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Un terremoto nacional que no se sintió en Mendoza

¿Quién ganó y quién perdió este round? es una de las preguntas. Y otra: ¿cuánto hubo de malestar social? ¿Cuánto de enojo contra la "vieja política"?

Primer round de este atípico calendario electoral todavía en clima de pandemia. Tratándose de primarias destinadas, solamente, a ordenar candidaturas y a limpiar la grilla de candidatos; tratándose de una “gran encuesta”, como suele llamárselas, esto marca el punto de partida para la carrera de verdad, la que culmina en noviembre. Dos preguntas básicas, entonces. ¿Quién ganó y quién perdió este round? Y, segundo: ¿cuánto hubo de malestar social? ¿Cuánto de enojo contra la “vieja política”, contra el establishment?

En materia de ganadores y perdedores, hay que ir bajando por niveles.

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En el plano nacional, las dos grandes fuerzas en pugna buscaban motivos para festejar y transmitir un clima de euforia de cara a la nueva campaña electoral que arranca este lunes. Al oficialismo le bastaba y sobraba con haber ganado Buenos Aires. Como fuese.

No se le dio. Si a eso se le suman palizas varias en distritos preponderantes como Santa Fe y Córdoba, el panorama es realmente oscuro.

Pero nada está dicho. Macri demostró, en 2019, que hay chance de recuperar algo de lo perdido. Pero para un gobierno de doble comando y con un presidente incoloro y macilento, será más difícil.

La oposición de Cambiemos, por el contrario, se siente con los tanques llenos porque redondeó un número global que lo pone cara a cara con su rival. Con ínfulas. Una campanada, después de haber sido desalojado del poder hace solo dos años.

¿Quién, entre todos ellos, consolidó si figura y su proyección? El jefe de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, con el Colorado Santilli como lugarteniente.

Rodríguez Larreta aparece, hasta aquí, como el primero y único precandidato puesto en la línea de largada hacia la presidencia que se dirimirá en 2023.

El Frente de Todos es la cara opuesta. Si antes de las PASO no lograba dar con su numen, ahora todo empeora. Con un agravante: Cambiemos logró, en poco tiempo, poner a Macri, un líder desgastado, en segundo plano. El peronismo no sabe cómo salir de la sombra de Cristina. Barajar y dar de nuevo debería ser la consigna. No se vislumbra por el momento.

Mendoza, previsible

Nuestra provincia era uno de los distritos con menos incógnitas respecto de los resultados principales. Nadie imaginaba otra cosa que un triunfo del oficialismo. ¿Qué faltaba resolver en las urnas? La distancia respecto de la oposición peronista. Y quién será la tercera fuerza, la novedad que suele aportar Mendoza elección tras elección.

La distancia fue la que estaba en los papeles (aquí los encuestadores no fallaron). Unos veinte puntos.

Le queda poco para rumiar a Cambia Mendoza. Ni siquiera necesita imaginar un discurso. La foto conjunta de Cornejo, Suárez y Cobos tracciona por sí sola.

Para el peronismo del Frente de Todos la duda es angustiosa. No cuenta, por arriba, con apoyo nacional; ni por abajo, con aval departamental, porque perdió incluso en sus principales bastiones, San Rafael y Maipú.

¿Cómo renovar lo que no funcionó? Es la pregunta del millón.

Poco brillo de la antipolítica

Se alardeó bastante, en los comentarios previos, acerca del hartazgo de la población con la política tradicional debido a la pandemia, a la crisis económica, a la falta de horizontes. Lo cual presagiaba, más que en otros momentos, la aparición de un cisne negro. O de algunos cisnes negros.

No ocurrió, en líneas generales. Apenas un Milei en la Ciudad de Buenos Aires, con un 13% de los votos. Es lo más llamativo de la vidriera nacional. En la provincia de Buenos Aires no cuajaron ni los Espert ni los Randazzo. Ambos podrían terminar de ser absorbidos por el voto útil de noviembre.

En Mendoza pasó algo similar. La tercera fuerza, como lo describió el gobernador, fue el voto en blanco. Si le añadimos el 25% del padrón que no votó, ese el tamaño de la protesta sin nombre. Nadie pudo aprovechar ese caudal, lo cual ratifica la pobreza de las campañas electorales y de las propuestas alternativas.

Sorprende el cuarto lugar de los Verdes. E indica algo: en cuanto al mensaje ecologista de moda en estos tiempos, los exProtectora resultan más creíbles que el FIT, cuya, cuya onda “verde” como única propuesta “revolucionaria” suena impostada.

Y, por último, el temprano desfallecimiento de la irrupción localista del MendoExit. Abandonaron de plano esa bandera, que quedó en manos de Rodolfo Vargas Arizu, para irse detrás de la antipática cruzada judicial en contra de la postulación del gobernador, un tema caro a Gustavo Gutiérrez, pero de nula repercusión en el electorado.

Ha habido, en suma, un tembladeral en el plano nacional y en algunas provincias.

En Mendoza no tembló. Los cimientos del oficialismo se fortalecieron. Además, porque Alfredo Cornejo, como presidente nacional de la UCR, pudo festejar aquí y en Buenos Aires. Y en el país.

Todo es interrogante para la oposición que hoy encabeza Anabel Fernández Sagasti. Un rompecabezas. Un buen desafío, a fin de cuentas. Tiene la posibilidad única de demostrar que puede ser piloto de tormentas. Que La Cámpora le quedó chica. Que la habitación amplia del peronismo la sigue esperando, le sigue dando crédito como emblema de lo nuevo.

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