ver más

Tiempos mamarrachescos

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

"Casi mamarrachesco". Así definió Jorge Asís el nivel de confrontanción política que existe hoy en la Argentina. Según este opinólogo de estaño, cualquier cosa que se proponga en el país, no sale. Y mire cómo argumentó su postulado en Animales sueltos: "Casi no hay fe, ni para discutir". Terrible. Una verdad digna de un gran tango.

Asís es un abonado al artificio verbal, pero hay que admitir que a veces brilla, incluso en el cinismo. Cómo olvidar cuando en los ´90 se pegó al menemismo y logró que lo nombraran embajador argentino ante la Unesco, con sede en París. Asís explicaba esa conversión dando el siguiente argumento: "soy portador sano de menemismo".

Lo mamarrachesco es una cosa sin formalidad, sin compostura, algo que no merece ser tratado en serio porque está mal hecho y no tiene valor.

Pero también un mamarracho es una especie de desahuciado, algo o alguien sin futuro. A fines de los años ´60 Los Iracundos nos machacaban con una pegadiza canción que decía "soy un mamarracho, vendedor de soledad".

La pincelada de Asís hace foco en la imposibilidad no ya de entendernos en los grandes temas del país sino simplemente de comenzar a debatirlos. ¿Será que de uno y otro lado de la grieta estamos flojos de papeles?

Pinta venganza

Otro pico de oro, el ínclito gurú político Jaime Durán Barba, dio en Perfil otros indicios de por qué la Argentina se ve desde afuera como algo mamarrachesco: dice que crece la idea de que aquí se usa el poder para venganzas personales, que se insiste en atropellar las instituciones, y en mantener posiciones equívocas frente a las dictaduras como las de Venezuela o de Cuba.

El ecuatoriano repara en otro ejemplo singular para intentar explicar que atrasamos. Y menciona el remplazo de símbolos ecologistas en los billetes que traían animales por otros donde aparecen políticos con supuestas ligazones con el nazismo, siendo que las nuevas tendencias políticas señalan un creciente auge de los partidos con conciencia verde (sentida o simulada).

Como si fuéramos pocos

Si hay algo que nunca nos va a faltar a los argentinos dentro de esa tendencia mamarrachesca es la vocación para abrir frentes de batalla donde no se necesita generarlos.

¿Cómo puede entenderse, si no, la carta abierta al presidente de la Nación que Madres de Plaza de Mayo, o mejor dicho Hebe de Bonafini, envió este 14 de julio, cuestionándolo por haber mantenido un diálogo primero con empresarios y luego con senadores y diputados de Juntos por el Cambio, esto es radicales y macristas elegidos por el voto popular, dentro de la ronda de intercambios que Alberto Fernández ha abierto con las fuerzas políticas para debatir cómo encarar la salida de la pandemia?

Bonafini dice sentirse "agraviada, herida y con profundo dolor" porque Alberto Fernández "ha sentado a su mesa a todos los que explotan a nuestros trabajadores y trabajadoras y a los que saquearon el país. Y lo más grave de todo: a los que secuestraron a muchos de nuestros hijos e hijas que luchaban por una patria liberada".

¿Tiene algún valor político esta nueva mamarrachada de Bonafini? No ayuda a nadie. El análisis más básico indica que no guarda ninguna compostura en un país que está necesitado de un diálogo sincero y frontal pero respetuoso.

El escritor italiano Leonardo Sciascia, nacido en Sicilia y hombre de izquierda, decía que su "paese" encerraba una metaforización del mundo caracterizado por los intereses particulares, de allí la preminencia de la mafia. Para muchos de sus paisanos sicilianos la "famiglia" era el Estado. Ese es el parentesco que primaba y no los intereses generales ni el bien común.

MÁS LEÍDAS

Temas relacionados