Análisis y opinión

Vendimia y reinados: ya lo dijo la princesita Sofía, de Disney, que "este mundo no es para mi"

Los concursos de belleza -no sólo el de la Fiesta de la Vendimia- están resquebrajados y cediendo vigencia. Aquí y en el mundo

El vodevil que estamos viviendo en Mendoza en torno a si deben seguir existiendo las elecciones de reinas de la Vendimia parece formar parte de esos procesos sociales que se registran cuando algo comienza a resquebrajarse porque ya no da para más y porque no se lo ha tenido en cuenta.

Los ejemplos de la vida real que lo corroboran son variados y van desde la debacle del comunismo de la URSS hasta el cansancio de los televidentes con los programas de Marcelo Tinelli o la impotencia de las terceras fuerzas políticas de Mendoza que parecen traer consigo el germen de su propia destrucción.

Esas implosiones, algunas muy lentas, suceden cuando el propio sistema se deja estar y permite que la presión de las paredes de adentro pierdan fuerza con lo cual terminan cediendo ante la presión de las paredes del lado de afuera que están más potentes. El crash se da entonces hacia el interior y los cascotes caen sobre las cabezas de los que no supieron actualizarse con inteligencia.

Los concursos de belleza -no sólo el de la Vendimia- están resquebrajados y cediendo vigencia. Aquí y en el mundo. Las barbas de esos certámenes están siendo puestas en remojo. En torno al caso concreto de las elecciones de reinas de la Vendimia hay un todavía minoritario pero creciente sentido común que empieza a ganar espacios para cuestionar que la mujer sea medida por su belleza física.

¡Qué boquita, Cielo!

Cuando la sanrafaelina Cielo Giménez les explicó a sus amigos en Instagram que "La Vendimia es una poronga" sugirió muchas cosas. Por ejemplo, que todo el miriñaque protocolar que sostiene esas elecciones es algo apolillado, carcomido, raído. Esta chica, que salió tercera en la elección sanrafaelina, lo que le valió ser además embajadora de la ganadería, aseguró que lo único bueno es que le regalaron un vestido que piensa vender por internet.

Las coronas, las bandas, las capas, los bastones, la vestimenta ridícula, los carruajes todo eso es falso para las nuevas generaciones. El personaje Sofía, de Disney, canta un tema titulado "No estoy lista para ser princesa" que deberían escuchar más de una de las que anhela ser reina de la Vendimia.

A Sofía Grangetto, la reina "obligada" de Guaymallén, seguramente le debe gustar. Sobre todo cuando la canción dice "No quiero normas ni deseo joyas. Esto es una locura. Mami dice que está bien, pero no estoy segura, este mundo no es para mi".

Grangetto, ya fue reina oficial de Guaymallén en 2020. En 2021 no hubo Vendimia por la pandemia. Y a esa Sofía acudió el departamento conducido por Marcelino Iglesias (Cambia Mendoza) cuando hace unos días la Corte lo obligó a presentar una candidata oficial de apuro por haber dispuesto una momentánea suspensión de la ordenanza municipal antirreinas.

¿Tradiciones fosilizadas?

El matrimonio para toda la vida era una institución intocable. El aborto legal era impensable. Los casamientos entre personas del mismo sexo eran un albur. Muchas de esas tradiciones que supuestamente hacían a esencias inamovibles y fosilizadas han sido modificadas, a pesar de las iglesias y de otros factores de poder. La realidad y las necesidades de los ciudadanos, han ido horadando esas piedras.

Lo bueno es que esas leyes no obligan a nadie. Nadie está obligado a divorciarse ni a abortar. Esas normas son para proteger a las minorías o para favorecer necesidades sociales de los nuevos tiempos.

Siguen habiendo matrimonios que duran toda una vida, mujeres que deciden no abortar y casamientos entre mujer y varón. Pero hay leyes y licencia social para quienes no aceptan que les achiquen sus porciones de libertad y decisión.

En el caso de los reinados vendimiales que están bajo la lupa, hay que reconocer la cohesión corporativa demostrada por una mayoría de las ex reinas nucleadas en las Corenave (tanto la versión provincial como las de las comunas) y cuya adalid es hoy la briosa y verbosa Julieta Lonigro, la reina paralela o rebelde o trucha de Guaymallén, que surgió de una elección no oficial realizada fuera de Guaymallén, en Maipú, con ladino apoyo político y logístico del intendente peronista de Maipú.

Para la sanrafaelina Cielo, los reinados son una poronga. Para Julieta, un tesoro de la tradición que no hay que perder. Y para Sofía la reina que no quiere ser reina, pero que se aviene para demostrar que los reinados son una antigüedad, es un mundo que decididamente no es para ella.