El 10 de diciembre de 2019 Rodolfo Suarez llegó a la gobernación sin haber tenido mayores obstáculos en su tarea como intendente de la Ciudad de Mendoza, salvo aquella vez que un grupo de sindicalistas lo echó del acto de reinauguración de la plaza España. Pero fue entrar a la Casa de Gobierno y empezar a vivir una serie de contratiempos en la gestión.
Política en tiempos jodidos, o la pasión según Rodolfo Suarez
Fue algo así como "la política en tiempos jodidos", que incluyó problemas inesperados y conmocionantes (la pandemia); algunos netamente políticos (la tirante relación con el Gobierno nacional y el kirchnerismo mendocino); y otros de corte interno (la demora en hallar mecanismos aceitados para mejorar la capacidad de negociación).
Esos avatares arrancaron -recién asumido Suarez- con el alzamiento de ambientalistas ultras contra la ley que había reabierto la minería en la Provincia. Ante el desborde de las manifestaciones, Suarez decidió anular la norma que habían votado radicales y peronistas, porque no había logrado tener "legitimidad en el pueblo". Así fue que derogaron la Ley 9.209, que iba a dar un vuelco a la economía provincial, y repusieron la ley antiminera 7.722 "para restablecer la paz social". Esa decisión fue como un sello de lacre para la naciente gestión.
El gobernador había pactado la nueva ley minera con el peronismo antes de asumir, pero no le había puesto el oído fino al runrún ambientalista, cada vez más extremista, ni le dieron los tiempos para hacer docencia ante la población sobre minería no contaminante.
En diciembre pasado, al cumplir tres años de gestión, Suarez anunció a la población que la presa Portezuelo del Viento, "la obra del siglo" en Mendoza, no se iba a construir como resultado de una componenda del presidente Alberto Fernández y La Pampa que trabaron el inicio de esos trabajos.
En el medio, la pandemia registró una dura confrontación entre la Provincia y la Nación por las formas en que debía manejarse esa peste. Suarez bregó para que no se frenara la economía, para tener abiertas las escuelas y para conseguir vacunas sin demorarse en pruritos ideológicos, mientras que Alberto Fernández propugnaba todo lo contrario. La realidad terminó dándole la razón al mendocino.
De adentro y de afuera
Si bien una parte de los inconvenientes de gestión se debieron a causas externas, muchos otros fueron propios. Los ejemplos más claros de estos últimos fueron los fracasos de los proyectos de reforma de la Constitución provincial y el destinado a una nueva Ley de Educación, por ausencia de una minuciosa y paciente tarea política de diálogo con la oposición.
Debieron pasar casi dos años para que el Gobierno aceptara que debía empezar a mostrar más inteligencia y empeño en la negociación política. La reticencia del Ejecutivo a no avalar que los ministros de su gabinete asistieran a la Legislatura a defender los planes oficiales en Seguridad y Salud terminó volviéndosele en contra.
Bajo el argumento de que no se iba a dejar arrastrar a un show político generado por la oposición kirchnerista, el Gobierno de Suarez se privó de defender con mayor habilidad su gestión en los foros adecuados, como el de la Legislatura. Prefirió guardar a sus ministros del barro, cuando precisamente un gabinete de ministros debe estar preparado para ponerse las botas y embarrarse.
Ahora, como si no tuviera cuestiones "para padecer", a este gobernador ya le advierten que deberá hacer milagros para no quedar opacado por el resplandor que despliega Cornejo, el candidato a sucederlo. "Pero si el principal fogonero del Alfredo he sido yo", dice Suarez para quitarle asidero y diluir esas versiones.
Y añade: "con Cornejo nunca nos vamos a pelear, a veces nos entendemos con mirarnos". Ambos se conocieron de jovencitos en el San Carlos natal de ambos, donde, a su vez, ellos conocieron a Alfonsín, que los deslumbró, en casa de los Suarez.
Para colmo, en el radicalismo provincial antes eran ellos dos para ponerse de acuerdo, pero ahora el intendente lasherino Daniel Orozco, posible candidato a vicegobernador, exige estar en esa mesa chica con Cornejo y Suarez, con poder de decisión y de veto como ellos.
Poné la balanza
Suarez intenta balancear y equilibrar esos problemas recordando las muy buenas performances electorales que obtuvo en 2019, cuando resultó electo gobernador y, particularmente, el batacazo de las legislativas de 2021 cuando Cambia Mendoza ganó con el 50% de los votos, algo que él tradujo como un espaldarazo a su gestión, a pesar de las contrariedades ya señaladas.
Cuando habla de las cosas buenas de su gestión el mandatario comienza mirando para el lado de Hacienda (control del déficit) y de Economía (con los programas para reactivar y generar empleo).
Cada vez que Suarez decidió hacer un trabajo fino en materia de acuerdos con la oposición, terminó acertando. Eso ocurrió, por ejemplo, cuando finalmente se votó la norma para efectuar cambios que mejoraran el funcionamiento de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Otra de de las iniciativas que el jefe del Ejecutivo logró convertir en ley (porque tuvo adecuado volumen de negociación) fueron la boleta única electoral, que se usará por primera vez en los próximos comicios; y la Ficha limpia, para impedir que se candidateen personas con condenas por corrupción o por delitos contra la libertad y la integridad sexual.
En cambio, la oposición y algunos entes de empresarios coinciden en marcar tres puntos poco favorables: los organismo de control del Estado provincial han quedado en manos de amigos del Gobierno, lo cual, dicen, desvirtúa su razón de ser; el Producto Bruto Geógrafico no aumenta, a diferencia de lo que ocurre en provincias vecinas favorecidas por la explotación de la minería, el petróleo y el gas. Y no entienden por qué se demoró tanto tiempo para decidirse a sanear la OSEP.
Donde tampoco se ha logrado una negociación que calme las aguas es en la relación de Suarez y Cornejo con el referente del PRO Omar De Marchi. pero ahí el entramado es mucho más complicado porque el lujanino, que también quiere ser gobernador, insiste en romper su sociedad con Cambia Mendoza porque -asegura- no fue tenido en cuenta a la hora de tratar los grandes temas de la Provincia.
Ante tanto dato pesado, ¿por qué no elegir para finalizar algo más liviano? Suarez, que el 30 de abril cumplirá 60 años, dice ser un perfeccionista, pero admite que se tiene que andar cuidando de que no se le escape la palabra "huevón", que le sale naturalmente. Una buena: nuestro personaje se salvó del servicio militar por número bajo. Otro rubro, además de la política, en el que suele "padecer" es el del fútbol: es hincha de San Lorenzo. Nadie es perfecto.



