El merengue del Alfredo

Vienen semanas de merengue. Alfredo Cornejo produjo en la Convenciòn nacional de la UCR un fenómeno no habitual en los radicales.

Sin romper ni quebrar y sin preminencia de esas liturgias dramáticas tan caras a su partido, como las de dar sonoros portazos para exagerar la dignidad, le ha generado igual un flor de remezón a Macri.

Dicho en cristiano: el jefe nacional de la UCR se calentó (algo que a él le encanta) pero lo hizo dentro del sistema. He aquí lo valioso de esta movida. 

Así, no

Los radicales dicen que quieren quedarse dentro de Cambiemos con condiciones claras: reclaman oxigenar y abrir la coalición gobernante a nuevas voces (léase: peronistas no K), a discusiones que movilicen, y exigen que se los tenga en cuenta en las grandes decisiones.

Según Cornejo, la amenaza es concreta: Cambiemos tiene posibilidades de perder tanto en octubre como en el balotaje de noviembre, pero también tiene chances de actuar a tiempo y regenerar la coalición que en 2015 y 2017 fue promesa de superación del peronismo. 

Los radicales fuera de Cambiemos no podrían sostenerse electoralmente a nivel nacional. Y el macrismo fuera de Cambiemos estaría condenado a gobernar la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El mito en cuestión

El gobernador mendocino cree que aún hay tiempo para poder terminar con el  mito político de que el peronismo es el único partido apto para gobernar en la Argentina. 

Eso sería un cambio cultural esencial en la política del país. Una mutación de sanidad política que no sólo beneficiaría a Cambiemos sino al propio peronismo en su necesaria marcha para que decante en un partido republicano y moderno.

Un peronismo que deje atrás esas ideas fascistas del movimiento nacional, de ser la encarnación de la patria misma, de que "no debe quedar ni un ladrillo que no sea peronista" como reclamaba Evita.

Ese peronismo donde aún hoy existen sectores que creen que gobernar es sofocar al Poder Legislativo y someter a los jueces y fiscales del Poder Judicial.

Palabra de tano

El historiador italiano Loris Zanatta, uno de los ensayistas extranjeros que más ha estudiado al peronismo, lo dice con estos términos: "Hay una suerte de poder de veto del peronismo sobre los gobiernos que no son peronistas. El mensaje es: sólo nosotros podemos gobernar".

En ese escenario, los radicales tienen que mezclar muy bien la sensatez con la audacia. Como en los instrumentos musicales, la cuerda política argentina también tiene sus tempos: hay momentos para ejercer presión sobre las cuerdas y otros para levantar el arco.

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Ahora viene el tiempo en que Cornejo deberá demostrar cuánto ha crecido políticamente. Pareciera que ha entendido que la mejor forma de combatir al populismo kirchnerista es fortaleciendo las barreras institucionales y, como está pasando ahora con la Justicia, obligarlo a rendir cuentas.

Ahí te quiero ver

Cornejo deberá encabezar las negociaciones con Macri y su mesa chica a fin de que los reclamos votados en la Convención sean algo más que una expresión de deseos.

Si a Martín Fierro lo desvelaba una pena extraordinaria, a Cornejo le debe quitar el sueño su objetivo de lograr algún tipo de arreglo electoral con el peronismo no k. "Eso es lo único que nos asegura ganar en primera vuelta", recita el mendocino.

Tal vez Cornejo exagere porque cree que la única forma de poder sumar a peronistas razonables a Cambiemos es que Macri se baje de su postulación para la reelección.

Y de que aparezca María Eugenia Vidal en el horizonte, a quien el economista hiper liberal José Luis Espert llama "la Evita amarilla".

En el PRO hasta ahora le han respondido con cerrazón. Están convencidos de que la figura de Macri reverdecerá de aquí a octubre.

"El Presidente no tiene prerrogativas en esta coalición para tomar medidas en soledad. Debe tomarlas con nosotros", dijo encabritado Cornejo durante la Convención.

Lo dicho: todo pinta para un lindo merengue. Ergo, todos a bailar.

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