“Hasta el final del invierno estaremos en cuarentena sustentable”, ha dicho el ministro de Salud, Ginés Gonzalez García. Se lo traduzco: no se hagan los rulos, esto va para largo.

¿Y con eso de sustentable que catzo quiso decir? Creo que opinó que la cuarentena debe tener sustento, es decir que tiene que estar justificada por razones demostrables.

Para Alberto Fernández esas razones para seguir con  el aislamiento, subsisten; aunque con algunos atenuantes, como la de darle un poco de aire a la desfalleciente economía y sofrenar el malhumor social.   

Es decir que la sustentabilidad de la cuarentena tendrá en cada uno de estos meses sus particularidades según se vayan permitiendo actividades comerciales, industriales, sociales o recreativas al ritmo que lo permita la pandemia.

“El final del invierno” es el 21 de setiembre, con lo cual si se cumplen los pronósticos de Ginés, habremos pasado seis meses o más confinados de alguna u otra forma.

La esperanza es que como este ministro ya la pifió fiero cuando en febrero nos dijo que la peste iba a llegar aquí recién en el invierno, ahora se la mande de vuelta y el Covid 19 termine antes. Pero todo indica que el Gordo –perdón por la confianza, ministro- está vez tendrá razón.

Tein que trocar

¿Vio que se dice que el virus está sacando lo mejor y lo peor de nosotros? Aquí se habla mucho de macroeconomía, pero pocos hacen foco en algunos indicadores más entendibles de la crisis.

Un ejemplo es el resurgimiento en la Argentina de los clubes de trueque, que esta vez para estar a tono y no tener problemas legales resurgen a través  de whatsApp y otros canales virtuales.

El trueque fue uno de las puntas del iceberg que significó la crisis del corralito y del default en 2001-02. Pero en aquella ocasión tuvo tal desarrollo que terminó fagocitándose su esencia de clubes solidarios.

Consuelo de tontos

Lo bueno de navegar en estos días por los diarios del mundo es comprobar que no estamos solos en la debacle. En Chile, por caso, hay flor de escándalo con la rumbosa encuestadora que dijo que el presidente Piñera había duplicado sus índices de aceptación, pasando del raquítico 12% a un 25%.

Ahora otras encuestas han coincidido que esa cifra estuvo súper inflada y que en realidad el aumento de imagen positiva es de solo un punto, es decir que llega al 13%. La empresa de sondeos, cuyo principal cliente es el gobierno de Piñera, habría moldeado de manera escandalosa los números.

Billetera mata español

En Europa el malo de la película en tiempos del virus ha resultado ser el primer ministro de Holanda (o Países Bajos) Mark Rutte, al punto de que Angela Merkel, que solía oficiar de la avara a la hora de frenar los gastos de algunos socios de la Comunidad Europea, parece ahora a su una abuela dadivosa alemana.

 Tanto Rutte como Merkel, son los que tienen que mediar entre los países moderados o severos en el gasto, es decir los del norte de Europa, frente a los gastadores del sur.

Entre éstos últimos están, entre otros, España e Italia, dos de las naciones más afectadas por la pandemia, las que se han visto obligadas a pedir ayuda financiera urgente a la administración central de la Unión Europea.

El aludido Mark Rutte, frío y calculador, es el que ha encabezado la cruzada para obligar a nuestros queridos tanos y gallegos a que se comprometan a ser más austeros y  previsores si quieren  recibir el salvavidas del Banco Europeo.

Por estas horas es viral un video en el que un obrero de Holanda le pide a Rutte en plena calle que no les suelte ni un euro a “esos italianos y españoles”.

“No les des dinero” insiste el trabajador. Rutte, en medio de una sonora carcajada, le levanta su pulgar en signo de aprobación. La frase de cabecera de Rutte es: “no puedes gastar más plata de la  que generas”.

Italianos, españoles. ¿Se da cuenta, lector, de donde provienen algunos ingredientes de nuestro ADN a la hora de manejar dineros públicos?