Lo que esconden las medias ridículas de Lavagna

Hay que estar más allá del bien y del mal para mostrarse ante las cámaras, en pleno verano, con bermudas, sandalias y medias tres cuartos de las gruesas.

Ese estado de impunidad en el vestir se lo ha permitido el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, un ex funcionario de Néstor Kirchner que, sin embargo, puede lucir blasones sin manchas de tuco político.

Esas medias ridículas de Lavagna han generado en varios argentinos algo así como ternura. No quiere decir -claro- que ese sentimiento se vaya a traducir en votos.

Pero no es un dato menor que este inesperado presidenciable del peronismo (que viene a sumarse a los Pichetto, los Urtubey, los Solá, los Massa, los Schiaretti y otros etcéteras de justicialistas “razonables”) sea el primero que ha generado cierta cosa en eso que se llama “el círculo rojo”, es decir ese conjunto de empresarios, políticos, analistas de toda laya y dirigentes de diverso pelaje cuyas opiniones tienen peso social.

Lo de sus medias tres cuartos estrafalarias suele ser propio de esa gente que por estar muy metida en una actividad específica (en su caso la economía) no le da importancia a los conceptos básicos de elegancia, conceptos que, por otra parte, parecen haber volado por los aires.

Los jeans de Juliana

En estas épocas en que cualquier hijo de vecino cree que puede convertirse en influencer de la noche a la mañana vistiéndose de manera “loca”, lo de Lavagna va por otro lado.

¿Por qué nos van a parecer grotescas las medias con sandalias de Lavagna y no los jeans rotos de la primera dama Juliana Awada?

Sin duda las medias de Lavagna le deben haber causado mucha gracia a Cristina Kirchner, quien tiene obsesión no solo por el populismo político sino por el buen vestir. Durante años criticó a su hoy difunto marido por usar antiguos trajes de sacos cruzados y ¡con mocasines!

Peludo de regalo

Lo que no le debe haber causado gracia a la ex presidenta es haber comprobado que durante este enero le apareció, por fin, alguien que le puede hacer sombra dentro de la oferta del “movimiento” peronista.

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, la contracara preferida del presidente Mauricio Macri, es lo que podría llamarse la primera minoría dentro del extendido entramado peronista.

Si bien los seguidores de Massa, de Urtubey y del resto del peronismo “civilizado” son -sumados- muchos más que Ella, todos esos tienen el problema de que no pueden encontrar una amalgama que los abroquele.

Pasame la voligoma

¿Podrá ser Lavagna el aglutinante? No pidan respuestas tajantes en materia política en la Argentina.

Hasta fines de diciembre Lavagna ni asomaba en el horizonte de los presidenciables peronistas.

¿Y de rompe y raja es la gran esperanza blanca? ¿El único que puede embarrarle la reelección a Macri, al punto que convirtió al balneario Cariló (donde Lavagna pasa sus veranos) en La Meca argentina a la que concurren, con excepción de los cristinistas, todos los que están cocinando el estofado peronista?

Si es solo espuma, se esfumará en las próximas semanas. Pero si las encuestas le dan plafond podría llegar a ser la reinvención de Lavagna.

El malquerido

No faltan por ejemplo, los que, como Massa, lo desechan como presidenciable porque tiene 77 años, a pesar de que Lavagna estuvo todos estos años acompañándolo en el Frente Renovador.

Cristina, por su parte, nunca lo ha querido bien a Lavagna. No tiene feeling con él.

A su marido Néstor le discutió varias veces la decisión de haberlo puesto como ministro de Economía.

Para ella era un funcionario muy duhaldista. Era “peronismo viejo”.

Era la época en que ella soñaba con pasar a ser una instancia política que superara al peronismo, un momento en que su partido le parecía demasiado grasa al punto que lo denostaba como “el pejotismo que hay que dejar atrás”, y en el que criticaba a las mujeres del partido de vivir colgadas de los apellidos de sus maridos famosos. Y en que ligaba hasta al propio Perón por haber echado a los montoneros de la Plaza de Mayo.

Cuando ella asumió su primera presidencia no lo quiso sumar a Lavagna ni como asesor.

Y empezó a probar con esa larga serie de ministros de Economía, en su mayoría jóvenes y apuestos, no manchados de pejotismo, un listado que incluyó desde Martín Lousteau hasta Axel Kicillof.

Es decir, gente cool y hasta con antecedentes marxistas, a las que nunca vimos ni veremos con sandalias y medias tres cuartos. Y a los que no recordaremos por sus gestiones.

Malditas croc

Cuando al comienzo de esta columna hablábamos de que Lavagna no tiene prontuario, a pesar de haber participado de un gobierno con bolsones de corrupción, no estábamos haciendo un balance de su gestión como ministro, sino dando un dato de lo que creemos que en octubre tendrá mucho peso a la hora de votar presidente.

Sospechamos que el votante ya no estigmatizará a un candidato por su forma de vestir sino por sus antecedentes de gestionador y por su honestidad.

¿Hubiera sido presidente de Uruguay José Mujica de haber privilegiado los votantes su desapego por la elegancia? ¿Hubieran los alemanes votado reiteradamente a Angela Merkel por su vestir? ¿Estaría en carrera para la reelección Mauricio Macri si fuera por las espantosas croc con las que se pavoneó en La Angostura durante sus vacaciones?

Y concluyo: pese a todo este espiche, le digo una verdad de hierro: las medias tres cuartos gruesas con sandalias de Lavagna son a la vista de cualquier mortal una patada en el traste.