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En la Argentina ha sido noticia nacional la festichola de cumpleaños que organizó la funcionaria mendocina de la Municipalidad de La Paz Patricia Mercado, titular de la Secretaría de Relaciones Institucionales y con la Comunidad, para celebrar el cumpleaños de dos de sus hijos con gran despliegue de invitados, videos y luces.

Tanto nombre pomposo para un cargo que no le permitió comportarse de manera “institucional”, ni respetuosa de la “comunidad”.

El intendente peronista Fernando Ubieta, había asegurado en diciembre pasado al asumir: “Prometo formar un buen equipo de trabajo para tener un departamento más equitativo para todos”.

Aquí y allá

Patricia Mercado, a la que ya le aceptaron la renuncia y fue imputada por la Justicia, bien podría integrar el lote de infractores que fueron multados durante el pasado fin de semana por la Policía de España en la Comunidad de Madrid por participar de unas 400 “juntadas” de amigos o parientes que se realizaban en domicilios de Madrid, donde siguen totalmente prohibidas estas reuniones.

La funcionaria de la Paz admitió su error y lo justificó diciendo que había sido “un exceso de madre” porque no quiso que la pandemia le aguara la fiesta conjunta para sus hijos, un varón y una chica, que cumplían 15 y 18 años.

Las imágenes muestran que durante la fiesta paceña nadie usó barbijo, no se respetaron las distancias entre participantes, se utilizó un salón de fiestas, y hubo servicios de luces y música, todo lo cual está claramente vedado. Que una funcionaria lo haya salteado es doblemente preocupante.

La militante Patricia Mercado devino en contraventora serial y expuso a sus hijos, a los amigos de éstos y a parientes a un posible contagio masivo. Pero el error, según ella, fue por “exceso de madre”.

Joder, hombre

 En la populosa Madrid, centro de la peste que ha azotado a España, algunos alegres festejantes decidieron rebelarse por, diríamos, “exceso de ciudadanía” contra las disposiciones de esa Comunidad española donde la cuarentena no ha sido aún alivianada debido al alto número de infectados y muertos que se registran a diario a pesar de que esas cifras van lentamente a la baja.

En algunas de esas reuniones concretadas en edificios de departamentos habían hasta 20 personas y abundaba el alcohol. Pero lo peor es que la música estaba al palo. Este último detalle, más el peligro de contagios, fue el que llevó a otros vecinos a denunciarlos.

La dama Juana

Pero, además, la policía madrileña debió actuar  para desactivar a un  centenar de los denominados “grupos de botellón”. Así les llaman a los que se juntan a beber por las noches en paseos y parques (en épocas normales) provistos con elementos tipo damajuanas para transportar los etílicos brebajes.

Esto es más o menos como el “me ne frega” con el que actuaron numerosos vecinos de Milán (una de las ciudades más perjudicadas por el virus en Italia) apenas las autoridades empezaron a hacer un poco más flexibles las prohibiciones de la cuarentena.

Les permitieron las caminatas por parques y plazas, lo cual muchos aprovecharon para llenar los bares, sin barbijos y abrazándose con los demás parroquianos “a la italiana”.

La Paz, por extraño que parezca, no parece quedar tan lejos de Madrid y de Milán.