Me cae mal que los nuevos legisladores -varones o mujeres- vayan a prestar juramento con sus hijos en brazos o que los usen de escudo como para insinuar humanidad. Si ya sé, es materia opinable. Y lo mío suele ser de puro pelmazo.
Ante eso admito que hay muchos senadores o diputados que quizás no lo hagan para ablandar a la tribuna sino porque lo ven como algo natural. No se plantean si está mal o bien. No creen que "eso" sea usar a los niños.
Separada entonces la paja del trigo y aclarado que no es mi intención meter a todos en la misma bolsa, convengo con ustedes, lectores, que salvo que yo desconozca algún reglamento de las Cámaras legislativas que prohíba el uso de los niños con fines políticos, creo que esos legisladores están en, digamos, su derecho. Sin embargo, me gustaría compartir con ustedes algunas preguntas.
Digo yo
Esos legisladores que suelen prestar juramento junto a sus vástagos como garantía de honestidad ¿les habrán explicado alguna vez a esos mismos niños las razones por las que después suelen faltar a las sesiones sin dar explicaciones a quienes les pagan sus muy buenos sueldos?
O ¿por qué no van a las reuniones de comisión? o ¿por qué no atienden los reclamos o las sugerencias de los votantes? o ¿por qué no estudian a conciencia las leyes que votan?
O ¿por qué suelen ser tan elementales?, o ¿por qué utilizan las horas de trabajo para hacer politiquería "en el territorio"? Esto último, lo de utilizar el "territorio" como argumentación de sabandijas, es algo que me revuelve las tripas.
No desconozco que "territorio" es un concepto interesante dentro de las ciencias sociales. Lo que me esgunfia es la desvirtuación de esa noción por parte de avispados y vivarachos.
Mire, vea
Y sigo con las preguntas: ¿por qué será que muchos de los legisladores no tienen opinión formada sobre casi nada?
¿O por qué será que uno celebra cuando se topa con un senador o una diputada "con estudios" y opinión propia, es decir alguien que se quema las pestañas leyendo y analizando -por ejemplo- cómo dotar a esta provincia de leyes novedosas, justas, necesarias?
La política en general suele hacer una utilización ladina de la niñez. Para mí, que un candidato alce en brazos en brazos a un pequeño y lo besuquee como tía desbordada, es una falta de respeto supina, motivada solamente para inmortalizar en una filmación la supuesta calidad humana del postulante o del ya funcionario.
¿Me entiende? No estoy afirmando que doña Carmen, la vecina más cercana de su casa, no deba besar o alzar niños, porque ella no lo hace para que la gilada la vea y diga "qué buena ésta vieja", ni se hace filmar.
No los canso más
Para que se entienda bien: me molesta que lo haga el papa Francisco, o Trump, o Evo, o Macri, o la Merkel, o la reina Isabel, el chino Xi Jinping o el Dalai Lama.
Los niños esperan abrazos, mimos, comprensión y atención de sus padres, de sus abuelos, o de su "seño" de la escuela, es decir de aquellos que lo quieren bien.
El abrazo o el beso a un niño proveniente de un político o de un dirigente con poder siempre será interesado, algo buscado para que redunde sólo en su propio beneficio.


