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Eyectaron a Felipe Solá, el tipo que nos enseñó cómo durar en la política

El patadón en el traste que le dieron a Felipe Solá parece poner en crisis su consigna de que "para durar en política, hay que hacerse el boludo"

Felipe Solá (71) le enseñó al mundo la fórmula para pasarla bien y durar en la política. Lo dijo con cinco palabras inolvidables: "hay que hacerse el boludo". Pocas veces se ha visto tal claridad conceptual en boca de un funcionario que ostentó múltiples cargos.

En efecto, Solá fue ministro, vicegobernador, gobernador, legislador nacional, canciller. Dentro del peronismo fue oficialista y opositor. Tiene una cucarda notable para exhibir: en la elección de medio término de 2009 se asoció con De Narváez y Macri y le ganaron a Néstor Kirchner.

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Este ingeniero agrónomo, porteño, de Recoleta, pero muy vinculado al campo, había egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires con una fuerte simpatía por el peronismo, ámbito político por el que ha transitado todas sus variantes. Por el ala conservadora y por la progresista. De centro, derecha e izquierda. Eso sí: siempre con estilo.

Sin embargo ahora ha sido expulsado del albertismo mediante el uso de violencia simbólica, como dicen los del INADI. Le dieron una patada en el tujes desde el Ministerio de Relaciones Exteriores hacia la perra calle.

Sueño presidencial

En 2011 Solá había pronosticado que "en diez años más", o sea ahora, iba a ser presidente de la Nación. No lo fue, pero en cambio se conformó con ser canciller del gobierno de Alberto y Cristina, un puesto que acaba de dejar en medio de un paso de comedia o, mejor dicho, de un desatado grotesco.

El Gobierno lo envió como representante del Presidente argentino a la reciente cumbre de mandatarios de Latinoamérica y del Caribe y, cuando iba en vuelo a México, le comunicaron que lo habían echado del cargo. Es deliciosa la política, no me diga.

Casos como éste, donde a uno le dan el piro cuando menos lo espera, son una estupenda oportunidad para hacerse el boludo y volverse a la casa cantando bajito. El peronismo siempre da chances. El Financial Times lo dijo de otra manera por estos días: "El peronismo siempre tiene márgenes para sorpresas desagradables".

Lacalle, compadre

De nada sirvió que el tipo hubiese puesto cierto empeño en adecuarse a los vaivenes ideológicos que le iban dictando desde la Casa Rosada. Sin duda, su paso como ministro de Relaciones Exteriores no ha sido su mejor cargo. Nadie, ni Solá, puede lucirse en un gobierno cuya política exterior es una confusa retahíla de merengues políticos y de marchas y contramarchas.

Nuestra relación diplomática con el mundo ha sido una montaña rusa. De un primer Alberto que quiso poner cierta distancia crítica con respecto a la autocracia venezolana de Maduro, pasamos a éste Alberto de ahora que se niega a cuestionar tanto al sucesor de Chávez como a Daniel Ortega, el sátrapa de Nicaragua que ha encarcelado a toda la dirigencia opositora para que en las próximas elecciones sólo se presente él.

Hoy cuestionamos a Israel, mañana a Colombia, y pasado mañana deschavamos desde la Cancillería una conversación reservada de Joe Biden con Alberto Fernández, pero eso sí, dejamos a salvo a Putin, a la teocracia de Irán y a la dictadura apolillada de Cuba, entre otras buenas gentes.

Qué puede esperarse de un Gobierno que vive peleándose con el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, porque es liberal y dice cosas molestas para la progresía latinoamericana, esa que afirma ser de izquierda y es desfachatadamente de derecha.

En el caso de Brasil, principal socio comercial de Argentina, nuestra Cancillería no ha logrado en casi dos años de gestión ni un sólo encuentro con Jair Bolsonaro. Por más loco que esté el susodicho derechista, hay tantos asuntos para arreglar y beneficiar al país, por ejemplo en el Mercosur, que suena increíble que no se haya hecho política más sensata.

Tu hermana

Dolores es la menor de los seis hermanos Solá. Es cantante de tangos y antimacrista acérrima. La dama admitió en 2019 que "Felipe se ha equivocado fiero algunas veces, pero ha tenido el valor de reconocerlo. Es transparente, no esconde nada, y por eso mucha gente le ha perdonado muchos errores históricos. Otros no se lo perdonarán nunca. Y se ha equivocado más de una vez". Buena data: sirve para hacerse una idea más completa del personaje.

Solá fue peronista renovador con Antonio Cafiero, menemista con Menem, Duhaldista con el Cabezón y kirchnerista y anti K con Néstor y Cristina. Fue Albertista con Alberto cuando éste estaba en el llano e ídem cuando fue ungido candidato presidencial por Cristina.

Hay que reconocerle, sin embargo, algunas actitudes en las que hay que tener espaldas para ir contra la corriente: por ejemplo, durante la famosa sesión del Senado que intentaba aprobar aquel aumento desmedido a las retenciones al agro, Solá un hombre vinculado al campo, votó en contra de Cristina y a favor del agro, como Cobos. Esa madrugada fue insultado a los gritos por Carlos Kunkel, un desaforado senador cristinista, que lo acusó de "traidor y panqueque".

Cuando alguna vez los kirchneristas ultras se pusieron pesados con él y lo acusaron de andar saltando de un amor a otro en el peronismo, Felipe Solá no tuvo empacho en contestarles con un tuit que decía: "Lo importante del poliamor es blanquearlo con tu pareja, no hacerlo por atrás como los políticos que se reúnen de trampa".

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