Mendoza sigue dejando marca en la Casa Rosada. Ernesto Sanz era el hombre que Macri quería para que fuera su vicepresidente. Le insistieron hasta último momento, pero el sanrafaelino no aflojó. Sin embargo no dudó en proponerle al Presidente el nombre de quien debía ser el vice: el peronista civilizado Miguel Angel Pichetto.
Los radicales ya andan diciendo que, en caso de triunfar en las elecciones junto a Macri, Pichetto le debería devolver la atención a Sanz proponiéndolo a éste como jefe de Gabinete de la nueva coalición, con lo cual tendríamos un presidente macrista, un vice peronista y un jefe de gabinete radical, una nueva y sorpresiva trinidad nacional.
Pero como los tres mosqueteros llevan siempre anexado a un cuarto espadachín, desde el comité mendocino afirman que si Alfredo Cornejo aceptara ser candidato a diputado nacional, se convertiría en número cantado para ser el presidente de la Cámara de Diputados, con lo cual lo sumarían como "doble" espíritu santo, de la misma manera que ahora hay futbolistas que juegan "de doble cinco".
De solo imaginar la cara de asco de la sanguínea Lilita Carrió ante este panorama nos da cosa.
En el otro extremo, el sufrido Emilio Monzó, jefe de los diputados de Cambiemos, que tanto hizo en estos años por insuflarle algo de peronismo sano al PRO, ante la total intemperancia de Peña, celebra que la realidad se haya impuesto al imperio de los Durán Barba y de la política web.
El tiburón
Algunos medios porteños contaron que en la primera reunión de Macri y Pichetto con el gabinete nacional, el hoy senador nacional rionegrino dejó bien visible su gen peronista.
Allí Pichetto nadó en el centro del poder con la habilidad de un tiburón. Es que el poder está en el ADN peronista, así como la bondad se encuentra en el derrotero de un santo.
Los asesores del candidato a vice ya dejaron trascender que en el gabinete de un hipotético segundo mandato de Juntos por el Cambio, como se llama ahora Cambiemos, Pichetto será bien peronista a la hora de pedir cargos para su gente.
La yunta
Otro dato que ha sobresalido es la onda política que se habría reforzado entre el gobernador Alfredo Cornejo y Pichetto, a pesar de que en la previa hubo cierto resquemor del mendocino.
En el encuentro que mantuvieron ambos con el jefe de Gabinete Marcos Peña, la dupla peronista-radical le hizo bajar al otrora numen del PRO una serie de directivas que impedían que aquellos que en las PASO habían peleado las gobernaciones -y perdido- se pudieran volver a presentar en las generales.
Entre los favorecidos por esta movida está otro menduco, el macrista Omar De Marchi, que, tras ser derrotado por Rodolfo Suarez en las PASO, ahora podrá presentarse a un cargo electivo para volver al Congreso nacional.
Uno de los grandes misterios de toda esta movida es cómo quedará posicionado Marcos Peña. De ser casi un dictador ("Mis ojos, mis oídos y mi boca", así era al decir de Macri), ahora ha quedado fieramente desdibujado, al punto que muchos de los que sufrieron sus rigores ahora se abroquelan para disfrutar la venganza.




