Una parte del sector empresario de Mendoza -en especial algunos industriales- observa de reojo las restricciones a la importación que aplicó hace algunos días el ministro de Economía de la Nación, Sergio Massa. Esos referentes auguran que las trabas para comprar materiales al exterior derivarán en una baja en la actividad de las fábricas, lo que implica una merma en la oferta de productos y, por tanto, alzas en los precios.
Los industriales de Mendoza ya sienten las nuevas restricciones a la importación
Mauricio Badaloni -miembro del Comité Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA), además de secretario de la Unión Industrial de Mendoza (UIM) y presidente de la Fundación Andesmar- aseguró que escucha estas quejas de forma permanente.
"El que pudo se stockeó", admitió en diálogo con Diario UNO. Pero subrayó que esas existencias se están agotando y, cuando se terminen, podrían frenarse algunas cadenas productivas.
Hasta no hace mucho, Badaloni era partícipe del "ala empresaria" del frente Cambia Mendoza, aunque hoy admite que está concentrado en otros asuntos. Retomando, recalcó que las regulaciones de último momento no sólo ponen en peligro el empleo, sino que, al disminuir la producción en las fábricas, terminan potenciando a la espiral inflacionaria. A menos oferta, mayores precios.
"Y esto se complica más desde que el tiempo de cobranza (de los proveedores que cobran en dólares) pasó a 180 días desde la emisión de facturas. Nadie en el exterior quiere cobrar con semejante demora. La mayoría de las compañías que siguen con cierta normalidad son las que utilizan sus propias remesas para hacer las compras el exterior, es decir las multinacionales", dijo.
"O sea que hace más de 180 días que las empresas argentinas vienen pagando tarde, a pesar de que se ha hecho todo posible por seguir. Y si se ha logrado continuar en semejantes condiciones es porque hay empresarios locales que generaron confianza con sus proveedores a lo largo de años y décadas. Si esa relación se quiebra, no se le puede achacar al privado", cuestionó Badaloni.
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Importación: ¿las regulaciones están donde tienen que estar?
El entrevistado contó que en la industria alimenticia, por ejemplo, los inconvenientes para traer algunos pegamentos o piezas del packaging -"que por ahí son el 2 o el 3% del precio del producto"- están trabando el envasado, con el riesgo de que a mediano plazo se ralentice el abastecimiento.
Asimismo, en las últimas semanas se hicieron modificaciones el sistema que evalúa la CEF (Capacidad Económica Financiera), que es la base para autorizar la compra de dólares de las empresas. Supuestamente, esa autorización se otorga en base a "declaraciones juradas, montos de facturación y datos aportados por otros organismos".
Pues bien: en agosto la AFIP aplicó nuevos criterios y hay compañías que se encontraron con que les han cortado el chorro de divisas, o parte de él.
Y hay más: las compras de ciertos bienes al exterior pagan desde fines de julio un impuesto de entre el 7,5% y el 25%. Según informaron algunos medios de Buenos Aires, eso hizo que el promedio diario de importaciones cayera el 75%.
"La verdad de fondo -respondió Badaloni- es que cierran la canilla de las divisas porque se quedaron sin reservas en el Banco Central. Sin embargo las consecuencias son inflacionarias y atentan contra la actividad económica. Me parece muy injusto que después se le pregunte sólo al sector productivo por qué suben los precios".
Una lectura política
Otro frente de tormenta son los fletes y la logística. Badaloni remarcó que "hoy ya vemos que hay empresas navieras decidiendo no hacer cargas hacia la Argentina, por las demoras en los pagos. Con algunos seguros nos pasa lo mismo. Y esto que te cuento ocurre en el mismo contexto en que la industria del vino sigue liquidando a un dólar irreal y los combustibles te aumentan un 6 o un 7% cada 20 días".
En relación al dólar agro, Badaloni destacó que "es una medida que, aplicada a la vitivinicultura, revela desconocimiento. Una bodega no puede pedirle a un cliente que le compre todo su consumo del año en un par de meses. Es un mercado diferente al de los granos", criticó.
En el Observatorio Vitivinícola Argentino le dan la razón y enfatizan que los tan mentados insumos de afuera representan entre el 15 y el 20% del precio final, tanto en el vino que se exporta como en el que se destina al consumo interno. En consecuencia, abaratar el acceso a ellos abre la puerta a una posible rebaja en que se paga por una botella.
Badaloni cerró: "Más allá de las interpretaciones técnicas, nos debemos una interpretación política. Porque es muy fácil tomar decisiones macroeconómicas erradas y después tener como blanco a los empresarios para que, cuando algo sale mal, se los acuse a ellos como culpables de la inflación. Siempre se busca una forma de cargar las tintas sobre un privado y no sobre la dirigencia política que no logra acuerdos elementales".
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