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Florencio Randazzo, el que se quedó con sangre en el ojo

Randazzo fue durante 8 años ministro de Cristina. En 2015 quiso ser candidato a presidente, pero la dama lo bajó de un plumazo. Ahora vuelve e irá "por arriba"

Florencio Randazzo y algunos dirigentes conocidos del peronismo -entre ellos Lavagna, esta vez sin chancletas- creen que ya no hay que ir por el medio de la grieta. Ni baquetear entre uno y otro extremo de ese abismo político. Para Randazzo, el cristinismo y el macrismo han fracasado. Él quiere "ir por arriba". Textual, en serio, lo dice así.

Randazzo nos ha aclarado a los argentinos que no busca ser una "tercera vía", ni un camino intermedio dentro de esa lógica de extremos que es la grieta. Quiere que su espacio sea "otro camino". Y va "por arriba". Mire usted.

Hoy afirma que hay que convencer a la gente de no persistir "en los fracasos a los que nos llevaron el Frente de Todos y Juntos por el Cambio". Por eso se prepara para participar con partido propio filoperonista en las legislativas de noviembre de este año que, supone, lo posicionarán para las presidenciales de 2023 a las que el kirchnerismo llegará -todo indica- muy desprestigiado.

Lo pararon en seco

Es el mismo Randazzo que se quedó con sangre en el ojo porque "la que corta el bacalao" en el peronismo le prohibió postularse a candidato presidencial en el 2015. Sí, claro que se acuerda, lector. Es ese flaco, alto, y de nariz puntiaguda, bien cara de tano, que fue ministro del Interior y de Transporte de Cristina Kirchner y que alguna vez pisó Mendoza durante sus ocho años de ministro nacional.

En su momento él creyó que los dos ministerios que manejó eran mérito suficiente para candidatearse a presidente en 2015, pero Cristina le vetó de manera terminante ir a internas con Daniel Scioli en las PASO previas a la elección presidencial que ganó Mauricio Macri. Ella despreciaba a Scioli, pero estaba convencida de que si el ex motonauta le ganaba a Macri ella iba a poder manejarlo a placer. De Randazzo no tenía tal seguridad.

Randazzo da más datos de lo que busca: "No somos el Lado B del peronismo. No vamos a discutir la pandemia, ni el pasado, ni las muertes, sino el futuro". En las legislativas de 2017 armó una agrupación propia y se presentó para legislador nacional con nada menos que Alberto como jefe de campaña (sí, ése Alberto). Pero no le dieron los votos para entrar al Congreso. Ahora cree que sí.

Ya ha tentado al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, al ex gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey, a Graciela Camaño, es decir parte del equipo estable de eso que llaman (no siempre con exactitud) el peronismo civilizado.

Descorazonados

En estos días está envenenado con Cristina Kirchner y con el presidente de Diputados, Sergio Massa, por el aumento del 40% a los empleados del Congreso y a todos los diputados y senadores. "¿Han perdido el sentido común o no tienen corazón?, se pregunta Randazzo en las redes sociales".

Se ha permitido, además, una herejía: ha afirmado que la dirigencia sindical y las organizaciones sociales (el piqueterismo) son parte del problema central de la Argentina. Los millonarios jefes sindicales, esos que no tienen ningún tope para eternizarse en el poder, vienen bombardeando la necesaria reforma laboral que necesita el país desde hace décadas. Y las organizaciones sociales hacen el peor clientelismo con dineros públicos que si fueran, por ejemplo, a las pymes, darían trabajo genuino y permitirían blanquear a millones de argentinos que están en la informalidad.

Los más malditos ya andan diciendo que lo de Randazzo es una "nueva colectora" de votos armada con Lavagna para evitar que los peronistas republicanos se vayan con Juntos por el Cambio. Y para que después puedan ir a "porotear" cuando haya que preparar las listas peronistas en 2023.

Sin ese don

Hay varios detalles que por ahora le juegan en contra a este político nacido en Chivilcoy hace 57 años y que ahora quiere hacer política "por arriba" del peronismo.

  1. Su prolongada adhesión a Cristina. En el largo reinado presidencial de la dama no se le conoció a Randazzo cuestionamientos a los casos de corrupción ni a las formas autoritarias. Tampoco, hay que decirlo, estuvo él sospechado de participar de esas matufias.
  2. Su escaso carisma o nivel de atracción política. Da tristonio. Hay una gran porción de argentinos que nunca lo ha sentido hablar.
  3. Hay dudas sobre si sus críticas al cristinismo están originadas en el freno que la entonces presidenta le puso a su proyecto presidencial en 2015 o si realmente está harto de las formas populistas de hacer política, de la corrupción, y de un peronismo que en lugar de generar riqueza es una fenomenal fábrica de pobrismo.

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