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Los Fernández, el Larreta, la Sagasti y las cosas que generan ciertos apellidos

Varios políticos han perdido en el camino algunos de sus apellidos, como Larreta, Sagasti y Meijide. Cristina y Alberto son "marca" sin apellidos

Cuando una persona utiliza el doble apellido (sobre todo en política) suele ocurrir que los demás tiendan a querer achicárselo. Y a mencionarlo con sólo uno de los apellidos. En ese caso el que termina ganando es el apellido menos transitado. Por ejemplo, al hablar de Rodríguez Larreta, se prefiere decirle Larreta. Rodríguez está muy usado. ¿Quién no conoce un Rodríguez en su barrio? En cambio Larreta es más infrecuente, "da" como más patricio.

Cristina Fernández de Kirchner se siente más cómoda con el apellido de su extinto marido que con el suyo. Y, mucho más con Cristina, a secas. Como si dijéramos Cleopatra o César. En cambio el presidente Alberto y el "todo terreno" Aníbal son dos peronistas que siempre han usado el apellido Fernández solito. Nunca han apelado al doble apellido. Ellos son "los Fernández".

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Sin embargo ambos políticos saben que, como marca, les funciona mejor su nombre de pila. Por ejemplo, para el humor popular, es más fácil hablar de las "Anibaladas". O de "Alverso". Humoradas que si tuvieran que usar el apellido Fernández les sería muy difícil de pergeñar a quienes buscan roña. Cuando se llevaban bien, Alberto lo trataba al jefe de Gobierno porteño de "Horacio". Ya no. Ahora es el desagradecido e injusto Larreta.

Perdió uno

La senadora nacional por Mendoza Anabel Fernández Sagasti también parece haber perdido el Fernández por el camino. Para casi todos, esta kirchnerista es "la Sagasti", salvo, claro, para sus fieles conmilitones para quien es "la Anabel". Otro caso: a Graciela Fernández Meijide, la conocemos como "la Meijide", sin el Fernández.

Parece ser que apellidarse sólo Fernández no da del todo bien a la hora de ser político o abogado. Ni para los títulos de los diarios ni para los graph de la TV. Tiene 9 letras. Sin embargo, en otros rubros no pasa lo mismo. La conductora y panelista Silvia Fernández Barrio, por ejemplo, nunca ha sido "la Barrio", ni el escritor y periodista Jorge Fernández Díaz ha devenido en Díaz a secas.

Un caso intermedio podría ser el de los Rodríguez Saá. Hay quienes les dicen "los Saá" a los hermanos eternizados en el poder de San Luis. Pero esas tres letras sin Rodríguez le quitan fuerza al doblete.

La catitera

El caso más paquete es el de la modelo mendocina Elina Fernández Fantacci, una catitera (por Las Catitas, donde nació). Con 31 años y a poco de casarse optó por usar el apellido de su marido, el famoso y millonario empresario Eduardo Costantini, de 74 años. Ahora todas las revistas de sociedad y de la farándula la presentan como Elina Costantini. Chau, Fernández. Ídola.

Los abogados que portan el Fernández lo usan casi invariablemente con el apellido materno pegadito. No es lo mismo Fernández Madero o Fernández Echagüe que un Fernández en soledad. Es como Pérez, que pide a los gritos ser acompañado por otro apellido. Juan Ignacio Pérez del Solar no es lo mismo que un minimalista Juan Pérez. Uno tiende a dudar de un médico o un abogado con tan pocas ínfulas para ser sólo Juan Perez.

Hoy ya no están tan adheridos esos prejuicios de los años '60 cuando Julio Cortázar nos hablaba de la patria y aludía a "los tilingos de apellido compuesto" como una cosa de ricos o de nuevos ricos. Hoy hasta los Brian o los Kevin suelen portar apellidos dobles. Y está muy bien, porque en estas épocas de tantas separaciones de parejas, las mujeres se aseguran de que los hijos vayan por la vida con algo de ellas.

Los inseparables

Debo admitir, sin embargo, que hay apellidos compuestos que, a diferencia de Rodríguez Larreta, no son tan fáciles de separar. Ejemplos: Martínez, sin el "de Hoz", no hubiera tenido tanto poder para joder: Abal, sin el Medina, no hubiera generado cierto halo dentro de los montoneros. No es lo mismo ser un Peralta que un Peralta Ramos. Ni un Ortiz a secas que un Ortiz Basualdo.

A diferencia de otros países latinoamericanos que tienen muy enraizado el uso del doble apellido (Vargas Llosa, García Márquez), en la Argentina no termina de cuajar el apego por el apellido compuesto, salvo para médicos y abogados. Es que una placa en la puerta se ve más llena, más importante, con Calvo Sotelo que con Calvo. Hay que decir sin embargo que ya no se lo ve a esto como un signo de piojo resucitado, como hace 60 años.

Tal vez tenga que ver con que la mayoría de los políticos, de los empresarios, de los artistas e incluso de los influencers, es decir, de los que mandan o crean tendencias, siguen usando un solo apellido. Para encontrar un presidente con doble apellido hay que hurgar en la historia.

Los escritores y otros artistas argentinos no usan -salvo honrosas excepciones, como Bioy Casares- el doble apellido. De sólo pensar que Borges podría ser Jorge Luis Borges Acevedo se nos viene el mundo abajo. No sé cuál es el apellido materno de Astor Piazzola pero lo preferimos así. Messi es Messi y si nos hemos acostumbrado a futbolistas de doble apellido es porque son colombianos o peruanos.