Diario Uno > Política > Estado

Por derecha e izquierda, toman para el churrete el derecho a peticionar

Crece un fenómeno preocupante: los ciudadanos no pueden hacer reclamos con manifestaciones pacíficas sin que se les acoplen los activistas violentos de los extremos políticos

La militancia ultra ha vuelto a escena. Por derecha, con el asalto al Capitolio de Washington liderado por los activistas que se hacen llamar "proud boys" (muchachos orgullosos), que responden a Donald Trump. Y por izquierda con la violenta presión que vienen ejerciendo los grupos anarquistas, y de lo cual pueden dar fe varios países, desde Francia hasta Brasil, con el creciente ejemplo de los "black blocs" (que se visten de negro, tapan sus caras y actúan en bloque).

Mendoza fue hace pocas semanas escenario para anarquistas radicalizados, aunque aquí aún no se presentan bajo la denominación de "bloque". La prueba más palpable la constituyó el ataque a los edificios de los tres poderes del Estado provincial cuando finalizaba la manifestación que el 18 de diciembre pasado reclamó justicia por el femicidio de la adolescente Florencia Romano.

Te puede interesar...

Las llamas que quemaron parte de la Legislatura no deberían ser olvidadas con desdén. En las fachadas de la Ciudad quedaron estampados, como una advertencia, esos símbolos de la letra A dentro de un círculo, marca característica del anarquismo.

Rehenes

El sociólogo francés Michel Wieviorka analizó hace poco en la revista Ñ un fenómeno singular que se ha extendido en Francia: en la actualidad no se pueden realizar manifestaciones legítimas y pacíficas sin que se les acoplen actores violentos.

Esto genera una gran distorsión del derecho a peticionar porque los manifestantes no tienen la fuerza para impedir el accionar de los ultras. Ahora los más violentos de París ya no son los chalecos amarillos sino los black blocs que se precian de antisistema, anarquistas, anticapitalistas pero también de antifascistas, aunque muchas de sus acciones tienen un tufillo bien fascista.

"Lo concreto es que los anarquistas de ultraizquierda terminan tomando de rehenes a los manifestantes y sus luchas", ha resumido la periodista argentina María Laura Avignolo que trabaja en Francia. Lo del Capitolio de Washington fue mucho más serio porque los activistas ingresaron con violencia a esa institución (que es símbolo de la democracia) con el aval de Trump que los llamó "patriotas".

Fíjese lector/a, que en el caso de las fuerzas de choque de Trump tenemos a un grupo antisistema de ultra derecha manejados por un capitalista populista. Así, apenas uno se ocupe de informarse sobre estos grupos se encontrará con varias contradicciones.

Supremacistas

En Estados Unidos algunas versiones de los black blocs tienen una preminencia antifascista. Uno de esos subgrupos más conocidos se denomina Antifa. Buscan atacar a los supremacistas blancos que idolatran a Trump pero también cuestionan a la policía racista. En otros países el objetivo de los blocs es atacar la noción de Estado y de "lo establecido" por eso usan tanto el vandalismo contra reparticiones simbólicas del Estado al igual que contra bancos o sedes corporativas privadas.

Los black blocs, que son una organización horizontal, aprovechan de que hoy muchas de las principales protestas son realizadas por las nuevas entidades de la civilidad (del tipo Ni una menos) y no por las viejas organizaciones sindicales que sí tienen un accionar verticalista, con líderes concretos y visibles. Las marchas contra la violencia de género son más fáciles de ser "infectadas" que una de los metalúrgicos.

Una pata floja de estos grupos es su utilización del vandalismo, algo que la mayoría de la población rechaza de manera tajante. Para ellos "vandalismo es el abandono de la población por parte del Estado". He ahí otra contradicción: por un lado combaten al Estado (recordemos que una de las esencias del anarquismo es la ausencia de autoridad o gobierno) y por el otro exigen un Estado más presente.

Ausencia de debate

Así como los actores sociales no tienen la fuerza para impedir que los ultras les arruinen sus reclamos, así también la clase política no exhibe el nervio y el talante necesarios para comprender y evitar a tiempo esos hechos de violencia. Los objetivos de las instituciones del Estado de ser intermediarias, mediadoras y generadoras de buen debate, no se están cumpliendo.

Es más, algunos achacan esa falta de mediaciones en la sociedad, a la excesiva concentración de autoridad en el Poder Ejecutivo de las repúblicas, en detrimento del Legislativo y del Judicial. "Es como si los presidentes dijeran que ni la Justicia ni el Parlamento deben ser obstáculos para su acción", ejemplificó el sociólogo Wieviorka.