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Que no paren las rotativas, aunque ahora sean digitales

En 1971 dos diarios dieron una batalla contra el gobierno de Nixon que pretendía prohibirles la difusión de papeles reservados. Y la Corte les dio la razón

"La prensa sirve a los gobernados, no a los gobernantes". Esa frase, conmovedora para cualquiera que se sienta parte de los intereses de la democracia y de la república, pertenece a Hugo Black, ex miembro de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos desde 1937 hasta 1971.

Nos la recuerda uno de los personajes de la película The Post, de Steven Spielberg, film que recrea la batalla legal que en 1971 libraron los diarios The Washington Post y The New York Times ante la embestida del gobierno de Richard Nixon para impedir que se conocieran los denominados Papeles del Pentágono, documentos oficiales que demostraban cómo varios presidentes de los Estados Unidos (incluido Kennedy) habían intervenido durante dos décadas en Vietnam mintiéndole a la población sobre los reales motivos de esa guerra.

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Los jueces consideraron que un gobierno que miente deliberadamente a sus ciudadanos comete un delito mucho mayor que el de difundir papeles reservados y enfatizaron que la libertad de prensa está por encima ya que fue pensada por los "padres fundadores" de los Estados Unidos para controlar al poder.

La Corte norteamericana falló a favor de los dos diarios ya mencionados con el voto favorable de 6 de los 9 miembros del máximo tribunal, del que formaba parte el mencionado Black.

Aquellos papeles

Hace unas noches volví a ver The Post, y otra vez me emocioné en esa escena en la que los jefes de las rotativas del diario finalmente reciben la orden de que arranquen las máquinas y que salga a la calle una histórica edición que revelaba aspectos de los Papeles del Pentágono, a pesar de las amenazas del gobierno y de las prevenciones de los propios abogados de la empresa, que no lograron doblegar a la dueña de la firma, Katharine Graham, ni al al editor general del medio, Ben Bradlee.

Ambos se convirtieron después en leyendas del periodismo, sobre todo porque al poco tiempo llevaron adelante otra investigación periodística, la del espionaje del gobierno de Nixon al Partido Demócrata en el edificio Watergate, que obligó al mandatario a renunciar.

La idea de que los mandantes -no los mandatarios- deben ser los principales beneficiarios de la prensa independiente está muy cascoteada en estos tiempos por gobiernos autoritarios (cuando no corruptos) de varios países que no aceptan el control de los medios privados, siendo que está fijado en sus constituciones, al mismo tiempo que han rebajado o desvirtuado la tarea de los organismos oficiales encargados de auditar a los que mandan, como las oficinas anticorrupción, entre otras.

Alzamiento político

La política (léase los poderes ejecutivos) vienen exhibiendo en muchas de estas naciones serios problemas de respeto no sólo al periodismo crítico sino a la Justicia, al tiempo que insisten en convertir a los poderes legislativos en especies de escribanías que deben dar fe de los proyectos del Ejecutivo.

Ello no significa desconocer los problemas de prestigio y credibilidad que arrastran tanto los poderes judiciales y legislativos, pero es fundamental que la independencia de esos poderes vuelva a ser un tema central del republicanismo.

Si estos dos poderes no estuvieran tan abducidos por los hiper presidencialismos del poder ejecutivo, y retomaran los sistemas de controles, la prensa independiente seguramente volvería más afianzada a su tarea de auscultar al poder, aunque ya sabemos que a veces son las adversidades (la furia de Nixon al no poder domar a los principales diarios de su país, por ejemplo) las que dan muy buenos resultados.

Ni las teorías extremas de las fake news (noticias falsas), un concepto que ciertos políticos han trasladado desde las redes sociales a la prensa independiente para acusarla por sus críticas a los gobiernos, ni los "observatorios" de medios con que el poder pretende amedrentar, tienen buenos augurios por la simple razón de que la prensa que sirve a los gobernantes en desmedro de los gobernados, cae tarde o temprano por su propio peso.