Es común que a Sergio Palazzo se lo mencione en la prensa nacional con el agregado de "el dirigente mendocino". Factótum del gremio bancario, tiene 57 años y fue durante mucho tiempo "el Gordo Palazzo".
Pero además de su lugar de nacimiento y de su pasado de abundante humanidad, lo que más solía llamar la atención en él se resumía en una excentricidad política: era un sindicalista de origen radical.
Ahora es flaco y peronista de la línea Moyano.
Quien lo viene escuchando en sus discursos y declaraciones de los últimos años sabe que la UCR ya es una estación olvidaba. El tren de Palazzo se desliza por las vías del sindicalismo peronista ortodoxo. Y es uno de sus mejores alumnos.
Por ejemplo, es un magister en moyanismo. Y afirma a los cuatro vientos, sin ningún tipo de pudor: "Quiero ser el Hugo Moyano del sistema financiero".
¿Alguien puede querer ser Moyano en este país? Claro, muchísimos. Pocas personas se han hecho tan millonarios de la nada como Moyano. O han obtenido tanto poder apelando al patoterismo y a las ilegalidades más desatadas. Siempre con el sello prepotente.
Irse de boca
Palazzo ya venía con el pico calentito. En el verano de 2017 se animó a una frase célebre tipo Dady Brieva: "Ojalá pierda el Gobierno, porque si le va bien, es que le va mal al pueblo argentino". Se refería a las elecciones legislativas de ese año que, como todos saben, las terminó ganando Cambiemos.
En este 2019 electoral Palazzo ha informado al país que "por las buenas o por las malas" ahora "vamos a ir por los empleados de las fintech". Es decir, una versión gremial del "Vamos por todo" de Cristina Kirchner.
Las fintech son las empresas de finanzas digitales. Cada vez tiene más trabajadores. Y su nave insignia es Mercado Libre, hoy por hoy la firma más poderosa del país.
Palazzo ha marcado que quiere a toda esa gente sindicalizada en La Bancaria sí o sí y haciendo aportes a ese sindicato. Papita para el loro.
El asunto es que Palazzo los quiere encuadrar a como dé lugar. Como hacía y hace Hugo Moyano. Sea legal o no, Moyano anda desde hace décadas a la caza de empleados de todos los rubros para meterlos de prepo al gremio de los Camioneros.
El caso de las Fintech y de otros servicios nacidos de la virtualidad tecnológica son aún un desafío en materia de legislación laboral. Y claro, Palazzo como buen peronista, avanza. Está en su derecho, pero en lugar de hacer su trabajo convenciendo a la ciudadanía de su supuesta verdad, lo hace amenazando.
¡Afiliados, vengan a mi!
Palazzo ha decidido transmitir a la sociedad de manera brutal sus pretensiones sindicales. No interesa, como decíamos, que aún el andamiaje normativo de las nuevas realidades no se haya clarificado.
"Ahora voy por Marcos Galperín, el dueño de Mercado Libre", desafía el ex Gordo, como diciendo, a la manera de Evita, "Donde hay una necesidad hay un derecho" o "No quedará un ladrillo que no sea peronista".
"Todo el que preste un servicio financiero, así sea en un supermercado o una estación de servicio, debe estar dentro de La Bancaria", añadió el mendocino. Según sus números, si logra su propósito por "las buenas o por las malas" sumará 6.500 asociados.
Algunos que lo conocen bien en el Círculo Rojo se espantan de esta nueva faceta del "Gordo".
Y afirman que les llama llama la atención este prepotente actual. Recuerdan que siempre fue un hábil equilibrista, un tiempista. Era duro pero sabía cuando había que dialogar. Y marcan un dato no menor: dicen que tiene a su favor que no le ha explotado ningún chanchullo de corrupción.
Por eso, cuesta entender a este mendocino de Guaymallén que ha pateado fiero el tablero y que pregona que ahora lo suyo es ir por todo.


