega hondo y sin enredarnos en la tecnocracia.
Luis Lafferriere, alma mater de la iniciativa, recuerda que la actividad se desarrolla desde 2004, como extensión de cátedras que se dictan en esa Facultad, y ya ha reunido a centenares de entrerrianos, que reciben además un servicio quincenal gratuito de análisis e informaciones llamado Chasqui del Litoral.
"Estamos convencidos de la importancia de comprender nuestra realidad y debatir las formas de pensar y actuar para promover el necesario cambio social", apunta.
La edición 2017 del curso, denominada Economía, sociedad y ambiente es "una mirada crítica, innovadora y propositiva sobre la realidad", y procura "entender la dinámica depredadora del capitalismo actual".
El curso es abierto y gratuito, los interesados son obreros o profesionales, sin distinción, ama de casa, albañil, campesino, docente, no hay que mostrar títulos o conocimientos previos en especialidades, y todos reciben certificados de asistencia y aprobación.
Los encuentros semanales, a cargo de un conjunto de profesionales coordinados por Luis Lafferriere, profesor titular de las cátedras Economía y Periodismo Económico de la carrera de Comunicación Social, se realizarán todos los viernes de 19.15 a 21.30 en la Facultad con sede en Buenos Aires 389, en Paraná, desde el viernes 31 de marzo hasta el viernes 23 de junio, durante tres meses.
***
Manipulación mental
"El capitalismo como sistema económico y social rige hoy la vida humana en casi todo el planeta. Esta forma de organización de la sociedad ha llevado a la humanidad al borde del desastre, por sus impactos devastadores sobre el ambiente y sobre la propia existencia de la amplia mayoría de la población mundial", dice Lafferriere en la invitación al curso. De entrada nomás se ve que es un ámbito crítico del régimen imperante.
"La forma de estructurarse y la dinámica de funcionamiento de este sistema han generado lo que muchos llaman hoy una crisis civilizatoria inédita, que demanda de manera urgente un cambio de magnitud antes de que sea demasiado tarde. Hemos superado varios de los límites que nos impone el planeta para continuar viviendo en él, a pesar de que son muy pocos los privilegiados (apenas un 16% del total) que han generado con su modo de vida insostenible este lamentable estado de cosas, y que han llevado al conjunto de los seres humanos a situaciones catastróficas".
La salud del ambiente, los alimentos sanos, el acceso a oportunidades de trabajo, los riesgos de la energía más usual, los mecanismos del sistema para meternos en sus circuitos, nada escapa a estos cursos participativos.
"La extrema gravedad de la situación requiere de todos nosotros asumir activamente una conducta comprometida y acorde con el necesario cambio social, y para ello debemos comenzar comprendiendo a fondo lo que está sucediendo, y por qué pasa lo que pasa, tanto en nuestro país como en todo el mundo. Pero los viejos instrumentos de la economía convencional no nos sirven para entender el funcionamiento del sistema en el que vivimos. Esa visión se ha construido para ocultar la verdadera esencia del mismo, y es utilizada como mecanismo de manipulación mental que impide que veamos realmente lo que está a la vista de todos, naturalizando los graves males sociales y ambientales que se van generalizando a nivel planetario", dice Lafferriere.
***
Nuestros nietos
"Esta economía convencional, que es la que se difunde en gran parte de los ámbitos académicos, se olvida de dos factores esenciales para que sea posible la actividad económica y la vida en sociedad: las relaciones humanas y el soporte material de esas relaciones que es el ambiente. Con un análisis incompleto, irreal y fantasioso, esa economía convencional considera solo el accionar de un individuo abstracto, con un comportamiento ideal, donde no hay relaciones sociales, y que sólo lo motiva la búsqueda incesante del máximo beneficio sin interesarle ningún costo y sin considerar la finitud de los bienes comunes de la tierra sobre la que se sustenta la actividad económica".
"Por ello, si nos interesa realmente el presente y el futuro, y pensamos que tenemos derecho a una vida digna para todos, debemos reconstruir una visión alternativa, con nuevos criterios y valores, que pongan a la ciencia económica en su verdadero rol, como la disciplina social que aporta en la comprensión de un aspecto clave de la realidad: generar la base material para mejorar la calidad de vida del conjunto de la población y a la vez garantizar la vida para las futuras generaciones".
***
Las organizaciones
El curso está organizado por el Programa de Extensión Por Una Nueva Economía, Humana y Sustentable de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, con ayuda de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos Seccional Paraná y el Centro de Estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres.
Tanto Lafferriere como las y los demás integrantes del plantel de profesores son miembros además de asambleas ecologistas y otras agrupaciones que estudian temas concretos de la economía y la sociedad como el uso y la tenencia de la tierra, los alimentos, la energía, los proyectos de fractura hidráulica, los organismos genéticamente modificados, la salud de ríos y arroyos o la degradación de los suelos, por ejemplo.
Se pueden requerir mayores informes o pedir inscripción en los siguientes correos electrónicos: info@porunanuevaeconomia.com.ar y luis.lafferriere@gmail.com.
***
Decrecimiento
Como un ejemplo de los temas tratados en el curso de Economía para todos, aquí algunos fragmentos del estudioso Daniel Hernández Balbó en defensa del decrecimiento.
Estos párrafos son extraídos de una columna difundida por Chasqui del Litoral (órgano de prensa del grupo que realiza los cursos gratuitos), y tomados de un ensayo publicado por Fuego Amigo.
El autor defiende el decrecimiento y muestra sus riesgos.
Nosotros apuntamos que no se detiene en fuentes milenarias del Abya yala (vivir bien y bello, sumak kawsay, tekó porá, küme felen), ni habla de un retorno a la simbiosis humano/naturaleza, que son líneas de estudios en las agrupaciones del Litoral.
Sin embargo, Hernández Balbó apunta fuerte no sólo contra el capitalismo sino contra organizaciones amigas que siguen con sus planteos consumistas como si no advirtieran el peligro abismal.
Es decir: con los intercambios realizados por muchos sectores en estas décadas, insistir en la idea de que el mayor consumo tracciona la economía y esto beneficia a todos parece, por lo menos, precario.
El autor plantea en cambio la necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles y demuestra que el crecimiento infinito es una farsa. Luego recuerda, con otros autores, que "decrecer" no es "menos de lo mismo" sino otra cosa.
La obra se llama El imperfecto manual sobre cómo vivir bien con menos, y anota de entrada que el decrecimiento es una propuesta anticapitalista.
"La mayoría de partidos de izquierda se decantan por el neokeynesianismo verde", dice. Sin embargo, apunta que según WWF (organización mundial de conservación, con más de medio siglo de trayectoria), "hacen falta los recursos de 1,5 planetas como la Tierra para abastecernos cada año".
"Si para que crezca el producto bruto se tienen que usar más recursos naturales y quemar más combustibles fósiles que generan más emisiones nocivas para el planeta. Si a pesar de que el PIB aumente hay más desigualdad y el trabajo no da para llevar una vida digna, hagamos lo contrario. Decrezcamos. A grandes males, grandes remedios", dice Hernández Balbó.
***
La felicidad
"Quienes defienden las teorías del decrecimiento lo ven claro. El problema es que en la sociedad de hoy el crecimiento va ligado de forma casi inseparable a la felicidad. Es como palabra de Dios. Por eso es difícil pensar que vivir en una casa de adobe rodeado de otra clase de bienes en lugar de en un apartamento lleno de aparatos electrónicos de toda clase sea vivir mejor en un entorno que no nos sea hostil".
"Los científicos investigan y el marketing se encarga de mostrarnos datos tan crudos como que, por ejemplo, hacen falta siete japones para sustentar Japón, o los recursos de 2,8 españas para que España siga adelante al ritmo que lleva. Necesitamos ya, según WWF, planeta y medio 'para brindar los recursos, bienes y servicios ecológicos que usamos cada año'. El Índice Planeta Vivo que elabora esta misma organización cayó entre 1970 y 2010 un 52%. Eso significa que en 2010, de media, correteaban por la Tierra la mitad de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces que en 1970".
Los datos son estremecedores. Entonces Hernández Balbó cita a otros autores como Federico Demaría, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona: "El decrecimiento -dice- es la hipótesis de que podamos vivir mejor, como mínimo vivir bien, con menos".
Y agrega Hernández Balbó: "Hoy el decrecimiento es la búsqueda de la prosperidad sin crecimiento. Según el Diccionario de la Cultura Verde es necesario 'porque el crecimiento económico nos ha llevado a la crisis ecológica' y también 'porque después de un cierto nivel de renta per cápita, no aumenta la felicidad de las personas'. Es anticonsumismo, anticapitalismo. Es aportación del feminismo 'que abre nuevas vías de reflexión, como la conexión entre el mito del crecimiento y la construcción de la masculinidad hegemónica', según escribe Amaia Pérez Orozco, doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid".
Por supuesto, se presentarán consecuencias en los más diversos ámbitos, y no necesariamente encontraremos respuestas para todo. Pero se nota aquí una ruptura con el sistema, desde una actitud libre, con pensadores como estos de la Facultad entrerriana, Agmer y los centros de estudios del litoral, que ven los riesgos extremos del sistema no solo en las multinacionales, los intereses imperialistas, el gran capital, la ciencia misma al servicio del poder, sino incluso en organizaciones que repiten recetas insostenibles.
No siempre lo harán por demagogia, claro. Es que por ahí tardamos en advertir que, como dice Lafferriere, los instrumentos de la economía convencional más que aclarar oscurecen. De ahí la necesidad de una crítica no solo al régimen que impera sino a los modos de conocernos en nuestro entorno, y a la naturalizada escisión ente el humano y las demás expresiones de la vida, es decir, la extirpación del humano de su paisaje.
Trataremos de asistir, claro, a los cursos desde este viernes a la tardecita, en la Facultad.
