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¿Y si la pancarta hubiese sido a favor del fracking?

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Imaginemos esta escena: al finalizar la Fiesta de la Vendimia el Gobierno de Mendoza decide copar el escenario del anfiteatro Romero Day para desplegar una pancarta enorme con este eslogan: "El fracking bajo estrictos controles es necesario para crear riqueza en Mendoza. Sí al fracking".

El gigante cartel imaginario es sostenido por funcionarios, empresarios, trabajadores petroleros y ciudadanos, en especial de Malargüe, quienes saben que con esa intromisión en el escenario de una fiesta popular están haciendo algo que no corresponde, que está mal, y que en el fondo es una cabronada.

¿Por qué? Simple. Porque todo el público que colmaba el anfiteatro fue a un festejo, y pagó caras entradas para un fin específico, ver un espectáculo, celebrar, y no para que le contrabandeen posiciones políticas del oficialismo.

Esos funcionarios estarían cometiendo una flagrante falta porque se habrían aprovechado de una fenomenal plataforma, la Fiesta de la Vendimia, pagada por todos los mendocinos con sus impuestos, para un burdo y ladino proselitismo sectorial.

La guarrada oficialista todavía estaría siendo castigada en todos los medios y en la ciudadanía, y con justa razón, por la irresponsabilidad política cometida. 

Hablemos en serio

Ahora volvamos a la realidad para recordar que esa misma jugada canalla tuvo efectivamente lugar al finalizar el Acto Central de la Vendimia, con una salvedad: los protagonistas y los fines fueron otros.

Fue motorizado por un sector de los mismos artistas que tomaron parte de la Vendimia, los que aprovecharon la volteada para vendernos gato por liebre. Para hacer militancia en contra del fracking. Que, ojo, están en su derecho a hacerla, pero no en una Vendimia.

En democracia hay un sinnúmero de instancias para que todos nos expresemos. Algo como lo de la pancarta del sábado pasado sólo podría aceptarse en una dictadura.

Los dueños del circo

Desde hace varios años los artistas de Vendimia han instaurado, con la complacencia de los sucesivos gobiernos, la pésima costumbre de hacerse dueños del escenario una vez que la Fiesta ha concluido. No se van. 

Se quedan allí para celebrar sus egos como si acabaran de tomar parte de una fiesta escolar y no de un espectáculo con pretensiones internacionales.

Pero este año esa falta de profesionalismo pasó de castaño a oscuro con la gigante pancarta en contra del fracking. Hicieron militancia explícita. Usaron la Fiesta a para otros fines. La rebajaron. La forrearon.

Quisieron mojarle la oreja al Gobierno porque saben que, con dudas y miedos al escrache, sus componentes están -en su mayoría- a favor de ese método para obtener más gas y petróleo, sobre todo en lo que se denomina "la lengua" de Vaca Muerta que ingresa en nuestro territorio.

Pero lo más buscado es, además de los controles al fracking, la generación de empleos en un sector como el petrolero que paga los mejores sueldos de plaza (salvo, claro, los de ciertos jueces y algunas de sus secretarias).

Eso es lo que los legisladores radicales y peronistas votaron por mayoría en diciembre pasado y que a los pocos días tuvieron que derogar, debido a la presión social.

Ocurrió que el nuevo gobierno no había tenido la habilidad de informar y esclarecer debidamente a la población acerca de que sí existe la posibilidad de tener minería bajo severos controles.

Así lo demuestran naciones como Canadá, Noruega o Australia, que han alcanzado un nivel de vida que el populismo y el dogmatismo más primitivo no nos dejan imaginar

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