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Los objetivos de Macri: evitar que se amplíe la diferencia con Alberto y terminar su mandato

La contundente victoria de Alberto Fernández en las elecciones primarias precipitó un escenario confuso al consagrar en la teoría, pero no en la práctica, a un nuevo presidente. Sin embargo, para los medios de comunicación, para los empresarios y para los mercados, los argentinos ya definieron quien va a conducir el destino del país durante los próximos cuatro años.

Aunque el cambio en las relaciones de poder es evidente, Mauricio Macri debe gobernar hasta que las elecciones de octubre consagren formalmente a un nuevo presidente.

La situación es tan incómoda para Macri, quien debe transitar el agónico final de su carrera política con poca capacidad de maniobra, como para Alberto Fernández, quien debe consolidar la ventaja electoral y su liderazgo en medio de un escenario de alta vulnerabilidad social, incertidumbre política y volatilidad económica.

Los esfuerzos discursivos de Macri de mostrarse como un “capitán de tormenta” chocaron contra la realidad una y otra vez durante los últimos años. Como era de esperar, los mercados nunca le devolvieron los favores a Macri, menos aun cuando lo percibieron débil, sin voluntad política para imponer límites ni condiciones al flujo de capitales, ofreciendo dólares baratos y tasas de interés desorbitantes.

"La vuelta al Fondo Monetario Internacional hizo añicos la credibilidad del gobierno y sentenció su final". "La vuelta al Fondo Monetario Internacional hizo añicos la credibilidad del gobierno y sentenció su final".

Hernán Reyes, Director de la consultora Reyes Filadoro.

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A partir de la crisis cambiaria de 2018, las encuestas de Reyes-Filadoro registraron una caída estrepitosa en la imagen del gobierno que alcanzó su punto más bajo en marzo de 2019.

En julio de 2018, en la provincia de Buenos Aires, el 63% de los bonaerenses opinaba que la debacle económica terminaría desencadenando una crisis similar a la del 2001 y el 73% desconfiaba de la capacidad del gobierno para corregir el rumbo de la economía.

Desde entonces, el Fondo Monetario Internacional subsidió con decenas de miles de millones de dólares una política económica errática que exigió sacrificios a la población a cambio de promesas.

La mayoría de los argentinos que trabajan no vieron un peso. Los que se quedaron sin trabajo, mucho menos. En los grupos focales, una pregunta básica surgía espontáneamente: “¿A dónde fueron a parar todos esos dólares?”

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La situación es cada vez más incómoda para un presidente que intenta mostrarse al mando mientras cruza los dedos y espera que un nuevo desembolso del FMI le permita llegar a las elecciones de octubre sin declarar el default.

Aunque pocos resultados le ha dado, la imaginación literaria de los asesores de comunicación de gobierno sigue viva. “Reperfilamiento” es el término elegido para evitar hablar de “default selectivo”. Las metáforas y eufemismos que continúa ensayando el gobierno para explicar la situación, lejos de disimular, ponen en evidencia su desesperación frente a la crisis.

Sin dinero, sin apoyo ciudadano ni empresarial, Mauricio Macri renuncia a todas sus banderas (pobreza cero, baja de impuestos, eliminación de las retenciones y del cepo) y se resigna a tomar medidas de emergencia en plena campaña electoral.

Sin embargo, estas medidas no generan confianza en el electorado. Así lo demuestra una encuesta nacional de 1200 casos elaborada por Reyes-Filadoro junto a Numeral 8 durante los primeros días de septiembre. Menos de un tercio de los argentinos percibe que el presidente esté en control de la situación económica.

"Ocho de cada diez opinan que medidas como la eliminación del IVA son poco o nada efectivas y que la situación se va a agravar antes de las elecciones de octubre". "Ocho de cada diez opinan que medidas como la eliminación del IVA son poco o nada efectivas y que la situación se va a agravar antes de las elecciones de octubre".

Hernán Reyes, Director de la consultora Reyes Filadoro.

En medio de este complicado escenario Macri debe enfrentar el doble desafío de estabilizar la economía para llegar a diciembre sin dilapidar las escasas reservas que quedan en el Banco Central e intentar encausar la campaña electoral para no perder votos de su núcleo duro y evitar así sufrir una derrota humillante en octubre.

Desviar la atención de los problemas económicos parece una quimera. Polarizar con Cristina F. de Kirchner tampoco es una alternativa ya que la ex presidente se mantiene prudentemente al margen de la campaña mientras observa como su imagen crece en medio de la tormenta, logrando niveles de aprobación cercanos al 54%, porcentaje que obtuvo en la elección presidencial de 2011.

Sin soluciones concretas para ofrecer a los argentinos que sufren en carne propia las consecuencias de la crisis económica, el gobierno se resigna a conservar el apoyo de su núcleo duro de votantes alentando los temores que despierta el peronismo en un tercio del electorado.

De acuerdo a nuestra última encuesta, la posibilidad de que Macri extienda su mandato genera temor y resignación en el 68% del electorado mientras que la posibilidad de que Alberto Fernández sea el próximo presidente despierta confianza y esperanza en el 55% y temor en el 30%.

La estabilidad del dólar es frágil. Los efectos de la devaluación se van a notar más durante los próximos meses, agravando la difícil situación que atraviesan los sectores más vulnerables.

Si el gobierno logra mantener la calma cambiaria y reducir el impacto de la inflación, con suerte, podrá conservar el apoyo de un tercio de los argentinos y cumplir con el modesto objetivo de ser el primer gobierno no peronista que termina su mandato en el tiempo que establece la constitución nacional.

Por Hernán Reyes. Director de la consultora Reyes Filadoro.

Fuente: A24