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La estancia de Grabois y Vicky: bien nacional, popular y clerical

Juan Grabois, el militante social que dice representar al Papa en la Tierra (léase, en Argentina) ha tenido -y aprovechado muy bien- sus 15 días de fama. Renace "el populismo agrario clericalista"

Fíjese en la siguiente coincidencia de ventanales: en Juntos por el Cambio el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, dijo que "no podemos tirar al ex presidente Mauricio Macri por la ventana". Lo que se pretende, insiste, es que esa coalición no tenga un jefe único sino una conducción horizontal. En tanto, desde el entorno de Alberto Fernández voceros del mandatario confirmaron a La Nación que "no vamos a tirar a Juan Grabois por la ventana". A este dirigente social, dicen, lo van a contener porque "el pibe" del papa Francisco es de buen corazón.

Ya lo había enseñado Perón cuando le decía a la "juventud maravillosa" de comienzos de los '70 que actualizar el partido peronista no se trataba de "tirar todos los días un viejo por la ventana". Después los montoneros y la Triple A se cansaron de tirar a personas por las ventanas, previo llenarlos de plomo.

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Aún hoy, en las pequeñas cotidianidades de la política se comprueba cuánto ha calado el apotegma "peronistas somos todos" con el que el ladino humor de Perón nos helaba la sonrisa. A poco de morir, el viejo conductor pidió que tronara el escarmiento con los que pasaron a la clandestinidad en un gobierno constitucional. Se fue llevándose en sus oídos "la maravillosa música del pueblo" y al resto nos abrió las puertas del infierno.

¿De que te la tirás?

Dicho esto, enfoquémonos en nuestro personaje, Juan Grabois, al que no arrojarán por ninguna ventana. Primero, no es pibe. Tiene 37 años. Es "un tonto grande", como decían en mi familia cuando alguno de esa edad se mandaba alguna macana.

No es tampoco ningún gil ni un militante del nivel de un D´Elía. Ni tiene esa fiebre clientelística desatada de una Milagro Sala. Es un tipo que ha estudiado: es licenciado en Ciencias Sociales y abogado. La secundaria la cursó en un colegio privado de San Isidro, localidad de donde es su familia, y donde él aún vive. Está casado y tiene 3 hijos.

Es un católico sui generis, pero sobre todo es un político. Ha adquirido una creciente popularidad que se debe achacar, primero que nada, a su vinculo con el Papa, pero también a su constante y creciente actividad militante tanto en el Movimiento de Trabajadores excluidos (MTE) como en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). El "te" trabaja con cartoneros con la misma intensidad con que ahora combate a los terratenientes como los Etchebehere, pero con objetivos que nada que ver con un tipo de la izquierda marxista.

En algo hemos avanzado: en los ´70 cierta gente esclarecida "salía de caño" y ahora Grabois toma fincas y estancias para predicar una reforma agraria con tufillo a rancio. La diferencia es que lo hace acompañado de las hijas de los propios dueños de las tierras y de funcionarias chispeantes del gobierno nacional, como Vicky Donda, que a modo de "observatorio" de amplio espectro, acompañan y supervisan las lateralidades de las tomas.

El casero de la estancia Casa Nueva, donde por casi 15 días estuvieron los "tomadores", ha dicho tras el desalojo judicial que Grabois y compañía "parecían estar de vacaciones: cantaban y reían hasta las 3 de la mañana".

La soja, culpable

Alberto Fernández ha repetido que no avala las tomas, pero ha reconocido sin embargo que Grabois "tiene ideas para revitalizar el campo" y que está "decidido a apoyar eso, ya que la soja desemplea cada vez a más gente que termina hacinada en zonas urbanas". En cambio, un turbio personajón como Sergio Schoklender, quien supo ser el secretario protegido de Hebe de Bonafini en aquel frustrado proyecto habitacional llamado "Sueños compartidos", que concluyó en una escandalosa causa judicial cajoneada para salvar a la titular de Madres de Plaza de Mayo, ha afirmado que "Grabois es un caradura que no trabajó en su vida", coronándola con esta frase enternecedora: "No podemos gobernar con el enemigo".

El filósofo y periodista Miguel Wiñazki (el padre del Gordo Nicolás Wiñazki) aclaró muchas cosas en una interesante columna que publicó en Clarín, donde afirma que "el populismo agrario clericalista" que pregona ahora Grabois es una versión rediviva del sistema que impusieron los jesuitas hace más de 200 años en el litoral argentino y en zonas de Brasil, Paraguay y Bolivia.

Aquello no era otra cosa que un "sistema de vasallaje evangélico", dice Wiñazki, en el que el generalato jesuítico que manejaba esas tierras usaba a los indios -que decía iba a liberar- para que siguieran trabajando para ellos, convirtiéndose así en "caudillos eternos que oficiaban de obispos laicos".

La hago corta y concluyo: el peronismo nunca nos va a aburrir.