Parece que es de lengua desenvuelta este Santiago Cafiero. Los principales diarios porteños del domingo 14 trajeron en sus páginas amplias entrevistas al jefe de Gabinete del presidente Alberto Fernández y hay que admitir que el susodicho se vende como entrenado en la oratoria política. Iba a decir el "verso" político, pero sería apresuradamente injusto.
El nieto de Antonio Cafiero deja una imagen de hombre leído, aplicado y con un sistema de aceitado razonamiento. Quien esto escribe siempre desconfía cuando alguien en su curriculum se autodefine alegremente como "politólogo", pero en este caso parece que al politólogo Cafiero hay que abrirle algún tipo de crédito.
¿Qué tenés en la cabeza?
Una buena entrevista política depende mucho del trabajo de edición del periodista, pero si el político elegido es un pelmazo o un engreído o una mezcla de zoquete con soberbio es difícil salvarlo. Se le notan enseguida las costuras. Pues bien, a las entrevistas que concedió Cafiero en Perfil, La Nación y Clarín las leí a todas con interés.
La verdad es que "este coso", como decíamos cuando yo era chico, es bastante pico de oro, le pinta la labia. Por lo pronto, un funcionario que no se enoja ante una pregunta que lo puede inquietar, y que por el contrario desarma al preguntador con razonamientos inesperados, es alguien que genera respeto.
¡Easy, dogmas!
Sus fintas dialécticas denotan que este jefe de Gabinete no tiene la mirada de un militante dogmático. Eso vale oro ya que por su función tendrá que lidiar todo el tiempo con el complejo entramado peronista y kirchnerista. Y hay que tener ganas y espaldas para eso.
Además se le nota que que tiene bien manyado el pensamiento de Alberto Fernández para darse el dique de traducirlo en palabras.
En las entrevistas aludidas sorteó con elegancia las preguntas difíciles (en particular las referidas a la influencia de Cristina Kirchner en la labor del Poder Ejecutivo) y mostró muñeca para no ser confundido como un mero alcahuete del Presidente de la Nación.
¿Se acuerda, lector-lectora, cuando en el gobierno de Carlos Menem algunos de sus funcionarios obsecuentes se jactaban de ser "recontralcahuetes" de su jefe. Bueno, aquí parece haber un salto de calidad.
A los raquetazos
Por ahora, este Cafiero parece tener trainning para recibir la volea y contestarla con habilidad. Además, es instruído y locuaz pero sin esa distancia que fijaba, por ejemplo, su antecesor en la Casa Rosada, el macrista Marcos Peña.
Habrá que ver cómo corre este pingo en el hipódromo político, es decir en la jodida gestión cotidiana que, como dice el tango, viene con demasiada crueldad.
Habrá que observar también cómo se mueve con el resto de los ministros y cómo genera eso tan difícil que es tener ascendiente sobre un grupo dirigencial. Porque una cosa es ser ducho e inteligente en el laboratorio aséptico de una universidad y otra, muy diferente, en el barro político.
Sus títulos profesionales (licenciatura y maestría en Ciencias Políticas y doctorado en curso) son todos de universidades argentas. Nada de esos centros de estudios rumbosos de EE.UU. o Inglaterra con los que nos sorprendieron otros ministros que después terminaron jodiéndonos.
Guarda, no digo que en un futuro Santiago Cafiero no pueda llegar a integrar también esa lista de desanimadores argentinos. Digo, simplemente, que este suelto de lengua, parece tener algo más que pelo.




