Mosaico de crisis y gloria

¿Es posible recordar todo lo que nos pasó en este cuarto de siglo?

Violencia, corrupción y episodios que nadie creería en otro lugar. Pero también humanidad, alegrías y gloria. Ya a las puertas de lo nuevo, recordamos un poco

No está muy dicho, pero acaba de irse el primer cuarto de siglo. Los 25 años iniciales del XXI. Y, Dios mío, en Argentina pasó de todo: fuimos campeones del mundo, metimos un papa en el Vaticano; 5 presidentes en una semana; parimos a otra estrella que volvió a hacer hervir al mundo con su fútbol; ganamos el Oscar con un film inolvidable. Tuvimos que dejar ir a Spinetta y a Maradona.

Y vimos nacer, y tal vez apagarse, al movimiento más relevante de este tiempo: el kirchnerismo.

Explotaron la pobreza, la desocupación y la inflación -aunque a esta por momentos la untamos bajo la alfombra-. También el riesgo país, que a principios de esta historia se medía con un contador en vivo en televisión -y creo que ese contador ayudó a eyectar a un presidente-.

Papa Francisco
El papa Francisco dejó su marca en el Vaticano.

El papa Francisco dejó su marca en el Vaticano.

Pareció que vamos a una guerra civil por un impuesto a la soja. Suena increíble, pero que así fue. Hubo cortes de rutas. Cacerolazos. Piquetes. Oleadas de fuego en las calles. Manifestaciones también. Muchas y por distintos motivos. Y fueron años violentos: hasta asesinaron gente en movilizaciones (Kosteki, Santillán, Carlos Fuentealba, Mariano Ferreyra). También murió un fiscal de un tiro en la cabeza en su baño.

Hay más: los primeros años del siglo se signaron por secuestros descarnados. Uno de ellos fue el imborrable caso de Axel Blumberg, a quien sus captores asesinaron, arrojando su cuerpo en una zona de Moreno, en 2004. Fue el mismo año en que se dio el primer tiroteo masivo en una escuela argentina. Parecía un drama que sólo aterraría a los yanquis, pero un chico en Carmen de Patagones se paró ante sus compañeros de aula a la altura del pizarrón y, alzando la Browning de su padre a las 7.35, mató a tres. Fue como si se rompiera una inocencia colectiva. Algo que creíamos que aquí jamás iba a pasar. El asesino, “Junior”, hoy vive en un neuropsiquiátrico.

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194 muertos tuvo la masacre de Cromañón. Uno de los hechos más conmocionantes de la historia argentina.

194 muertos tuvo la masacre de Cromañón. Uno de los hechos más conmocionantes de la historia argentina.

¿Policiales emblemáticos? Muchísimos

María Marta García Belsunce y Nora Dalmasso quizá los más relevantes. Similares ambos y ambos de repercusión judicial incluso hasta nuestros días.

También hubo desapariciones inconcebibles: María Cash, Marita Verón, Loan Peña, entre tantas decenas de miles de argentinos vueltos humo, vueltos fantasmas, ante investigaciones que a veces fueron aceptables y otras veces, sencillamente bochornosas.

Tal vez Jorge Julio López merecería un párrafo especial: tras declarar en juicio contra el represor Miguel Echecolatz -fue el testigo esencial para su sentencia, de hecho- nadie volvió a verlo jamás. Su familia se despertó un lunes de 2006, sólo para enterarse de que López había desaparecido. Esta vez para siempre.

También hubo desvanecimientos extraños. La memoria atrae el caso de la familia Pomar, emblemático y ultranoticioso. Parecía que, sencillamente, se los había tragado una misteriosa bruma de carretera, en la Ruta 31 y rumbo a Pergamino, donde había una propuesta de trabajo para un padre desempleado. Afloraron durante 24 días las mas más morbosas y trasnochadas conjeturas.

Trágica, pero mucho más racionalmente, los Pomar solo habían tenido un accidente. O dos, en realidad: el primero fue en una curva y el segundo que los buscara una parva inepta y corrupta, que falseó la información de los rastrillajes. Fueron condenados a penas menores. La prensa archivó rápido sus teorías que incluían ovnis y vínculos con el Cártel de Sinaloa.

No cerremos lo policial sin mencionar el Robo del Siglo: el golpe al Banco Río de Acassuso, en enero de 2006. Cinematográfico. Estético. Casi perfecto.

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El Duna Weekend de los Pomar. Creen que si hubieran buscado bien, la madre de la familia se hubiera salvado. Pero la descabellada hipótesis oficial los alejó de encontrarlos.

El Duna Weekend de los Pomar. Creen que si hubieran buscado bien, la madre de la familia se hubiera salvado. Pero la descabellada hipótesis oficial los alejó de encontrarlos.

Íconos de la tensión argentina

La política también fue violenta. Quisieron asesinar a Cristina Kirchner y la condena contra el principal perpetrador, Sabag Montiel, fue hace un puñado de días.

También hubo sesiones del Congreso que terminaron con batallas cuerpo a cuerpo en las calles exteriores. Como a pesar de dramático, a veces todo es medio kitsch, nos suena inolvidable el personaje del “Gordo Mortero”, por ejemplo. El Gordo Mortero era un militante de izquierda que resistía la reforma previsional de Mauricio Macri con su singular armamento, en 2017. Hoy dice que no se arrepiente y que fue perseguido por los distintos gobiernos posteriores.

Lo que fue solo trágico y dramático, y es el emblema de las revueltas con final violento en esta etapa, son los sucesos de diciembre 2001, por supuesto. Demasiado recordados y deshilvanados a lo largo de estos años como para detenernos largamente ahí. Es claro que al siglo lo signó aquel estallido. Con 39 muertos, tras el hartazgo por el corralito y la macrocrisis institucional en el gobierno de Fernando de La Rúa, pero con infernales coletazos económicos que había dejado la década anterior.

Igual, la violencia no fue la marca de la política argentina en esta era. No sería justo con otros países donde ese aspecto fue infinitamente mayor. En cambio, la improvisación, la bizarreada, el robo y la impunidad, sí parecen ser más icónicos de este periplo.

También la ineficacia, desde luego: porque la política no logró expandir -tanto como declamó, al menos- el bienestar total de la ciudadanía. La pobreza estructural aumentó, los desbarajustes económicos -alternando buenas y malas- también. Y aún hoy, la única red que sostiene a millones de argentinos es sólo el salvataje que les dé el Estado. No es su culpa. No en todos los casos.

jose lopez
Los bolsos de José López en la puerta de un convento, una imagen que quedó grabada en las retinas de millones de argentinos.

Los bolsos de José López en la puerta de un convento, una imagen que quedó grabada en las retinas de millones de argentinos.

Ah... Imágenes quedan muchas en estos 25 años. Si hablamos de corrupción, ni hablar. Quizás la de José López, esa fría madrugada de 2016 en la que una cámara silenciosa lo grababa metiendo bolsos con millones de dólares en un convento, sea la gran winner. El video muestra a una monjita saliendo con los hábitos puestos para ingresar todo esa plata al recinto, como si se tratara de la cosa más normal del mundo.

Por si fuera poco, al lado de los obesos sacos con dinero, López había estacionado su carabina semiatomática Sig Sauer, de origen suizo. Él y la monja se tomaron a pecho aquello de la "corrupción espectáculo". Alimentaron noticieros durante meses.

También son emblemáticas la megacausa Cuadernos -cuyo juicio arrancó recién ahora-, el dinero encontrado en el despacho de Felisa Miceli, el vicepresidente Boudou y la fábrica de billetes que lo llevó a la cárcel -con condena en tres instancias-.

Y Cristina Kirchner misma, condenada por la también emblemática Causa Vialidad, que la tiene presa en su departamento, donde baila.

También Carlos Menem fue preso en este siglo que se va: 167 días desde junio de 2001 por el caso del contrabando de armas.

Las fotos que quedarán en la memoria

La política dejó más fotos. Muchas de ellas son todavía memorables. Aquella reunión en Mar Del Plata, 2005, en la que se le dijo que no al tratado de libre comercio que quería Estados Unidos es una de las más grandes. Muchos se acuerdan: el ALCA. Néstor Kirchner dio un discurso un poco discreto pero aún así incendiario. "ALCA, ALCA… Al carajo", sentenciaría luego Hugo Chávez en una contracumbre que se hizo. Entre los que aplaudían y cantaban estaba Maradona.

Hablando de conflictos con el afuera, también la tensión por la instalación de pasteras en el río Uruguay fue sonora en estas épocas: el caso Skanska. Tuvo en su derrotero, como tienen tantas cosas en la Argentina, tintes encantadoramente sudamericanos: una modelo de 26 años llamada Evangelina Carrozzo se coló en una cumbre de América Latina y Europa que se hacía en Viena para hacer una protesta ecológica. Para darle más marketing, lo hizo semidesnuda. Y lo logró, porque todavía me acuerdo.

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No a las papeleras. Hay varias sonrisas pícaras, pero gana la de Rodríguez Zapatero, a la derecha.

No a las papeleras. Hay varias sonrisas pícaras, pero gana la de Rodríguez Zapatero, a la derecha.

La política no fue solo improvisación, bizarreada y robo

El juicio a los criminales de lesa humanidad, que acá en Mendoza tuvimos muchos y emblemáticos, también fue determinante. Hubo valientes testigos, valientes fiscales y valientes jueces. El Matrimonio Igualitario. La ley del aborto, que dividió al país: primero cuando fracasó en 2018 y luego cuando se aprobó: en diciembre de 2020.

Los debates presidenciales (institucionalizados por ley) también son de este cuarto de siglo. Los tuvimos en 2015, 2019 y 2023. “En qué te han convertido, Daniel, parecés un panelista de 6-7-8”, sacudió Macri a Scioli en el primero o segundo de ellos. La frase quedó: tenía gracia y nutriría los virales embrionarios de una década atrás.

Hablando de 6-7-8, otro invento de esta época fueron los periodistas-soldado de una causa predeterminada. Hoy son moneda corriente, pero antes no lo eran tanto. Y los hay para el bando que uno quiera. Algunos lo hacen de forma muy burda y hasta pretendidamente orgullosa. Otros creen que son discretos.

Y ya que estamos acá, deberíamos dar mención especial a los internautas: el siglo empezó con blogs de periodistas y gente pensante que arremetía con textos rabiosos; muchas veces muy buenos. De aquella primera década a hoy, el rubro viró: tenemos granjas de trolls. Estos están vacíos de alma e intelecto, pero pipones de venganza y amargura.

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Rodríguez Larreta, Alberto Fernández y Axel Kicillof. Conferencias de prensa en los primeros días de la pandemia.

Rodríguez Larreta, Alberto Fernández y Axel Kicillof. Conferencias de prensa en los primeros días de la pandemia.

Y respecto a medios, imposible no nombrarlo: tuvimos una guerra. Clarín contra el gobierno de los Kirchner y viceversa. Esta guerra incluyó de todo: legislación para demarcar cuántas señales podía poseer cada privado; acusaciones de apropiación de hijos en la dictadura (con pruebas de ADN que se seguían por televisión) y hasta una batalla por los derechos del fútbol, que se terminaron pagando con dinero público.

Todo puede condensarse en una frase que encerró a toda aquella selva que duró años: “¿Qué te pasa, Clarín … estás nervioso?”.

Muertes

Nerviosos nos pusieron las interminables muertes. No hubo nada más asesino que la pandemia de Covid-19: murieron 130.000 argentinos en dos años y medio y nos cambió la vida, quizás, para siempre. Pero también tuvimos las 194 muertes evitables de República de Cromañón. O los -aún más evitables- 87 fallecidos que se le adjudican al fentanilo adulterado.

Y hubo muertes únicas. Muertes de mitos: Luis Alberto Spinetta y Diego Maradona (ya nombrados más arriba); Gustavo Cerati, con su triste agonía; el mendocino Quino, Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner; que guste o no a muchos, fue un ídolo de multitudes y el presidente de un momento de profundo cambio. Seguramente estamos dejando afuera a varios importantes.

No me quiero extender más. Hay que disfrutar del primer domingo del año. Solo quisiera dedicar dos líneas al deporte, porque en un balance argentino, no puede quedar afuera. A estos 25 años los marcaron los éxitos de Las Leonas, las generaciones doradas del básquet y del rugby -con dos terceros puestos en Mundiales-; la Copa Davis ganada en 2016; la final plenamente argentina en Roland Garros Coria y Gaudio y algunas cosas más.

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Argentina y Messi, campeones del mundo, de América y primeros en eliminatorias.

Argentina y Messi, campeones del mundo, de América y primeros en eliminatorias.

En fútbol, agregaría el fugaz Mundial de Japón, emblemático por ser un fracaso que nadie imaginó; el descenso de River, la final en Madrid y el nacimiento de una de las selecciones más poderosas de la historia, con un nombre que no hace gala de su ferocidad: La Scaloneta.

Hay mucho más que queda afuera de estos 25 años, por supuesto. Sería imposible invocarlo todo y no creo que sea ni tu intención ni la nuestra. Sólo se hacía necesario juntar algunas piecitas de la historia, algunas piedritas. Como para que se nos despertaran los recuerdos.

Se terminaron los 25 años que nos metieron en el siglo XXI. Ahí van. A juzgar por cómo lo arrancamos, debemos admitir que hoy no estamos tan mal. Y así seguiremos, seguramente, peleándola con nuestro desparpajo inquebrantable. Luchándole a los de afuera y a los de adentro -y a veces, a nosotros mismos-.

Pero con esa incandescente e irracional fe que nos dice siempre que estamos por ganar.

Porque eso también nos define: queremos ganar y sentimos que ya viene. Que ahora nos toca. Entonces hacemos todo por que se dé.

Y eso suma mucho. Fijate que fuimos a la final del mundo y de la nada nos clavaron tres goles.

Salimos campeones igual.