El 27 de octubre de 2005 el gobernador radical Julio Cobos se desplomó por un desmayo frente a su casa de la Quinta Sección de Ciudad. Lo abrumó la presión de una manifestación de 300 vecinos que se agolparon a las puertas de su living familiar. Exigían mayor efectividad policial contra el avance de la delincuencia.
La piedra que mató a Emiliano sacudió también la cabeza de los mendocinos
Dos días antes, una vecina de esa zona capitalina, Susana Cruz de Rubino, había sido asesinada de un tiro en la cabeza al resistir el robo de una camioneta en la puerta de su vivienda y frente a su hija. El hecho se conoció como "el crimen de la Quinta" y marcó a fuego al gobierno de Cobos. Hubo varios cacerolazos y marchas y fue tal la conmoción social que el mandatario debió hacer cambios en su gabinete.
Después del caso de Susana Rubino hubo más golpes resonantes de la delincuencia, pero fue el asesinato de otra mujer, Laura Abonassar, el 14 de abril de 2007, también en la Quinta Sección, el que terminó de marcar a la gestión de Seguridad como uno de los rubros menos felices de la administración Cobos.
Marketing y delito
Luego de Cobos, el peronista Celso Jaque llegó a ser el siguiente gobernador (2007-2011) por haber asegurado a los mendocinos que tenía elaborado un Mapa del Delito (las mayúsculas las ponían ellos) que iba a ser el motor para bajar la delincuencia en muy pocos meses. La iniciativa apuntaba a atender un requerimiento genuino de la población.
En la práctica fue un fiasco. Puro marketing y escasa política. Jaque atribuyó la mala repercusión a que no tuvo mayoría en ambas cámaras legislativas y que eso le impidió aprobar leyes contra la delincuencia. A los pocos meses debió pedir perdón al pueblo, ante el cual lloró. Los mendocinos exhibieron la nobleza de darle otra chance para que pudiera terminar su mandato.
Por estos días el brutal asesinato del empleado de Cuyoplacas Emiliano Fernández (37) pareciera que va a convertirse en un hito negativo para el gobierno de Rodolfo Suarez y, en particular, para su ministro de Seguridad, Raúl Levrino. Quizá desde la sociología o la criminología puedan aportar precisiones acerca de por qué algunos crímenes impactan en la gente más que otros.
El factor Levrino
En realidad lo que está señalando este crimen es la necesidad de que el Gobierno provincial demuestre que en materia de Seguridad no está dejando ese área en piloto automático. Supongamos que el ministro Raúl Levrino sea el mejor ministro del área. Pues bien, casi nadie en Mendoza lo sabe. Porque Levrino genera escasa presencia pública y rehuye el debate para defender su gestión.
Tiene suerte Levrino porque el peronismo kirchnerista de Mendoza, que lo suele intentar arrinconar por los hechos de inseguridad, no está bien considerado por la mayoría de los votantes de esta provincia. Si el Gobierno y su ministro Levrino están convencidos de que están haciendo las cosas bien, no tendrían que escaparle en la Legislatura a la discusión sobre seguridad.
Antes de que se repitan hechos terribles como el de la pedrada salvaje en la cabeza del trabajador que llegaba en bicicleta a su labor a las 6.40 de la mañana, en la de Casa de Gobierno debe generarse una movida política para demostrarle a los mendocinos que este Gobierno no está dormido en los laureles.
El problema de ganar
Los oficialismos que ganan las elecciones de medio término con holgura (casi el 50% de los votos en el caso de Cambia Mendoza en noviembre pasado) suelen bajar la guardia y cometer errores garrafales. La realidad ha demostrado con creces que en política nadie tiene la vaca atada y que un gobierno no se maneja de taquito.
La caída del ex jefe de Policía Roberto Munives, en enero pasado, por usar bienes del Estado en provecho propio, fue un toque de atención que quizás no fue leído de manera conveniente en el Barrio Cívico.
Nadie pide un estilo Berni (ministro de Seguridad bonaerense) o un modelo Aníbal Fernández (par de aquel en la Nación) para manejar la seguridad de Mendoza, ya que no concuerdan con el gusto mendocino. Lo que se sugiere es más profesionalidad política y mejores argumentos. Y muñeca y habilidad para hacer prevención.
Por ejemplo, los razonamientos que ha dado el ministro de Gobierno, Víctor Ibañez, para refutar las críticas del peronismo kirchnerista sobre la situación de inseguridad en Mendoza, han sido elementales, sin sustancia.
Dicha refutación debió haber sido hecha por Levrino, que es el ministro que tiene la responsabilidad política de la Seguridad. Es comprensible que un Gobierno defienda a sus ministros, pero no a costa de que el afectado termine siendo el gobernador.
¡Ojo! La pedrada que mató a Emiliano Fernández nos ha sacudido la cabeza a todos.


