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Análisis y opinión

Un misterio: Axel Kicillof, el keynesiano distante

El gobernador Axel Kicillof, un keynesiano que no logró generar la confianza esperada en el territorio bonaerense y está en un verdadero brete

El 10 de diciembre de 2019, al asumir como gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof logró estar, gracias a un solícito asesor, a la altura de las circunstancias. Fue a través de un importante almohadón que ese colaborador logró colocar a tiempo en el sillón desde el cual el mandatario debía dar su discurso de asunción.

El diario El Día de La Plata comentó el hecho y mostró el video de ese momento, que de inmediato se hizo viral. El asunto generó un debate entre algunos lectores kirchneristas que acusaron al periódico de mofarse de una característica física del político (su estatura no efusiva), pero la mayoría lo tomó como lo que era: un detalle singular que desestructuró un acto formal. El propio Kicillof se sonrió con ganas cuando vio que le colocaban "el elevador". Al mes siguiente de haber asumido, el gobernador recibió la siguiente definición de boca de Aníbal Fernández, ex jefe de Gabinete de Cristina y hoy nuevo ministro de Seguridad de la Nación: "Kicillof es un tipo de una enorme estatura técnica, de una enorme disciplina intelectual y ha demostrado que tiene una enorme estatura política". Nada como un peronista jodón.

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Ningún pibe

Kicillof cumple 50 años este 25 de septiembre. Hijo de un psicoanalista y de una psicóloga, tal vez haya recibido de ellos esa sobrecarga de autoestima que a él le ha gustado exhibir desde su paso por el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego en la facultad y que tuvo su clímax cuando fue ministro de Economía en la segunda presidencia de Cristina.

Una de sus especialidades es la de hacerse el duro con los acreedores del país. No está mal como estrategia. Lo que pasa es que se le nota demasiado la impostación. Como ministro hizo su show con los acreedores internacionales, el Juez Griesa de Nueva York y el Club de París. Lo repitió ahora con las deudas bonaerenses, pero siempre, después de esas puestas en escena, termina pagando.

El trabajo cotidiano en la gobernación bonaerense y los resultados poco favorables que ha obtenido en las recientes elecciones primarias en el Conurbano y el interior de la provincia, parecen haberle apaciguado -un poco, tampoco es para tanto- esos aires altaneros.

Baile papelonero

A eso hay que agregar el papelón que Kicillof y Victoria Tolosa Paz protagonizaron tras saltar y bailar para festejar ante las cámaras de TV el supuesto triunfo del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. Eso fue a las 20 del domingo 12 de septiembre. Una hora después los números oficiales los desmentían con esa impiedad que carga a veces la realidad.

Rápidamente hubo que guardar cualquier alusión al proyecto para que Kicillof se macerara como presidenciable en 2023 por si Máximo Kirchner sigue midiendo mal para ese cargo. Por ahora hay que capear este temporal a la espera de que el 14 de noviembre traiga el supuesto milagro de dar vuelta el resultado de las primarias, hoy por hoy un albur.

Para ello el primer paso ha sido renovar el gabinete bonaerense con figuras del peronismo no camporista. Los intendentes peronistas venían advirtiendo que Kicillof no terminaba de conectar con la realidad bonaerense y que gobernaba como encapsulado. Algunos aseguran que no es mal técnico, pero que le falta habilidad política. Que es como decir: tiene universidad pero le falta calle.

Sin pejotismo

En realidad lo que Kicillof no logra generar en territorio bonaerense es confianza. Es distante. Y pese a haber sido profesor, es poco didáctico. Doctorado en Economía, se especializó en Keynes, famoso autor británico que tuvo enorme influencia a mediados del Siglo XX al proponer una fuerte intervención del Estado para equilibrar los desequilibrios del capitalismo.

Eso, sumado al conocimiento que Kicillof tenía de la teoría de Marx y Engels, hizo que algunos analistas lo presentaran (cuando empezó a tener cargos en los gobiernos cristinistas) como "el marxista" que había sorprendido a la Presidenta con su labia habilidosa e izquierdista, muy ajena a la del peronismo barrial y al "pejotismo", término despectivo que Néstor y Cristina usaron durante un tiempo cuando comenzaron a imaginar que el kirchnerismo debía ser una superación virtuosa del peronismo.

Algo extraño sucede en la provincia de Buenos Aires. Kicillof ha tenido una notable asistencia económica y financiera desde el gobierno nacional y, sin embargo, eso después no ha logrado un correlato en la efectividad de la gestión ni ha generado la empatía que se esperaba.

El manotón que, por orden de Cristina, la Casa Rosada le pegó a las finanzas de Larreta en el Gobierno de la Ciudad para traspasarlo a la provincia de Buenos Aires, fue una fuente de oxígeno notable con la que contó Kicillof y que no lució como se esperaba.

Como dijo alguna vez el propio gobernador en una de sus conocidas erratas verbales, lo que pasó es que "no pudió".