¿Pifian cuando dicen que al gobernador Rodolfo Suarez todo le sale para el traste? La Vendimia le salió bien. Concluidas las tres noches de anfiteatro en jornadas en las que no llovió ni corrió viento ni se cayeron columnas de luces, el mundo se vino abajo por la explosión del coronavirus, sobre todo en Europa. Pero esto último lo excede.
En Mendoza y el resto del país comenzaron las olas de cancelaciones de todo aquello que significara concentración de personas, pero era tarde: la Vendimia de Suarez ya había zafado.
A otros mandatarios radicales les había ido fulero con la Vendimia: en 1985 Felipe Llaver tuvo que suspenderla por el terremoto y al Mula Iglesias le explotó el Motín Vendimial del 2000 en la Penitenciaría.
En la primera noche del Acto Central 2020, el mandatario provincial gambeteó con éxito los atisbos de chiflidos con los que algunos militantes ambientalistas querían recibirlo en el Frank Romero Day.
El Acto Central arrancó 10 minutos antes de lo previsto para sorprender con la exhibición de un video en el que los principales responsables del espectáculo se presentaban ante el gran público y decían cosas ampulosas como que la Vendimia ea "un hecho sagrado". Esta treta dio pie para que el gobernador entrara sigiloso y a oscuras al palco oficial.
Dos jornadas después, y tras los últimos acordes de Perra y del Bombón asesino, la Vendimia bajaba la persiana con una noche de cumbia pasada por el tamiz de una batuta culta.
Enterrada la Fiesta, volvieron los días bravos para Suarez: la Legislatura terminó de votarle el Presupuesto para este año, con dos meses y medio de atraso y sin la posibilidad de tomar deuda.
La pauta imaginada por Suarez y sus técnicos terminó mochada por los peronistas bajo directivas expresas del cristinismo nacional. Esto le cierra a Suarez las puertas (¿todas?) para pedir más endeudamiento en dólares, con lo cual se viene un ajuste en la obra pública y de personal estatal.
La oportunidad
A veces no está tan mal que las cosas no salgan tan bien como uno las había imaginado. En un país políticamente tan inestable como el nuestro, hasta puede ser un aventón.
Tras esa trompada fenomenal que Suarez se ligó al tratar de adecuar la actividad minera a las nuevas realidades del mundo (tuvo visión pero no anclaje), el gobernador se vio obligado a hacer un curso acelerado de realidad extrema e iniciar un master en astucia y sentido de la oportunidad.
El Suarez de vacas flacas presupuestarias no desentona en el concierto nacional porque ni siquiera el presidente Alberto Fernández puede presentar aún un plan económico, trabado como está por la muy lenta negociación con los bonistas y con el FMI por la deuda.
Dicha situación ha sido agravada de manera lacerante por ese terremoto político, social y sanitario que es el coronavirus que ha invadido el mundo globalizado dando cachetazos a diestra y siniestra.
Suarez tiene la oportunidad de reconstruirse y de demostrar que puede ser algo más que "un cheto de mierda" como dicen algunas paredes pintadas por el ambientalismo. En la comuna de Capital demostró que es un buen administrador.
Ni bultos que se menean
Pero la Provincia es otra cosa muy distinta. La comuna es la parte. La Provincia, el todo. Y en esa cancha es donde está obligado a demostrar su inteligencia, su templanza, su ingenio e incluso su pizca de "sana maldad" si se me permite la aparente contradicción.
Suarez tiene que demostrarnos a los mendocinos que no lo asustan los malos tiempos ni la adversidad. El buen político es también un prestidigitador, alguien que siempre tiene una paloma para sorprender y generar expectativas.
Pero también alguien que está dispuesto a decir que "No" en homenaje al bien común. Eso es dificilísimo.
Un político que tiene el tacto y el coraje de decir que "No", es alguien que ha empezado a entender que las verdades sectoriales siempre deben ser confrontadas para ver si encajan en ese puzzle fenomenal que es el bienestar general.




