Dos horas estuvieron frente a frente. Solos. En la Rosada. Hubo momentos de electricidad en el ambiente. Fue un almuerzo privadísimo. ¿A quién le dedica dos horas de su tiempo el Presidente de la Nación? Sin duda a alguien que quiere convencer porque puede generarle problemas.
A Hebe de Bonafini, por ejemplo, no quiere tenerla de enemiga. Ella, en cambio, no tendría ningún problema en seguir confrontándolo a Alberto Fernández. Por más que haya sido el hombre elegido por Cristina Kirchner para el puesto presidencial, que luego el electorado ratificó con un 48% de los votos.
Hebe de Bonafini no lo quiere bien a Alberto Fernández. Desde hace varios días venía aguijoneándolo con un documento en el que le exigía que se expresara públicamente "de qué lado estaba" con respecto a los dirigentes kirchneristas que se encuentran presos e investigados por hechos de corrupción.
Una semana antes, Bonafini no había querido asistir a un encuentro convocado por el Presidente para explicar ante entidades de Derechos Humanos la posición oficial sobre los supuestos "presos políticos" que habría en el país.
¿Donde te ubicás?
El comunicado de Bonafini titulado “Hablemos claro”, le exigía al Presidente que clarificara “de qué lado estaba: si con el Poder Judicial, mayoritariamente corrupto, o con los presos políticos. Es sencillo, sólo eso le pido”.
El mandatario no cree que haya "presos políticos" sino "dirigentes políticos detenidos de manera arbitraria", pero esas disquisiciones no entran en el razonamiento de Hebe de Bonafini.
Para ella, Amado Boudou es un líder de la patria y no tiene ninguna importancia que haya sido condenado a 5 años y 10 meses de prisión por los delitos de cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública al haberse quedado con el 70% de las acciones de la calcográfica Ciccone que imprimía el papel moneda de la Argentina, además de que aún resta definir un variado menú de denuncias que tramita la Justicia contra el ex vicepresidente de Cristina en su segundo período (2011-2015).
Discrepar, esa excentricidad
El tuit del Presidente, claramente amigable, fue el siguiente: “Ayer almorzamos con Hebe. Aunque no pensamos igual en todo, siempre valoré su honestidad, su lucha inclaudicable y su desprendimiento en pos de esa lucha. Ella sabe que tiene en mí a un amigo que quiere que prime la verdad y la justicia tanto como ella”.
Bonafini, lo sabemos, no tiene demasiado respeto ni por la democracia ni por el republicanismo. Para ella la división de poderes y la independencia entre éstos, es poco menos que un disparate. Baste recordar la cantidad de veces que ha llamado a tomar el Poder judicial para "sacar a patadas" a los jueces y fiscales que "molestan" al gobierno.
A los pocos días de que Alberto Fernández ocupara la Casa Rosada, Hebe le reclamó al Presidente que pusiera "en caja" o que directamente "interviniera"a los medios de difusión, algo que es su sueño porque ella defiende la voz única. Para Bonafini los derechos constitucionales, como el de la libertad de expresión, son vaguedades.
Aquella mujer
Hace rato que Hebe de Bonafini rifó su prestigio internacional como referente de las Madres de Plaza de Mayo, esa entidad que hizo conocer el drama de los desaparecidos durante la última dictadura.
Poco a poco esta dirigenta fue desvirtuando el signo distintitivo de las Madres, que era el de no casarse con ningún gobierno y de ser una poderosa Organización no Gubernamental, para pasar a ser un desembozado apéndice partidario de las tres presidencias del kirchnerismo, con el que cohabitó generando escándalos de corrupción con fondos públicos, como el de Suenos Compartidos o la Universidad de las Madres.
En fin: Lo que ha hecho ahora Alberto Fernández en el caso de Hebe de Bonafini es política, en el verdadero sentido del término.
Ha buscado consensuar y respetar el pasado de esta mujer que supo ser una luchadora respetable, pero que ya no lo es. Y ha buscado aplacar un foco de tensión en momentos en que el país está enfocado a reencaminar una solución para su pavorosa deuda.




