Las extraordinarias marchas y expresiones en contra del uso del cianuro en la explotación minera han dejado unas cuantas enseñanzas.
Además de la defensa del agua, semejante acción ciudadana ha puesto en claro que la democracia está cambiando drásticamente su mecanismo de toma de decisiones, al menos en cuestiones sensibles del sentimiento popular.
Rodolfo Suarez lo ha vivido en carne propia, y supo dar un paso atrás al comprender que no tenía sentido seguir insistiendo con una de sus propuestas de campaña. Machacar con la idea le hubiera lesionado su caudal de poder y la gobernabilidad, a pocos días de comenzar su mandato.
¿Tan grande fue el error de cálculo? Veamos: Suarez propuso sin sobresaltos, cuando era candidato, una estrategia de crecimiento para Mendoza.Explicaba que venía creciendo menos que la Nación desde hace dos décadas y que había que ampliar la matriz productiva para paliar la pobreza y el desempleo. Y advertía que había que generar recursos para invertir en la tecnificación del agua, cada vez más escasa.
Suarez no estaba solo en esa prédica. Anabel Fernández Sagasti, aunque menos enfática, también auspiciaba la minería metalífera.
Después del respaldo de las urnas con el 52 por ciento de los votos, sumado el apoyo de casi todo el peronismo en la Legislatura, el gobernador apuró la iniciativa sin dudarlo. Es de suponer que el mandatario tendría en claro que la minería metalífera cosecharía rechazos en la población, pero se ve que no calculó la magnitud ni tampoco la capacidad de movilización que hoy se puede lograr a través de las redes sociales.
Alfredo Cornejo siempre dijo que la explotación minera con el uso de cianuro no tenía licencia social y, en consecuencia, nunca se metió con la 7722. El ex gobernador libró otras batallas controvertidas, como la aplicación del "item aula", pero para ello contó con el consenso de padres y de parte de los docentes. También reglamentó el "fracking", con una resistencia menor al tratarse de un método de extracción del petróleo, actividad minera centenaria en la provincia que no tiene los mismos reparos de la población.
Rodolfo Suarez pensó que con la legitimidad del triunfo electoral y con la amplísima votación legislativa alcanzaba para avanzar en el proyecto. Luego, mediante un desarrollo acotado, con eficiencia técnica y controles ejemplares para el mundo, lograría demostrar a los mendocinos lo virtuoso de la actividad.
No tuvo esa posibilidad, porque primero debía convencer y, si lo conseguía, recién entonces podría cambiar la norma tan valorada. No al revés.
Nuevo paradigma en la comunicación política
El ejercicio del poder está cambiando. No siempre las decisiones pueden adoptarse de arriba hacia abajo. Existen variados ejemplos, como la resistencia del campo a la 125 en el primer gobierno de Cristina. Aquella vez fue el voto "no positivo" de Julio Cobos lo que provocó el desenlace. En esta oportunidad se valora la decisión tomada por el propio gobernador que no cayó en la tozudez que muchas veces se observa en los gobiernos, lo que termina empeorando las cosas.
Otra experiencia rotunda sucedió cuando la Corte falló a favor de la aplicación del 2x1 en el caso de un represor, y luego debió dar marcha atrás ante el repudio generalizado. El pueblo lo hizo y las redes fueron el catalizador. Del mismo modo, marchas como las del "Ni una menos", y tantas otras, fueron promovidas por todas las aplicaciones posibles. Y la experiencia de Chile también está demasiado cerca.
En el mundo de las nuevas tecnologías de la comunicación, el voto popular sigue otorgando la legitimidad de origen a los gobernantes, pero las decisiones de fondo hoy tienen otras formas de coparticipación. A los medios tradicionales, se ha sumado la posición de todos los involucrados que se viraliza de manera incontenible consagrando un clima complejo de revertir para el poder formal institucional.
Los acuerdos cupulares y las decisiones a sola firma empiezan a tambalear, al menos en las cuestiones más sensibles.No importa si lo que circula en las redes tiene mayor o menor rigor cuando el humor social se hace sentir.
Desde siempre el mendocino predicó el rechazo a la minería metalífera con el uso de sustancias consideradas tóxicas y, a través de las redes, se acentuó la creencia de que contaminarían el agua, se llevarían la riqueza y nos dejarían el pasivo ambiental.
No fue por las amenazas ni agresiones de grupos minúsculos que se cayó la nueva ley antes de caminar. Tampoco el problema fue el temor al escrache de quienes se animaran a fundamentar en sentido contrario a la corriente, como se afirmó. Esa norma nació muerta por falta de consenso social porque primó el miedo a la contaminación. Es decir, era legal pero no legítima. Cuando la mayoría votó a Suarez para la gobernación ponderó un conjunto de cuestiones, pero quedó evidenciado que la gente no estaba plebiscitando la minería.
La legitimidad de origen del gobernante no es lo mismo que legitimidad de gestión, hoy mucho menos que antes de la era de internet. La democracia representativa no ha sido abolida ni nada por el estilo, lo que sí es indudable es que ahora existen mecanismos a mano de los ciudadanos para hacerse escuchar. Esto no significa que cualquiera y en cualquier momento pueda provocar un zamarrón con un chistar de dedos, pues debe existir una predisposición en lo profundo del imaginario social.
Si bien sería falaz afirmar que el pueblo hoy gobierna con prescindencia de sus representantes, es cierto que es capaz de entretejer una suerte de deliberación colectiva. No viene al caso si esa deliberación cabalga sobre un mito o si se basa en una típica posverdad incontrastable. Lo evidente en toda esta movida es que ha emergido una nueva forma de interpelación a la política tradicional.
"El agua no se negocia"
El conflicto deja varias enseñanzas, decía en el arranque de esta columna. A la fuerza, empezamos a comprender que el agua es escasa y debemos cuidarla. Pero eso, y el rechazo al cianuro, no implica concluir que tengamos cabal conciencia ambiental.
Algún día saldremos a militar el que no tiremos basura a las acequias, hoy llenas de mugre por ser depositarias de cualquier porquería. O a plantarnos frente al millar de industrias que vuelcan sus efluentes a los canales sin habilitación.
Bregaremos, quizás, por la eficiencia en el riego: Irrigación contabiliza pérdidas por infiltración en los canales matrices en el orden del 10 por ciento, más del doble en los canales de conducción menores, y entre un 30 y 70 por ciento de despilfarro por el método de riego a manto en la agricultura, una actividad que en conjunto consume más del 80 por ciento del volumen de agua disponible. La situación tiende a empeorar al ritmo del cambio climático.
El sistema de distribución del agua potable también necesita una fuerte inversión por la obsolescencia de los acueductos, cañerías y la falta de presión. En fin, nada se podrá lograr sin conciencia de los problemas, uso racional del agua, e inversión en pos de la eficiencia. El real cuidado del agua no se logra sólo con consignas, sino con acciones consecuentes.
Simultáneamente, habrá que entender que Mendoza debe repensarse porque no todos sus males provienen de la macroeconomía del país. Según estudios de la UIM, la FEM y el CEM, el Producto Bruto Geográfico de la Provincia bajó su participación en el PBI nacional del 3,9 al 2,8 por ciento en el período comprendido entre 2004 y 2016.
Superada la crisis de la ley minera, el gobernador tiene una agenda enfocada en la creación de empleo de calidad mediante acciones múltiples.
La matriz productiva de Mendoza no se agota en la minería. Habrá que trabajar en todas las áreas, muchas de ellas novedosas que van madurando en la Provincia. Otras, como el desarrollo del aceite de cannabis para uso medicinal también puede provocar un impacto en términos de regalías, de acuerdo con lo que manifestó el gobernador en nuestro programa Séptimo Día.
Rodolfo Suarez deberá retomar la iniciativa sin perder tiempo, con prisa y sin pausa.




