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Queja estúpida: ¿por qué los medios se enteran primero?

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

A veces quisiera que alguien me explicara por qué es tan terrible para la política que sus protagonistas se enteren de las cosas "por los medios". Muchos de ellos viven esa situación como una intromisión (de la prensa) o una traición (de algún partidario).

A ver: ¿por qué los medios de difusión no deberían conocer primero las cosas que ocurren, siendo que muchas veces los periodistas tienen más habilidad que los propios políticos para enterarse de las asuntos que se están cocinando?

Los otros días leí que un político declaraba: "nos enteramos de las novedades por los medios. Y la política no quiere eso". ¿Qué? ¿Se da cuenta lector, lectora, de la estupidez que encierra esa idea? Ese tipo está diciendo que él no quiere que la prensa actúe libremente.

Pregunto, entonces: ¿Qué quieren los políticos? ¿No mover el traste, no dialogar, no negociar, no tender puentes, no estudiar, no trabajar de político, pero -a la vez- que ningún periodista pelmazo (pero avispado) se entere antes de las cosas y las cuente?

Otra queja habitual en los dirigentes es la siguiente: "No quiero enterarme por los medios". Y hay otra más específica: "no quiero enterarme por los diarios".

Los brutos

Ocurre que en este último concepto se encierra parte de la ignorancia que poseen varios componentes de la clase política sobre la labor de la prensa que fija la Constitución argentina.

Todas las constituciones liberales de los países civilizados resguardan ese derecho, aunque es sabido que algunos gobiernos los respetan más que otros y que hay sociedades que son más conscientes de que defender la libertad de prensa es un reaseguro para sus ciudadanos.

Algo que sorprende es que todos aquellos dirigentes que cuestionan "a los diarios" por "primerear" algunas noticias, no digan lo mismo de las redes sociales. Por ejemplo no cuestionan con igual énfasis a Twitter o Faceboook si es que se enteran de alguna novedad política en esos sitios.

Sin embargo no lo dicen debido a que si "algo" sale en un diario, ellos saben que seguramente es cierto. Las redes, en cambio, generan mucha verdura.

Los diarios (digitales y de papel) mantienen, en líneas generales, la tradición de que las informaciones se chequean, se cotejan y se analizan antes de transformarse en noticias. Es muchísimo más difícil encontrar una noticia falsa (fake news) en un diario. En cambio, en las redes es harto habitual.

Lo ideal, lo legal

En el fondo de sus corazones casi todos los gobiernos desearían gobernar sin que los periodista anden relevando información en el centro del poder y en el resto de las reparticiones públicas.

Sin embargo los buenos dirigentes políticos saben que -en el fondo- esas pesquisas que ordena la Constitución son muy buenas para la salud de sus administraciones. Comprenderlo es para ellos actuar en defensa propia. Es ley: el periodista molesta e inquieta.

Militancia no es periodismo

En los últimos 17 años, sobre todo con la grieta entre kirchnerismo y antikirchnerismo, se ha acentuado la idea de que la prensa no adicta a Néstor Kirchner, en su momento, y a Cristina Fernández después, está domesticada por grupos económicos hegemónicos, lo que ha dado lugar a costosos e improductivos multimedios K, manejados por comunicadores militantes que pagamos con nuestros impuestos.

Antes de morir, Juan Domingo Perón admitió públicamente que cuando el peronismo tuvo a la prensa en contra, ganó todas las elecciones. Y cuando sojuzgaron a la prensa, encarcelaron periodistas y nadie podía criticarlos, fracasaron con estrépito.

Así como la riqueza de un país no la hace el Estado sino la actividad privada al generar innovación y millones de puestos de empleos, así también al verdadero periodismo, el que controla, el que investiga, el que saca chanchullos a la luz, no lo hace una entente de medios estatales militantes sino el periodismo que mantiene independencia de los gobiernos de turno.

El periodismo real no está exento de defecciones ni de errores. Ni mucho menos. Pero tiene a su favor que no lo mantienen los contribuyentes que pagan impuestos sino la libertad de los consumidores que abonan por un diario, una señal de cable, o internet, y a los que nadie obliga a ver o leer tal o cual cosa.

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