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Análisis y opinión

Schiaretti, el hostil que insiste en diferenciarse

El Presidente acusó al gobierno de Córdoba "de querer diferenciarse todo el tiempo del resto del país". Y produjo el efecto contrario al buscado

"El Presidente adora a los cordobeses" explicó en modo comadre la portavoz de la Casa Rosada, Gabriela Cerruti, al tratar de bajarle el tono al balurdo que se armó cuando Alberto Fernández trató a Córdoba de "terreno hostil" (para el Gobierno nacional) y convocó al gobernador Juan Schiaretti a ser parte de la Argentina y a dejar esa costumbre de "querer diferenciarse todo el tiempo del resto de la Nación".

"De una vez por todas Córdoba tiene que integrarse al país", fue la expresión del mandatario, como si hablara de las Islas Malvinas y no de una de las principales provincias argentinas, absolutamente integrada desde que somos nación independiente.

¿Por qué va a estar mal que Córdoba quiera defender su singularidad? Tiene con qué. Somos un país federal y las buenas particularidades que existen en las provincias son beneficiosas porque terminan fortaleciendo a la Nación. De la misma manera que las provincias más atrasadas y feudales, con Formosa a la cabeza, terminan afectando al país.

Furia unitaria

Lo que ocurre es que el kirchnerismo está acostumbrado a manejarse con las provincias que le son fieles y que viven casi exclusivamente de la coparticipación nacional de impuestos y de los Aportes del Tesoro Nacional (la abanderada es Formosa), llamadas "feudales" por la falta de desarrollo económico y su escaso nivel político abonado por reelecciones eternas y un clientelismo feroz.

Los presidentes suelen volverse centralistas y temerosos de que los sellos distintivos de las provincias más desarrolladas ("las hostiles") les quiten poder y por eso mutan en unitarios furiosos.

Córdoba, al igual que Mendoza, podrán tener muchos piojos pero no son provincias feudales. Por el contrario, tienen diversificada su economía y fomentan el empuje privado. En Mendoza ningún mandatario se ha convertido en caudillo ni le ha transferido el poder a su esposa. Es que al no haber reelección del gobernador tienen que apoyarse en el partido al que pertenecen y no en el apellido de ningún dirigente.

Sin romper lanzas

Eso les permite la buena costumbre de discutirle a la Nación las cosas que no comparten. El ejemplo más reciente fue el de las diferencias entre el Presidente y el gobernador de Mendoza respecto del manejo de la cuarentena extrema que hizo la Casa Rosada en la pandemia y que terminó afectando a la economía, a la educación del país y a los nervios de medio mundo.

El cordobés Schiaretti y el porteño Larreta fueron otros de los gobernadores o jefes de Gobierno que discreparon públicamente del larguísimo confinamiento. Y lo hicieron a su modo, sin romper lanzas ni desconocer la figura presidencial.

El gobernador de Córdoba, Schiaretti, es un peronista no kirchnerista que tiene la costumbre de diferenciarse. Hoy exhibe 64,8% de imagen positiva según una reciente encuesta de CB Consultora de Opinión Pública. En cambio los tres gobernadores con peor imagen en el país son oficialistas y socios del Presidente: Alicia Kirchner, de Santa Cruz, con 55,4% de imagen negativa; Omar Perotti, de Santa Fe, con 53,3%; y Axel Kicillif, de la provincia de Buenos Aires, con el 52,9%.

"Queremos a Córdoba integrada al país de una vez y para siempre", expuso el Presidente. Eso es como decir: apichonada, dependiente, y sin espíritu diferenciador. Solo quien no conozca la idiosincrasia de esa provincia puede soñar a Córdoba con ese tono.

La Docta

Si, como dice la portavoz Cerruti, el Presidente "adora" a los cordobeses, el jefe de la Casa Rosada no debería decir que dicha provincia es"terreno hostil" porque, sobre todo, esa provincia es mucho más que sus circunstanciales gobernantes.

Córdoba es su gente, su pujanza, sus pymes, sus industrias, sus artistas, su riqueza turística, su historia universitaria, sus aportes reformistas, sus protestas durante las dictaduras, su humor, su tonada.

La portavoz Cerruti trató de justificar al mandatario afirmando que esos dichos sobre Córdoba los había expresado en una reunión informal con kirchneristas de La Docta cuando recién llegaba de su reciente viaje a Europa, es decir, que los atribuyó al jet lag, esa resaca que dejan los vuelos internacionales. Sea como fuere, lo cierto es que los dichos del Presidente han servido, en realidad, para consolidar el orgullo de ser cordobés.

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