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Franco Revérberi, el cura de San Rafael acusado de torturador

Franco Revérberi, es un cura que actuó en San Rafael durante la última dictadura militar. Desde hace años se encuentra prófugo de la Justicia y exiliado en Italia

Tiene alrededor de 80 años pero su edad no le impide dar misa en un pueblo de Italia. Algunos lugareños se enteraron quién es y decidieron no ir a misa. No lo juzgan pero quieren que la Justicia lo haga. Otros muestran su indiferencia. Franco Revérberi es un cura que actuó en San Rafael durante la última dictadura militar argentina. Años después viajó a Italia y no se movió de allí.

La razón para quedarse es simple. Está pedido por la Justicia argentina. Si llegase a salir de Italia, Interpol lo detendrá. Pero en Italia no. Allí está protegido por la Iglesia católica y por el propio Estado que decidió negar su extradición hace unos años.

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Días atrás, su nombre surgió en una videoconferencia internacional. Allí se supo que se buscan abogados italianos para realizar un nuevo pedido de extradición.

Según el referencia de la Asociación Por los Derechos del Hombre, Richard Ermili, el sacerdote se encargaba de ablandar a las víctimas para sus captores. Lo suyo era más lo psicológico que lo físico. De eso se encargaban los otros.

"Algunos detenidos creían que serían liberados después de su colaboración, pero era todo falso”, explicó Ermili.

Algunas de las víctimas sanrafaelinas que sobrevivieron a las torturas, lo identificaron cuando comenzaron a investigarse los delitos de lesa humanidad en la década del 80 y repitieron su nombre en los juicios que se han realizado desde el 2010. El sacerdote no ha querido comparecer ante la Justicia ni para defenderse ni para prestar su testimonio.

Quién es Franco Revérberi

Revérberi nació en Italia pero a los 11 años vino a vivir a Argentina.

En San Rafael fue sacerdote y capellán militar. Pero cuando se retomaron los juicios de lesa humanidad, él sacó un pasaje y volvió al mismo pueblo de Parma, en Italia, que lo vio nacer.

Allí, la Iglesia lo recibió con los brazos abiertos y le permitió dar misa. Incluso después de que foto apareciera en la web de Interpol, buscado por crímenes de lesa humanidad y tortura.

Según la investigación, el sacerdote asistía a las sesiones de tortura en el centro clandestino llamado "la Casa Departamental".

Allí hablaba con los secuestrados, les prometía interceder para su liberación si decían lo que pedían sus captores, según los dichos de los testigos.

Luego, como un captor más, asistía a las sesiones de tortura sin soltar su biblia y vestido de uniforme militar, aseguraron los testigos frente a los jueces.

En el 2010 el sacerdote fue llamado a declarar. No se presentó. Poco tiempo después de las primeras condenas, se fue a Italia. Allí negó haber sido capellán militar. Aún la Justicia espera escucharlo de su boca.