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Eximimos de culpa a Eleonora Wexler

¿Es noticia que murió la perra de Eleonora Wexler siendo que el país ignoraba que la actriz tuviera un pichicho? No sólo la política suele sucumbir ante el avance del populismo

Transcribo un título que vi en un diario serio: "El dolor de Eleonora Wexler por la muerte de su perra Ambar". Cosas así leemos todos los días. Y cada vez más. Lamento la tristeza de la actriz, pero eso es algo que le interesa a ella y a dos o tres allegados más. Es algo de entrecasa. Y está a años luz de ser un hecho noticioso.

Si usted me dijera que ése es el perro que sale todos los días en la TV en la novela Equis o que está entrenado para rescatar víctimas en los aludes o adiestrado para encontrar drogas, bueno, podríamos entenderlo desde lo informativo porque ese animal sería alguien conocido por estar realizando cosas inusuales. Pero no, es una perra, querible, no digo que no, pero que sólo conoce la dueña, no nosotros. La pobre perra hizo lo que le mandó la naturaleza, acompañó a su ama ejerciendo su instinto de animal doméstico.

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No sólo la política suele sucumbir ante el populismo, también una creciente fracción del periodismo lo hace ante el populismo de las redes sociales. ¿No vamos a decir ni mu?

Nieblas argentas

Alberto Fernández dijo hace unas semanas una frase que parece sacada de un tango: "Todo está lleno de niebla". La dijo para definir la espesa realidad política y económica. Creo que eso de "la niebla" se podría utilizar también para definir a estos merengues conceptuales donde lo nimio, lo absolutamente personal, lo insignificante, lo privadísimo, se apropia del lugar de lo novedoso o lo informativo.

Es decir, algo que se apodera, sin merecerlo, del "arduo honor de la tipografía". La frase es de Borges, quien consideraba que parte de su obra no debió alcanzar ese sitial de la gráfica.

Antes los diarios instalaban "agenda", es decir que fijaban temas de los cuales después se hablaba. Ahora eso ha menguado o está más compartido. Uno de los grandes desafíos del periodismo es recuperar ese espacio. Y decididamente no lo va a lograr apelando al perro de Eleonora Wexler. Eso es algo que se va a lograr con calidad en lo informativo, en la opinión y en la investigación.

Aclaro que no estoy proponiendo la eliminación de esas misceláneas, como el primer ajó del hijo de la China Suárez, el herpes de la Barbieri, las supuestas peleas en el Bailando, o el gato que se encontró Andrea Rincón.

Pido simplemente que a eso se le otorgue contexto, que sea una sección de pequeñeces, no que la presenten como el resto de las noticias, con la misma tipografía y bajo el título "Terrible momento en la vida de Pampita", donde lo terrible es que el marido se olvidó las llaves de la casa, con lo cual se mofan de tu tiempo y se defecan en el periodismo ya que la supuesta noticia recién va a estar en el quinto párrafo para mantenerte más agarrado. Una "webada".

Guarda con la red

El periodismo, la prensa, la libre expresión, son parte de la legalidad democrática. Su deber es informar, opinar, investigar y controlar. Mal que le pese a toda la concepción populista, cuya cantinela intenta dinamitar la labor del periodismo que no es militante, la prensa que en la Argentina busca ser independiente aún controla y molesta, todavía cumple su función de tábano asentado en el lomo del cuerpo social para mantenerlo despierto. ¿Son santos? De ninguna manera, de esos...ni en el Vaticano. Pero si no cumplieran su función, aún con errores, no habría democracia plena,

La idea de una prensa libre debe volver a ser costumbre, "tanto -ha explicado Vargas Llosa- que la sociedad en su conjunto no quiera renunciar a ella".

Una cosa es estar al tanto de los vientos que corren en las redes sociales, porque son una realidad (amorfa, anárquica y todo lo que queramos), pero innegable. Y otra cosa es aceptar que allí está la verdad revelada, la voz del pueblo, o algo así. Y, sobre todo, es imposible suponer que en ese ámbito pueda estar el futuro del periodismo. Un sector de las redes sociales, digámoslo claramente, vive de succionar y reproducir todo lo que esté lejos del consenso, del diálogo, de la discusión con altura y de la autocrítica.