La lucha de la mujer por ganar lugares vedados a su género es de larga data, ancestral casi. La sociedad repartió roles en forma muy estricta, y de esa manera se perdieron talentos para distintas disciplinas, que podrían haber aportado muchísimo. En el mundo de la alta costura, la sastrería fue uno de los oficios vedados a las mujeres, pero hay una mendocina que decidió revelarse y romper las estructuras. Se llama Olga Julia Illuminati Gaido, y su historia de vida es apasionante.
Olga Illuminati, la mujer que ejerce un oficio al que pocos se le atreven
Este personaje entrañable del mundo de la indumentaria, muy solicitado por las casa internacionales de indumentaria masculina, soñaba con estudiar medicina, pero los factores económicos y los mencionados tabúes, hicieron que se conformara con prepararse para la vida estudiando corte y confección. Su talento natural y la impronta creativa hicieron que se destacara y realizara una pequeña "rebelión" para, por lo menos, decidir donde aplicar su creatividad: la ropa masculina.
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Las vivencias de Olga, una vez terminada la educación primaria, es muy similar a la de la mayoría de las mujeres que lo hicieron en la segunda mitad del siglo pasado, cuandola madurez llegaba rápido y a la fuerza: estudiar un oficio que sirviera de base para comenzara pronto a aportar dinero a la economía familiar, o luego, como una buena esposa, para sostener un hogar. Acceder a la escuela secundaria, o peor, a la universidad, era casi imposible para la familia media argentina.
Una historia de rebelión en primera persona
"Esta historia viene de cuando era muy chiquita. Vengo de una familia muy particular y yo quería estudiar pero no me enviaron. Me mandaron a una academia que había hace años y ya no está, donde enseñaban muchos oficios, y yo me incliné por la parte de sastrería, que me gustaba más, en vez de elegir ser modista, lo más natural", explicó Olga.
Luego esta mendocina destacada agregó: "Después de que me enseñaron todo lo que era mujer, niño, de todo, pero a mi me gustaba la parte de hombres, la veía más práctica".
La inteligencia y predisposición la ayudaron a ponerse pronto en su propio camino creativo y productivo. "Apenas terminé la primaria comencé a estudiar esta profesión, y a los 16 años ya era profesora. Estudié en la Academia Mendía de Mendoza, que era un escuela muy exigente. Venían las profesoras de Buenos Aires (Academia Central) y nos tomaban los exámenes. Si no estabas para un diez de nota, te reprobaban".
Rompiendo moldes: trabajando en un ámbito masculino
Con la decisión tomada de lo que realmente quería, aprovechó lo aprendido, y cambió paradigmas. "Después de que me incliné a la confección para varones, hice una mezcla de lo masculino con lo femenino en cuanto a terminaciones. Cuándo vieron las terminaciones mías, comparadas con las terminaciones de un sastre, había una diferencia. ¿Cuál era?: que yo implementé terminaciones de mujer en cierto tipo de prendas, especialmente en trajes y pantalones", reveló la muy solicitada sastre (o "sastra", como figura en la RAE).
"Se me ocurrió buscar una forma de darle terminaciones distintas a la ropa, bajo una idea mía, personal. Pensaba: si de fábrica viene así, ¿porqué yo no lo puedo hacer? Si ellos pueden hacerlo, yo también", detalló la creativa que vive y tiene su taller en San Francisco del Monte, Guaymallén.
Sobre sus creaciones en la alta costura, explicitó: "Algunas modificaciones que implementé fueron, por ejemplo en los sacos, acortar mangas, que queden como de fábrica, con el mismo martillo con que vienen, y mejorando la terminación. O acortar el largo (del saco), manteniendo la misma terminación redondeada con que viene, con los pespuntes que se hace a mano, en forma artesanal. Angostar solapas, si los sacos son antiguos, o achicar cuellos", dijo, para continuar detallando: "También, si la persona tiene los hombros muy rectos, se hace un pliegue atrás, en la espalada, lo que se llama 'bajar cuello', o lo que se llama en la jerga de la sastrería 'hacer crochet', algo delicado".
El motivo que mantuvo históricamente alejada a la mujer en general del oficio de confeccionar o adaptar ropa de hombres, es la cierta cercanía física, como puede pasar al tomar medidas o marcar el traje puesto a una persona del otro sexo, lo que años atrás era todo un tabú. Pero Olga cuenta su experiencia y descartó situaciones incómodas: "Nunca tuve problemas con ningún hombre. Al contrario, siempre me ha tocado gente muy respetuosa y educada y he trabajado tranquila y cómoda, en forma natural, como debe ser", puntualizó.
Requerida a nivel internacional
Los trabajos de Olga se hicieron pronto conocidos el expandirse su fama en el recién inaugurado shopping creado por los Pérez Cuesta y que fue el pionero en este tipo de paseo de compras.
"Al principio hacía moldería y trajes, pero luego ya no. Comencé con muchas casas del (Mendoza Plaza) Shopping, y ya no tenía tiempo para hacer trajes, y me dediqué a hacer todo lo que son arreglos, camisería, pantalones, trajes, y toda ropa de hombre. Las casas de ropa de hombres vieron la diferencia de mi trabajo y me buscaron en particular. Yo le hago una especie de puesta a punto de la ropa, y le queda como si estuviera hecha a medida", recordó la mendocina de ascendencia italiana.
Con orgullo la Illuminati -que aclaró que sólo es de apellido, y sin relación con la famosa sociedad secreta- desplegó su foja de servicios verbalmente: "Trabajé con muchas tiendas de renombre a nivel internacional que había cuándo abrió el shopping, como Zara, de los españoles. Cuándo se fueron, me quería llevar a España a trabajar con ellos, pero yo tenía mis hijos en la facultad, y no quise irme".
Amoldada a estos tiempos de crisis económica, donde la indumentaria ha pasado a un segundo (o tercer) plano, la sastre confesó: "Ahora sólo tengo trabajando conmigo a dos personas nada más, y en forma esporádica. Les tengo que enseñar, pero cuesta mucho conseguir gente que quiera aprender este tipo de trabajos".
Una mamá y abuela muy orgullosa por haber sido "sostén de familia"
Para finalizar, habló de su familia y procedencia. "Soy mendocina, nacida acá, pero mi ascendencia es totalmente italiana. Todos mis abuelos, paternos y maternos, son italianos. En mis venas corre sangre italiana de pies a cabeza. Mis abuelos paternos son romanos, y los maternos, son del Norte, de Turín", confesó.
Luego destacó con orgullo de madre -y abuela de dos niños- que "gracias a mi oficio pude darle estudios yo sola a mis tres hijos, ya que soy divorciada. Todos tienen su vida hecha y son profesionales: la más chica es psicóloga, trabaja en el Hospital Carlos Pereyra, tiene consultorio privado, y es muy inquieta. La otra mujer es contadora; y mi hijo, que me dio los nietos, es preparador físico, y estudió en el IEF", concluyó.







