Análisis y opinión

La política de Mendoza debe pedirle perdón a Malargüe

La política mendocina, tanto del oficialismo como de la oposición, no ha sido justa ni generosa ni creativa con ese departamento

A Malargüe lo han vuelto a tirar de culo. Portezuelo del Viento pinta para el congelador. El gran dique sobre el río Grande, que iba a ser la obra del siglo y que generaría miles de puestos de trabajo y nuevas actividades para la Provincia, ahora es un proyecto que representa "un viejo paradigma".

No soy ningún especialista para debatir sobre temas hídricos, pero creo entender algunos palotes de la ciencia política, la cual no ha sido ni justa ni generosa ni creativa con los malargüinos.

Una de las cosas que más le agradezco a esta profesión de periodista es la de haber podido recorrer toda la provincia, en especial Malargüe, que es un departamento escénico, un ámbito espectacular para transitar sin apuro. No se parece a ningún otro municipio mendocino. Ni siquiera a sus parientes sureños de San Rafael y General Alvear. Es la tierra en que Mendoza empieza a sugerir la Patagonia. Es la diversidad.

Si Malargüe quedara en Estados Unidos sería el ámbito elegido por los productores de películas que necesitan escenarios naturales impactantes.

El cristalino

Si bien Malargüe no tiene viñas ni produce vinos, posee en cambio, un riquísimo potencial en minería e hidrocarburos y en turismo. Y atesora (¡suenen trompetas!) el río Grande, un cauce impresionante, bello como pocos, en muchos tramos encajonado, de aguas cristalinas, donde se pueden ver los peces saltar en medio de la espuma que el agua forma en los rellanos. Aquel que haya ido a Chile por el Paso El Pehuenche puede dar fe de esa gema natural.

Cuando por primera vez me topé con el río Grande la pregunta fue ¿por qué en la escuela nunca me hablaron de esa maravilla? Los ríos de la provincia que nos hacían recitar en las clases de geografía eran el Mendoza, el Tunuyán Superior e Inferior, el Diamante y el Atuel, ríos amarronados.

Por ahí, como al pasar se hablaba de un quinto río, el Grande, como si recién se descubriera. O como si fuera de otra provincia. Ese municipio tiene también un río más chico, el Malargüe, que nace también en la cordillera pero que luego se transforma en el principal afluente de la sorprendente Laguna de Llancanelo, donde concluye.

¿Qué otro departamento puede mostrar un centro internacional de esquí como el de Las Leñas, que es producto esencialmente de la iniciativa privada?

Acogotada

La minería malargüina, que es actualmente un potencial acogotado por una ley antiminera que no ha respetado ninguna de las principales características de ese departamento, se podría estar desarrollando con todos los controles y exigencias ambientales que ya son comunes en las naciones desarrolladas.

Ocurre que a Malargüe la frenamos, le ponemos trabas, y no dejamos nada para que haga por su cuenta. La Ley 7722 debería tener un apartado especial con las debidas excepciones para Malargüe. Pero como los malargüinos son gente pacífica y están lejos del centro del poder provincial, la política se aprovecha y el extremismo ambientalista hace lo suyo.

La dirigencia política de Mendoza, radicales y peronistas, han terminado mostrando, a su pesar suponemos, desprecio hacia Malargüe. O digámoslo mejor: no han sabido defender con inteligencia y sentimiento a ese departamento. No es el sano criterio sobre las cosas sino el ideologismo quien viene ganando la partida.

Claudicar

Todo parece sugerir que Mendoza ha vuelto a perder. Y lo ha hecho ante provincias como La Pampa, que no hacen ni dejan hacer, pero que como son del paño de la Casa Rosada, terminan beneficiadas sin argumentaciones sólidas. La sensación que queda, sobre todo a los malargüinos, es que la política mendocina (el oficialismo y la oposición) parecen haber claudicado.

Vendrán ahora nuevos tiempos muertos hasta que se defina qué vamos a hacer con los fondos que ya tenemos atesorados para la obra (de los que falta recibir aún más de la mitad) y que son fruto de una reparación histórica que la Provincia obtuvo judicialmente de la Nación por todos los años en que Mendoza fue bárbaramente perjudicada por la promoción industrial de que gozaban las provincias vecinas.

Estas malas noticias se producen cuando más que nunca es imperioso crear empleos, generar regalías, favorecer la riqueza para después distribuirla. Bien se ha dicho que Malargüe podría estar dándole de comer a buena parte de la provincia. Pero Portezuelo se cae y cuesta ver en la clase dirigencial (no sólo la política) un respingo superador.