¿Qué pasa con la cuchara de Cristina?

Sigue sin meter la cuchara en público. Cristina Fernández insiste en discontinuar su presencia ante los micrófonos. Como si estuviera en un hipotético segundo plano.

Alberto Fernández es el que pone la carompa ante Dios y María Santísima. La idea es demostrar quién corta el bacalao en la fórmula del Frente de Todos, esto es, el kirchnerismo versión light 2019.

 Muchos se preguntan cuánto durará esta excentricidad política. Incluso hay analistas de la realidad que ya hablan del “albertismo”. ¡Naaa!. Paren que me bajo, dirá usted con esa duda jactanciosa de los sabihondos.

La primera comunión

Ya van más de 10 días después del cataclismo del 11 de agosto y el presidenciable más votado en las PASO nacionales asegura estar en una comunión perfecta con “mi amiga Cristina”.

Traducido eso quiere decir: no insistan, estamos en un todo de acuerdo, déjense de meter púa al dope. Ya la critiqué durante más de 10 años. Ahora estamos en una etapa superadora.

Sin embargo hay un dato para pispear, este matrimonio por conveniencia vive en casas separadas.

Cristina sigue reinando en el Instituto Patria, ese petit hotel nacional y popular situado en la calle Rodríguez Peña muy cerquita del Congreso nacional. Desde allí Ella pergeñó la reunificación de casi todo el peronismo, sin contar al díscolo Roberto Lavagna, el de las chancletas con las medias tres cuartos, que se cortó solo junto con su socio político, el marido de Isabel Macedo. ¿Urtubey era?

Gente moderna

Alberto, en cambio, mantiene cama afuera. Su Casita Rosada funciona en lo que los movileros porteños llaman “las oficinas de México”, que nada tienen que ver con el Distrito Federal mexicano sino con la arteria porteña donde antes quedaba la Biblioteca Nacional cuando la dirigía Jorge Luis Borges, en el barrio de San Telmo.

En esas “oficinas de México”, Alberto Fernández empezó a marcar autonomía durante la campaña para las PASO. Y ahora busca acentuarla.

 Permítame, lector/a, un break para un comentario colateral: ¿Vio que esos benditos movileros porteños, cuya porrista estrella suele ser esa resentida de Merces Ninci, hablan de Comodoro Py sin aclarar al resto del país que se refieren a la sede de los tribunales federales que quedan en una calle con ese nombre de militar.

Bueno, sigo. Por el Instituto Patria se puede ver a personajes tan entrañables como el otrora poderoso Carlos Zannini, inolvidable y frustrado “vicepresidente” que Cristina le había enzoquetado a Daniel Scioli para hacerle marcar el paso en caso de que éste le ganara a Macri.

Otro nivel

En cambio, en la calle México Alberto se reúne, por ejemplo, con Marcos Galperín, el presidente de Mercado Libre, una de las pocas empresas argentinas con peso realmente internacional. ¿Caza la diferencia?

La cuento otra: ¿usted sabía que Alberto F. tiene aún un pequeño partido político que se llama Parte? Justo ese nombre para diferenciarse de una líder que, como Cristina, se hizo famosa por su frase “Ahora vamos por Todo” cuando fue reelecta para una segunda presidencia con el 54% de los votos.

Y una más:  El diario La Nación reveló que dos días después de su triunfo en las PASO Alberto F. recibió una carta del responsable para América Latina del Citibank en la que lo invitaba a Nueva York a exponer su plan de gobierno ante un auditorio de empresarios de primer nivel. ¿Sabe como decía el encabezado de la misiva: “A su excelencia Alberto Fernández”.

Imaginemos la cara de sorna de Cristina.

Esta Argentina no nos dará muchas satisfacciones políticas, pero es indudable que es una máquina de generar entretenimiento.

 ¿Dígame si no es una pieza del mejor suspenso lo que puede ocurrir de ahora en más con la relación entre la dos veces ex mandataria y ese gran interrogante que es “su excelencia” Alberto Fernández.