Esos jodidos tíos de España parecen argentinos, pero no

En estos días me he visto envuelto en un creciente empeño por entender algo de la política española actual que, como no podía ser de otro modo, posee un entramado jodidamente complejo.

Deben influir en este interés los genes ibéricos que me dejó mi abuelo paterno, algunas particularidades sustantivas del "carácter" español y, claro, la forma en que vivimos el azote de la pandemia de Covid registrado en ese país y que, de alguna manera nos advirtió de cómo debíamos actuar en la Argentina para evitar tantas muertes y contagios.

Muchos de los que desde marzo empezamos a trajinar los diarios españoles con más asiduidad de lo habitual, nos topamos en la sección Política de los periódicos ibéricos con títulos y nombres que nos dejaban en ascuas porque, salvo al presidente Pedro Sánchez (PSOE), su vicepresidente segundo, el chavista Pablo Iglesias, o al líder del opositor Partido Popular, Pablo Casado, no lográbamos reconocer a casi nadie en medio de tantas agrupaciones políticas de las comunidades autonómicas.

El factor Juanito

En estos días, la partida desde España del anterior rey, Juan Carlos de Borbón, padre del actual Felipe VI, envuelto en los inicios de una probable causa judicial por evasión impositiva y lavado de dinero, ha puesto al país en una ebullición política justo cuando la pandemia ha rebrotado en varios puntos de la península, situación sólo atemperada por el acuerdo logrado en la Comunidad Europea para "el rescate" de España.

Los partidos de derecha, acusan al Gobierno (Partido Socialista y Podemos) y a algunos de los partidos nacionalistas, de estar librando una fenomenal movida para cambiar la Constitución de 1978, dinamitar a la monarquía, y establecer lo que los chavistas españoles llaman una república plurinacional,

Ello daría pie -en el imaginario de ciertos voceros de izquierda- a jubilar a toda la nobleza, a olvidarse de reyes y princesas, y a profundizar las autonomías, hoy respetadas pero también sofrenadas civilizadamente por la Constitución que dejó la transición posfranquista.

Esa Constitución es la que le permitió a España tener 40 años de progreso como pocas había vivido esa nación.

Los populares

El grupo más grande de la derecha o centro derecha es el Partido Popular (PP), al que pertenecen los expresidentes Aznar y Rajoy. Nacido en aquella recordada transición civilizada e inteligente que lideró Adolfo Suárez, el PP ha crecido entre el liberalismo y el conservadorismo.

Desde hace dos años al PP lo preside un dirigente de 39 años, Pablo Casado, un hábil orador que le ha dado a la agrupación un tono de modernidad y de moderación, apartado de cualquier idea de franquismo.

Es un partido que apunta a afirmarse en la centroderecha republicana, con un tono europeista, de mercado, y comprometido con la Constitución que se votó en 1978 tras los Pactos de la Moncloa donde la derecha, el centro y la izquierda juraron respetar las diferencias autonómicas pero bajo la idea de una España compacta.

Esa Constitución fue la que evitó hace casi tres años que el nacionalismo de Cataluña lograra separarse de España. La Justicia hizo cumplir la ley y la dirigencia extremista fue encarcelada por alzarse contra la Carta Magna.

Los otros

Otros dos otros grupos que están situados del centro a la derecha son: 1)Ciudadanos, nacido en Barcelona con ideas republicanas de centro, que ya tiene llegada nacional y ha logrado obtener escaños dentro de coaliciones en varias autonomías; 2) El otro es Vox, que apareció en el escenario político en 2013 como una escisión dentro de la gestión presidencial de Mariano Rajoy.

Los de Vox sí que están bien a la derecha, casi al extremo, aunque se cuidan mucho, desalentando ideas violentas, situándose siempre dentro del sistema. Su líder es Santiago Abascal, otro buen exponente del "pico de oro" sobre todo en sus exposiciones en el Congreso. El rasgo más ultra de Vox se refleja en sus posturas contra la inmigración.

Vista izquierda

La izquierda está representada por el Partido Socialista del presidente Pedro Sánchez, muy cascoteado por la gestión de la pandemia y por la debacle económica, quien conduce un gobierno atado con alambres con su socio inesperado, el chirriante Pablo Iglesias, líder del chavista grupo Podemos, un personaje confrontativo rechazado por el grueso de la sociedad española

Muy, muy lejos de los relumbrones políticos que dejó el socialista Felipe González, Pedro Sánchez carece incluso de cierto carisma que supo acompañar al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre raro que se desdibujó y que luego terminó siendo defensor político del dictador Nicolás Maduro.

No es lo mismo

Resumo dos o tres aspectos que me han llamado mucho la atención. En primer lugar, esos tíos españoles son jodidos y en una primera visión uno podría decir que parecen argentinos. Pero no.

Me explico: he observado en video varios debates y comparecencias que las autoridades del Gobierno español han realizados ante los legisladores en los últimos meses y lo he hecho con una atención como si estuviera viendo una serie de Netflix.

Estupendas oratorias, argumentos bien desarrollados, críticas terribles pero siempre separadas del ataque personal. ¡Qué gusto da ver el talento oral en acción, la templanza para no salirse de las casillas, la habilidad para el chascarrillo de salón, para criticar duro pero con clase, para ser incluso políticamente incorrecto con habilidad!

Dos sorpresas

Dos legisladores para destacar: uno, Gabriel Rufián. Sí, de apellido Rufián. Activista de la izquierda radicalizada y secesionista de Cataluña. Confrontativo, desafiante, soberbio, pelmazo hasta la exasperación, pero con un carisma pocas veces visto. Cuando en las sesiones le dan la palabra o cuando en las comisiones interpela a alguien lo suyo es un show seguro. Más de una vez ha sido echado del recinto por no respetar los protocolos.

Otra, Cayetana Alvarez de Toledo, diputada y vocera del Partido Popular. Un aguijón contra el gobierno. Culta, concisa, desmarcada de pedanterías, con una claridad expositiva de excepción. Una mujer de centroderecha que se la pasa rescatando los valores de la Ilustración, de la concordia, de la razón. de la modernidad y que cree que lo mejor que le pasó a España fueron los Pactos de la Moncloa donde la derecha y la izquierda democrática se juramentaron hacer crecer a su nación.