Un lawfare bendecido para batir el parche

En pocos días más hasta los grupos de whatsApp de las mamis del jardín estarán hablando del lawfare.

Una interesada cohorte de líderes políticos del mundo están batiendo el parche con este asunto que hace alusión a una supuesta guerra jurídica encabezada por jueces viles asociados con periodistas ídem en contra de políticos populares (sean estos de izquierda o derecha).

Hasta el Papa argentino se ha blasoneado con el lawfare dedicándole tiempo y esfuerzo eclesial, algo que no ha hecho para echar luz, por ejemplo, sobre el escándalo del Instituto Próvolo que estalló en un lugar llamado Mendoza.

Los entrometidos

Este término en inglés, que se usa tanto en los partidos de izquierda o populistas como en los partidos de derecha, cuestiona la intromisión de la Justicia en la vida política partidaria, como diciendo que los chanchullos o delitos que genere la política deben ser resueltos por la política y no necesariamente por el Poder Judicial.

Para los políticos que fogonean el lawfare, no hay imparcialidad en la Justicia sobre todo si los políticos investigados son nacionales y populares. Y mucho menos si el periodismo independiente también mete las narices en esas investigaciones y las da a conocer. Esa maligna entente entre Justicia y periodismo les revuelve las tripas.

Se lo traduzco

Conceptos muy peligrosos se mueven en torno a esto. Uno de ellos dice  que si el pueblo vota a Juan, entonces Juan no puede ser tocado por la Justicia.  Es como si a un particular le limpiaran el Veraz.

Esta idea parece fundamentarse en que cada voto logrado por Juan ya trae incluido una especie de perdón popular para las supuestas irregularidades que pudiese haber cometido. Delicioso ¿no? Sí, claro, pero nada republicano. Ni democrático.

Cuando, por ejemplo, Cristina Kirchner dice "la historia ya me absolvió...y la historia me absolveverá" está diciendo que si ella hubiese cometido algún acto fuera de la ley, el sector mayoritario del pueblo que la votó para ser vicepresidenta de la Nación no la hubiera elegido y la hubiesen repudiado con un sufragio en contra.

Políticos que piensen así ha habido y habrá en todos países y a todos ellos les fascina someterse "al juicio de la historia" porque para que la historia se expida falta mucho tiempo y la historia nunca los mandará en cana efectiva. 

La paja y el trigo

Aclaro: como toda idea, la del lawfare tiene costados interesantes que lamentablemente quedan tapados por un fárrago  de intereses montados por los políticos partidarios que se niegan a ser auditados por la Justicia, en particular cuando saltan a la luz denuncias vinculadas a casos de corrupción, abuso de poder, o negligencia de funcionario público.

Por ejemplo, es bueno que se ponga el foco en que no se puede meter preso a mansalva o por si las moscas. O porque se es opositor. La ley es clarísima al fijar los casos en que un acusado puede ir preso aunque no tenga aún sentencia. 

Está claro que hay personas o grupos de presión en torno a la Justicia, pero se dan tanto entre los que demandan como en los demandados. Está claro que hay jueces o fiscales más imparciales y honestos que otros. Está claro que hay jueces valientes y otros cagones, pero cagones mal. Está claro que a veces hay una repercusión mediática no tan profesional y honesta a la hora de informar. Pero también está claro que nada de eso basta para calificar alegremente a una causa judicial como ejemplo de lawfare.

Gustavo Arballo ha dicho en Chequeado que hay que saber diferenciar  entre una denuncia legítima, la investigación judicial que le sigue y la utilización de la Justicia como arma de guerra.

Hablemos de lawfare, cuestionemos si esa guerra judicial se produce, pero no caigamos en el facilismo de aquellos políticos interesados que quieren evadir cualquier tipo de control, cuando en realidad los controles están en la esencia de la división de poderes.

Y batamos el parche, sí, pero como sociedad, reclamando para que la Justicia sea cada vez más eficiente, honesta e independiente.